Hijos míos (sacerdotes), despierten antes de que sea demasiado tarde. Basta ya de tibieza. Sean santos, no mediocres, no divididos, no complacientes

Hijos míos (sacerdotes) despierten mientras haya tiempo. El enemigo ha avanzado y ha encontrado puertas abiertas. Ha entrado por el descuido, por la falta de oración y por la pérdida del fervor. Y hoy muchos altares están fríos, muchas almas están siendo abandonadas; muchas verdades están siendo silenciadas. Hijos míos, el Cielo llora

13 de mayo de 2026 – Mensaje de María Rosa Mística a Eduardo Ferreira, São José dos Pinhais, Paraná, Brasil

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(Lectura: 2 min.)

María Rosa Mística: «Querido hijo (Eduardo), paz. Escucha con atención y escribe lo que te digo. Hoy deseo confiarte un mensaje más destinado a mis hijos predilectos, los sacerdotes. Tú deberás transmitirlo con fidelidad, amor y obediencia, para que llegue a los corazones de aquellos que han sido llamados a servir en el altar de mi Hijo.

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Escribe, hijo mío, todo lo que te revelaré.

Dile a mis hijos predilectos (los sacerdotes) que regresen con fervor al primer amor de su vocación, que guarden con reverencia los santos misterios y que celebren con pureza y amor el Sacrificio del altar, pues grande es la responsabilidad de aquellos que han sido elegidos para tocar el Cuerpo de mi Divino Hijo.

Queridos hijos predilectos (los sacerdotes), escúchenme antes de que sea tarde. Hijos míos consagrados, hijos predilectos de mi Inmaculado Corazón. Yo soy la Rosa Mística, Reina de la Paz. Les hablo con dolor, pero también con urgencia.

Este es un momento decisivo. La Iglesia de mi Hijo atraviesa una de las horas más dolorosas y muchos de ustedes aún no han comprendido la gravedad de este momento.

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Hijos míos (sacerdotes) despierten mientras haya tiempo. El enemigo ha avanzado y ha encontrado puertas abiertas. Ha entrado por el descuido, por la falta de oración y por la pérdida del fervor. Y hoy muchos altares están fríos, muchas almas están siendo abandonadas; muchas verdades están siendo silenciadas. Hijos míos, el Cielo llora.

Mis hijos predilectos (los sacerdotes):

  • Ustedes fueron elegidos para ser luz, pero cuántos ya no iluminan.
  • Fueron llamados para guardar la verdad, pero cuántos ya la ocultan.
  • Hijos míos predilectos (los sacerdotes), fueron consagrados para guiar a las almas, pero cuántos ya no saben más adónde conducen. Esto hiere profundamente el Corazón de mi Hijo Jesús.

Escúchenme, hijos míos predilectos (los sacerdotes):

  • Ya no hay tiempo para la tibieza.
  • Ya no hay tiempo para dividir el corazón entre Dios y el mundo.
  • Ya no hay tiempo para una fe superficial.

Dios les pide todo. O son totalmente de Él o se perderán en el camino.

Hijos predilectos (los sacerdotes), mi Hijo Jesús en la Eucaristía está siendo herido y profanado por la indiferencia, recibido sin fe y celebrado sin amor. Y ustedes, que deberían ser los guardianes de este sagrado misterio, muchas veces se han acostumbrado.

El Cielo no se acostumbra. Los ángeles tiemblan ante el altar y muchos de ustedes ya no tiemblan. Esto es grave, hijos míos (sacerdotes), muy grave. Si no se convierten profundamente, verán las consecuencias.

  • Iglesias vacías.
  • Almas perdidas y corazones endurecidos.
  • Y muchos de ustedes (sacerdotes) llorarán cuando ya sea demasiado tarde.

Pero aún les digo:

  • Aún hay tiempo. ¡Vuelvan!
  • Vuelvan al silencio.
  • Vuelvan a la verdadera oración.
  • Vuelvan a la adoración profunda.
  • Vuelvan al amor por la verdad.
  • Purifiquen sus intenciones.
  • Purifiquen sus corazones.
  • Purifiquen su vida.
  • Sean sacerdotes santos. No mediocres, no divididos, no acomodados; sino santos. Porque el tiempo en que viven exige santidad.

Hijos predilectos (los sacerdotes), llegará un tiempo en que serán puestos a prueba. Serán presionados a ceder, a callar, a traicionar la verdad.

Pero Yo, como Madre, les digo:

  • Permanezcan firmes.
  • Aunque sean pocos.
  • Aunque sean rechazados.
  • Aunque sean perseguidos.
  • Permanezcan fieles.

Porque aquellos que permanezcan con Mi Hijo hasta el final, verán la victoria de Dios.

Yo estoy con ustedes. Pero no puedo caminar por ustedes, necesito su «sí».

Mis hijos predilectos (los sacerdotes), elijan hoy:

  • La fidelidad o la perdición.
  • La luz o la oscuridad.
  • A Dios o al mundo.

No lo pospongan más. Yo les llamo. Regresen al Corazón de mi Hijo Jesús mientras aún hay tiempo. Con amor les bendigo».

 

Fuente: https://www.facebook.com/missionariodenossasenhora