Mensaje de la Reina del Rosario a Gisella, Italia

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11 de agosto de 2026 – La Reina del Rosario:
«Hijos Míos, gracias por estar unidos en la oración y por haber escuchado Mi llamado en sus corazones.
Hijos Míos, observen los pecados del mundo: la humanidad se ha labrado el camino hacia su propia destrucción.
Les pido: ¡regresen a Su Creador!
Cada “Ave María” debe brotar del corazón y no solo de la boca.

Hijos Míos, recuerden que el Castigo sirve para su redención.
Oren mucho, hijos Míos, por [la Tierra del Águila], que sufrirá una grave pérdida, por Filipinas y por Italia.
Recuerden, hijos, que las almas víctimas son aquellas que, con sus sufrimientos, mitigan los castigos por los horrores que ocurren en el mundo.
Ahora los dejo con Mi Bendición Materna, en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo».
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Comentario de Gisella al mensaje:
«No debemos olvidar algo fundamental: Dios es justo, bueno y misericordioso, y desearía colmarnos de gracias, pero somos siempre nosotros quienes las rechazamos con nuestra forma de vida pecaminosa e hipócrita, que será la causa misma de la destrucción de la humanidad. Incluso la oración, con frecuencia, se convierte en una cantinela; por eso la Virgen nos pide que oremos con el corazón, que le dirijamos esos “Ave María” con amor, con los mismos sentimientos que un hijo tiene hacia su propia madre. Aprovechemos una vez más este tiempo de gracia para convertirnos, para volver a Dios, y demos gracias a Él, porque si su justicia aún no se ha abatido sobre el mundo es gracias a aquellas personas que han ofrecido su vida en reparación por los pecados ajenos».
Fuente: https://www.lareginadelrosario.com/




Dios Padre: «



“Si supierais cómo resplandecéis después de acercaros debidamente al Sacramento de la Confesión. (Jesús) está en el Confesionario y escucha cada palabra, ve en cada rincón de vuestro corazón y está deseoso de otorgar las gracias inherentes a Su Perdón.
“¡Os pido Mis hijos predilectos que paréis esta abominación! ¡No más ministros extraordinarios de la Eucaristía! ¡No más comuniones distribuidas por laicos, ni más comuniones en la mano!”




"Me coloco en la presencia de la Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo) y por el poder de la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, rompo, desbarato, pisoteo, aniquilo e invalido y cancelo de mi ser físico, síquico, biológico y espiritual, toda maldición que haya sido puesta sobre mí, sobre mi familia y árbol genealógico, por cualquier persona, familiar o antepasado por medio del ocultismo o espiritismo. Por el poder de la Sangre Preciosa de Nuestro Señor Jesucristo y por la intercesión de la Santísima Virgen María, San Miguel, San Gabriel, y San Rafael, rompo e invalido toda maldición, cualquiera que sea su naturaleza en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén (Repetir 3 veces la oración)"
"Oh Jesús de la Divina Misericordia, escucha mis súplicas hacia Ti, pues estoy aquí para hacer tu voluntad."
"Oh Glorioso Patriarca San José, Padre adoptivo de Jesús y Esposo Humilde y Casto de María; poderoso intercesor de las almas y guardián Fiel de la Iglesia; acudimos a vos, amado Padre, para que te dignes ampáranos y socorrednos en la lucha espiritual contra los enemigos de nuestra alma. Ven en nuestro auxilio y por tu humildad y pureza, líbranos de todo mal. San José terror de los demonios, venid en mi auxilio (3 veces)."
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha; sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los demás espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén"
Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el Cielo. Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo. Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo; tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta los duelos. Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos. Mira el vacío del hombre si Tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento. Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma al espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero. Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos. Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.
"Oh, Corazones de Jesús y de María; me consagro, consagro mi familia y al mundo entero, a vuestros Amantísimos Corazones. Atended a la súplica que os hago y aceptad nuestros corazones en los Vuestros, para que seamos librados y protegidos nosotros y el mundo entero de toda maldad y de todo pecado. Que la protección de vuestros Dos Corazones, sean refugio, fortaleza y amparo, en las luchas espirituales de cada día. Que el poder de vuestros Dos Corazones, irradie al mundo para que sea protegido de la maldad y el pecado. Nos consagramos voluntariamente y consagramos a la humanidad entera avuestros Corazones; seguros y confiados por vuestra Gran Misericordia, de obtener la victoria sobre las fuerzas del mal en este mundo, y la Gloria Eterna en el Reino de Dios. Amén."