(16 de julio de 2026) – Mensaje del Cielo a la hermana Beghe, Francia
16 de julio – Fiesta de Nuestra Señora del Monte Carmelo

(Lectura: 3 min.)
«Mis muy queridos hijos,
Pertenézcanme como Yo les pertenezco. Ámenme como Yo los amo; acérquense a Mí como Yo los espero en cada una de nuestras citas; siempre estoy listo para recibirlos cuando vienen a la iglesia; allí los espero y ustedes acuden, felices de cumplir con sus obligaciones para conmigo.
Cuando Mi Madre se dirigía al Templo a orar, lo hacía con el entusiasmo de una esposa que se reunía allí con su Esposo, de una niña que se regocijaba al reencontrarse con su Padre, para compartir con Él recuerdos felices, afecto recíproco y encontrar junto a Él una protección muy reconfortante.

Porque así es la paternidad: la protección, el consuelo, la comprensión y la preocupación por el bien y el desarrollo de su hijo.
El Espíritu Santo es el Esposo que venera a Su Esposa, que vela por su seguridad, pero que espera de ella la reciprocidad: el intercambio, la comprensión mutua y la elevación recíproca, en la que cada uno hace el bien al otro, se respeta, se comprende y se apoya, ambos orientados hacia Dios y Su Voluntad.
Mi Madre se comportaba así tanto con el Espíritu Santo como con José, y ambos la veneraban y respetaban como corresponde entre cónyuges.

María estaba totalmente orientada hacia el cumplimiento de la Divina Voluntad, cualquiera que fuera esta, y según las Escrituras que ella conocía bien, sabía que el Mesías sería el hombre de dolores y ni por un instante se le había ocurrido rechazar esa misión para su Amado Hijo, pues ella ya era, intrínsecamente y espiritualmente, la Madre de los hombres, así como Eva era, en sentido concreto, la madre de la humanidad.
Mi Madre era vivaz, comprensiva, pero no impulsiva; amaba sinceramente a las personas que se le acercaban, y ese afecto sincero de una verdadera amiga era contagioso. Todas las personas que la conocían podían pensar sin reservas que era su amiga sincera y muy preciada.
Mi Madre me amaba con ternura; era severa, sí, porque todo tenía su razón de ser, pero lo era más consigo misma que con los demás.

Era deliciosamente dulce y tierna, pero nunca de manera excesiva ni fuera de lugar. Era perfecta, sin defectos, y todas sus cualidades eran admirables y admiradas.
José, Mi padre terrenal, la amaba con admiración; se preocupaba por Ella, pero con tranquilidad, pues Ella estaba contenta con todo, no se quejaba de nada y parecía que las incomodidades no significaban nada para Ella.

A menudo hacíamos penitencia, pues no éramos ricos, y cuando se nos imponía un tiempo de penitencia, dábamos gracias a Dios por Su bondad y Su solicitud hacia nosotros.
Mi Madre tenía una vida interior profunda; meditaba las Escrituras poniendo en ello toda Su fe; las Escrituras eran Mi ley, Me anunciaban y en ellas reconocía la mano de Dios, Su Padre, Su Hijo y Su Esposo.
Cuando comencé Mi vida pública —puesto que Mi padre José ya no estaba en este mundo—, Ella decidió seguirme junto con otras mujeres que se unieron a Ella, y fue una testigo de primer orden para Mis Apóstoles cuando los dejé después de Mi Ascensión.
Veneren a Mi Madre, sí, veneren a Mi Madre, que es Inmaculada, que nunca cometió ni un solo pecado, que Me amó perfectamente y que fue en la tierra la alegría de Mi Santísimo Corazón.
Se la he dado como Madre en Mi sufrimiento de crucificado porque, conociendo Su preocupación maternal hacia todos aquellos que se acercaban a Ella, sabía divinamente que estaría feliz, sí, feliz de tenerlos a todos ustedes como hijos. Y ahora, desde lo alto del Cielo, Ella está con ustedes como lo estaba conmigo: presente, consoladora, conciliadora, servicial y perfectamente maternal.
La maternidad es una cualidad especial que les he otorgado a las mujeres que desean hacerse dignas de ella, y aquellas que hoy la desprecian no son dignas de Mí.

Cuando Dios confía una tarea, una responsabilidad a una de Sus criaturas, si ella se la niega, es como el siervo deshonesto que le roba a su Señor lo que Él tiene derecho a recibir: hijos que poblarán Su Cielo y para quienes Él ha creado tanto el universo material como el espiritual.
Hijos Míos, todas las mujeres son colaboradoras en Mi obra de creación y deseo que sigan el ejemplo de Mi Madre: castas y generosas, dispuestas a entregar a Dios lo que Él desea de ellas, sin reservas y respetando Mis Mandamientos.
Las mujeres que reciben en su interior la gracia de la vida y se oponen a ella por medios contrarios a la Voluntad de Dios, cometen un acto grave de desobediencia y crueldad.
Todo ser concebido merece vivir porque Dios le ha dado la vida; toda obstrucción a la Voluntad Divina es un pecado grave cuando se trata de una materia grave, y la vida no es una opción, es un don de Dios a la madre y al padre, y quien la rechaza se pone en oposición a Dios: su culpa lo perseguirá como la culpa de Caín lo persiguió hasta la tumba.
Hijos Míos, no tengan miedo de dar vida, no la frenen, y eduquen a sus hijos en la fe y la obediencia a la Ley Divina.

Así serán a imagen de Mi Madre María, quien lo aceptó todo de Mí porque Yo soy Dios, el Bienhechor de Mis criaturas.
Les bendigo y los atraigo hacia Mí por todos sus actos de dependencia hacia Mi Divina Providencia.
En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (+). Así sea.
Su Señor y Su Dios».
Fuente: https://srbeghe.blog/




Dios Padre: «



“Si supierais cómo resplandecéis después de acercaros debidamente al Sacramento de la Confesión. (Jesús) está en el Confesionario y escucha cada palabra, ve en cada rincón de vuestro corazón y está deseoso de otorgar las gracias inherentes a Su Perdón.
“¡Os pido Mis hijos predilectos que paréis esta abominación! ¡No más ministros extraordinarios de la Eucaristía! ¡No más comuniones distribuidas por laicos, ni más comuniones en la mano!”




"Me coloco en la presencia de la Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo) y por el poder de la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, rompo, desbarato, pisoteo, aniquilo e invalido y cancelo de mi ser físico, síquico, biológico y espiritual, toda maldición que haya sido puesta sobre mí, sobre mi familia y árbol genealógico, por cualquier persona, familiar o antepasado por medio del ocultismo o espiritismo. Por el poder de la Sangre Preciosa de Nuestro Señor Jesucristo y por la intercesión de la Santísima Virgen María, San Miguel, San Gabriel, y San Rafael, rompo e invalido toda maldición, cualquiera que sea su naturaleza en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén (Repetir 3 veces la oración)"
"Oh Jesús de la Divina Misericordia, escucha mis súplicas hacia Ti, pues estoy aquí para hacer tu voluntad."
"Oh Glorioso Patriarca San José, Padre adoptivo de Jesús y Esposo Humilde y Casto de María; poderoso intercesor de las almas y guardián Fiel de la Iglesia; acudimos a vos, amado Padre, para que te dignes ampáranos y socorrednos en la lucha espiritual contra los enemigos de nuestra alma. Ven en nuestro auxilio y por tu humildad y pureza, líbranos de todo mal. San José terror de los demonios, venid en mi auxilio (3 veces)."
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha; sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los demás espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén"
Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el Cielo. Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo. Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo; tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta los duelos. Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos. Mira el vacío del hombre si Tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento. Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma al espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero. Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos. Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.
"Oh, Corazones de Jesús y de María; me consagro, consagro mi familia y al mundo entero, a vuestros Amantísimos Corazones. Atended a la súplica que os hago y aceptad nuestros corazones en los Vuestros, para que seamos librados y protegidos nosotros y el mundo entero de toda maldad y de todo pecado. Que la protección de vuestros Dos Corazones, sean refugio, fortaleza y amparo, en las luchas espirituales de cada día. Que el poder de vuestros Dos Corazones, irradie al mundo para que sea protegido de la maldad y el pecado. Nos consagramos voluntariamente y consagramos a la humanidad entera avuestros Corazones; seguros y confiados por vuestra Gran Misericordia, de obtener la victoria sobre las fuerzas del mal en este mundo, y la Gloria Eterna en el Reino de Dios. Amén."