Oren al Espíritu Santo para obtener el don de la inteligencia y comprender el curso actual del mundo en todos sus misterios

Levántense, Mis muy queridos Hijos, no guarden más silencio ante la pérdida de los valores cristianos, la inmoralidad, la perversión y la apostasía de los pueblos

(6 de julio de 2026)Mensaje del Cielo a la hermana Beghe, Francia

Volto Santo di Nostro Signore Gesù Cristo

(Lectura: 3 min.)

«Mis muy queridos hijos,

Ustedes son Míos y quiero decirles, reiterarles y volver a decirles Mi gran Amor por ustedes. ¿Qué es este Amor por ustedes? Es un Amor Divino, pues el Espíritu Santo, Dios, Cuerpo, Alma y Puro Espíritu Divino, es el Amor que las Personas Divinas se tienen unas a otras.

El Espíritu Santo es vivificador, santificador; es la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, pero es la Persona menos conocida. Dios Padre es nuestro Padre, el Mío, el suyo; Yo soy Jesucristo, el Verbo de Dios que se encarnó de la Santísima Virgen María y se hizo hombre, y así ustedes han conocido a su Dios Todopoderoso e Infinito.

El Espíritu Santo, por su parte, se les ha manifestado en forma de paloma o de lenguas de fuego, pero sigue siendo la Persona menos conocida de las Tres Personas divinas, a pesar de que es igual en majestad y poder a las otras dos Personas divinas.

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Ustedes le rezan, lo invocan; Él les otorga Sus gracias particulares, Sus siete dones: el temor de Dios, la piedad, la ciencia, la fortaleza, el consejo, la inteligencia y la sabiduría, mediante los cuales pueden conocer a Dios en Su perfección.

Ustedes le rezan, se lo imaginan como una paloma que vuela de aquí para allá, inasible y, sin embargo, siempre accesible a través de la oración y de sus siete dones. El Espíritu Santo da vida, es vivificante, es santificador, conduce a las almas a la plena revelación de Dios, abre la mente a la comprensión de las cosas sobrenaturales, conduce a Dios, es el Siempre Presente, el Siempre Amoroso, pues Su cualidad particular es el Amor.

Ámenlo a Su vez por Su presencia continua a su lado: Dios amoroso, Dios vivificante, Dios fortalecedor, Dios consolador.

A la Santísima Virgen María se la considera la Esposa virginal del Espíritu Santo, y verdaderamente lo es, así como es la hija amada del Padre y la Madre Inmaculada del Hijo. Ser la esposa del Espíritu Santo implica una cercanía íntima, personal y única, y esa fue su relación especial con el Espíritu Santo, con Dios.

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Amen, pues, al Espíritu Santo con tanto amor como lo amó su Madre María.

Él está tan cerca de ustedes, alimenta su vida día a día; si están cerca de Él, Él alimentará sus pensamientos cada día, trazará su camino ante ustedes, los guiará tal como guió e iluminó a los hebreos en su huida organizada de Egipto. Fue Él quien partió el Mar Rojo para permitirles pasar y quien cerró las aguas tras ellos sobre el ejército del Faraón.

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Él es la Fuerza, y si los mártires asumieron con tanto valor y tanta paciencia los tormentos que padecieron, fue por la gracia y la presencia del Espíritu Santo junto a ellos.

Dios había decidido poner fin a la esclavitud de los hebreos en Egipto y también decidirá, en Su hora, poner fin a la esclavitud del mundo bajo el dominio del demonio.

Oren a Dios Padre, oren a Dios Hijo y oren a Dios Espíritu Santo para que llegue esa hora y para que, por fin, sean liberados de la repugnante esclavitud que corrompe el mundo actual.

El mundo está infestado en todos sus poros: desde la conducta de los pueblos hasta los frutos de la tierra. El demonio se regocija con esta infestación que infunde en todos los corazones, en todos los lugares, en todas las actividades. Fomenta el mal y proscribe el bien; esa es su marca, su sello, su impronta.

Hijos Míos, oren al Espíritu Santo para obtener el don de la inteligencia y comprender el curso actual del mundo en todos sus misterios: físicos, concretos, morales y espirituales.

El retorno a una naturaleza bien concebida surge lentamente para hacer frente a la industrialización de los productos agrícolas, y el hombre también debe levantarse para volver a Dios, en lugar de dejarse arrastrar por los infames demonios que corrompen las relaciones de los hombres depravados e inmorales.

Levántense, Mis muy queridos Hijos, no guarden más silencio ante la pérdida de los valores cristianos, la inmoralidad, la perversión y la apostasía de los pueblos.

Dios existe, las Tres Personas divinas existen; están junto a ustedes si les rezan, si las invocan, si las incluyen en su vida cotidiana, en sus alegrías, en sus dificultades, en sus inquietudes: Ellas les ayudarán a mantenerse en pie frente a los embates del viento, de la impureza y de la plaga.

Dios, el Espíritu Santo, acude ante la más mínima oración:

“¡Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de Tus fieles y enciende en ellos el fuego de Tu amor! Envía Tu Espíritu, Señor, y se hará una nueva creación, y renovarás la faz de la tierra.”

Esta es la oración al Espíritu Santo que la Santa Iglesia les propone. Recítenla a menudo, muy a menudo, y Dios, que los escucha, los oye y desea atender sus peticiones.

Que la paz esté con ustedes, en ustedes y a su alrededor.

Les bendigo en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (+). Así sea.

Su Señor y su Dios».

 

Fuente: https://srbeghe.blog/