Extractos de los mensajes de la Santísima Virgen María, Nuestro Señor Jesucristo, a Anna Marie, apóstol del Escapulario Verde
Viernes, 12 de junio de 2026 – Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús

(Lectura: 2 min.)
Anna Marie: «Señor mío, oigo que me llamas. Mi amadísimo Señor, ¿eres el Padre, el Hijo o el Espíritu Santo?»
Jesús: «Mi amada, soy yo, Tu Divino Salvador, Jesús del Sagrado Corazón».
Anna Marie: «Por favor, hable, mi Santo Señor, Jesucristo, pues tu sierva pecadora te escucha ahora».
Jesús: «Mi amada, te he llamado esta mañana para agradecerte a ti y a todos Mis Apóstoles que se han dedicado a rezar las oraciones este mes en honor a Mi Sagrado Corazón, especialmente la Letanía y las oraciones de Reparación.
Estas oraciones han consolado gloriosamente Mi Corazón quebrantado por aquellos que no Me aman y han blasfemado contra Mi Amor por ellos.
Es muy doloroso para Mí haber sufrido tanto por cada uno de ellos y que me paguen con odio y desdén. Es comparable a una madre que da a luz a su hijo, pero su hijo le hace saber cuánto la odia y se aleja completamente de ella.
Si tan solo supieran cuántos han rechazado Mi Amor por ellos, comprenderían el gran sufrimiento que Yo, su Salvador, padezco por su rechazo.
Con el tiempo, comprenderán cuánto se equivocaron al elegir y que en todo momento Yo estuve dispuesto a acogerlos en Mi Sagrado Corazón de los Males, pero puede que sea demasiado tarde para muchos.
Entonces, así como ellos Me rechazaron, Mi Padre también los rechazará.
Cuán triste y devastador será para tantos, tantos, cuando se den cuenta de que pasarán la eternidad a las puertas del Infierno, condenados para toda la eternidad.
Solo a través de sus oraciones de misericordia por ellos podrá salvarse a algunos de los cientos que mueren a diario.
Sí, mi querida, digo a diario porque ese es el número de quienes mueren cada día sin arrepentimiento de corazón. No piden perdón ni se preocupan por volverse hacia Mí, su Salvador.
Cuán triste es para Mí ver y observar cómo tantas almas caen en el abismo del Infierno cada día.
Te pido, mi querida pequeña, que le pidas a Mis amados Apóstoles que continúen orando por todos aquellos que morirán este mismo día o esta misma noche.
Oren por la salvación de sus almas para que, a través de una «gracia especial de misericordia», algunos de ellos puedan ser salvados de la condenación eterna».
Anna Marie: «Sí, mi Señor».
Fuente: https://greenscapular.org/




Dios Padre: «



“Si supierais cómo resplandecéis después de acercaros debidamente al Sacramento de la Confesión. (Jesús) está en el Confesionario y escucha cada palabra, ve en cada rincón de vuestro corazón y está deseoso de otorgar las gracias inherentes a Su Perdón.
“¡Os pido Mis hijos predilectos que paréis esta abominación! ¡No más ministros extraordinarios de la Eucaristía! ¡No más comuniones distribuidas por laicos, ni más comuniones en la mano!”




"Me coloco en la presencia de la Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo) y por el poder de la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, rompo, desbarato, pisoteo, aniquilo e invalido y cancelo de mi ser físico, síquico, biológico y espiritual, toda maldición que haya sido puesta sobre mí, sobre mi familia y árbol genealógico, por cualquier persona, familiar o antepasado por medio del ocultismo o espiritismo. Por el poder de la Sangre Preciosa de Nuestro Señor Jesucristo y por la intercesión de la Santísima Virgen María, San Miguel, San Gabriel, y San Rafael, rompo e invalido toda maldición, cualquiera que sea su naturaleza en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén (Repetir 3 veces la oración)"
"Oh Jesús de la Divina Misericordia, escucha mis súplicas hacia Ti, pues estoy aquí para hacer tu voluntad."
"Oh Glorioso Patriarca San José, Padre adoptivo de Jesús y Esposo Humilde y Casto de María; poderoso intercesor de las almas y guardián Fiel de la Iglesia; acudimos a vos, amado Padre, para que te dignes ampáranos y socorrednos en la lucha espiritual contra los enemigos de nuestra alma. Ven en nuestro auxilio y por tu humildad y pureza, líbranos de todo mal. San José terror de los demonios, venid en mi auxilio (3 veces)."
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha; sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los demás espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén"
Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el Cielo. Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo. Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo; tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta los duelos. Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos. Mira el vacío del hombre si Tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento. Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma al espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero. Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos. Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.
"Oh, Corazones de Jesús y de María; me consagro, consagro mi familia y al mundo entero, a vuestros Amantísimos Corazones. Atended a la súplica que os hago y aceptad nuestros corazones en los Vuestros, para que seamos librados y protegidos nosotros y el mundo entero de toda maldad y de todo pecado. Que la protección de vuestros Dos Corazones, sean refugio, fortaleza y amparo, en las luchas espirituales de cada día. Que el poder de vuestros Dos Corazones, irradie al mundo para que sea protegido de la maldad y el pecado. Nos consagramos voluntariamente y consagramos a la humanidad entera avuestros Corazones; seguros y confiados por vuestra Gran Misericordia, de obtener la victoria sobre las fuerzas del mal en este mundo, y la Gloria Eterna en el Reino de Dios. Amén."