23 de agosto de 2026 – Mensaje de San José dado a Eduardo Ferreira, São José dos Pinhais, Paraná, Brasil

(Lectura: 2 min.)
«Hijo Mío amado, yo, José, siervo fiel del Altísimo, vengo una vez más a hablarle a tu corazón, como ya lo he hecho tantas veces a lo largo de tu camino.
Recuerda, hijo, aquella noche de dolor y angustia, la noche del 30 de noviembre de 1992, en la gruta de la Rosa Mística en Tajaí; yo estaba ahí.

Vi el peso de tu corazón; vi tus lágrimas ocultas y tu alma afligida.
Me acerqué a ti en silencio, como es Mi costumbre, y te pedí algo sencillo, pero decisivo: obediencia. Te dije:
“Regresa a tu casa, hijo.”
Tú obedeciste, aunque no entendías. Y ahí se manifestó la providencia de Dios.
Al llegar, te encontraste con esa enfermera que ya te estaba esperando.
Ella fue el instrumento elegido para abrirte el camino, invitándote a ingresar al hospital Nuestra Señora del Perpetuo Socorro en Gaspar.
Mira, hijo, cuando el alma obedece, Dios lo prepara todo. Estuve contigo en ese momento.
Sigo contigo.
Y recuerda también, hijo Mío, el 23 de agosto de 2000, cuando llegaste a este lugar bendito, el santuario dedicado a la Madre de Dios, la Rosa Mística, Reina de la Paz.
Esa tarde volví a manifestar mi presencia. El cielo habló, las nubes se tiñeron de rosa, señal del amor de María Santísima, envolviendo este lugar y a todas las almas que llegan aquí.


Y se volvieron verdes, señal de la sanación que Dios desea derramar: sanación del cuerpo, del alma y de las familias.
Esas señales no fueron solo para ser vistas, sino para ser comprendidas y vividas.
Hijo Mío, sigo vigilando.
Soy el guardián de las familias. Mi corazón sufre al ver cómo tantas se destruyen, se dividen y se alejan de Dios.
Por eso te pido: reza por las familias, conságralas a mí y yo las protegeré bajo Mi Manto [1].
También soy protector de la Santa Iglesia.
Veo sus dolores, sus heridas, sus pruebas. Pero no temas.
Dios está purificando a su Iglesia.
De manera especial, llevo en Mi corazón a los sacerdotes.
Hijo, reza por ellos…

Diles:
“Sean fieles, sean fervientes, sean hombres de oración.”
Que no se dejen enfriar, que regresen al silencio, a la adoración, a la intimidad con Dios y, además, que en sus parroquias difundan con amor y confianza la devoción a Mi corazón castísimo.
En este corazón, Dios confió sus mayores tesoros: Jesús y María.
Y en este mismo corazón quiero acoger a cada, cada familia, cada alma que busca refugio. Hijo, mantente firme. Sé obediente como lo fuiste aquella noche. Sé fiel, aunque no entiendas. Confía incluso en las pruebas.
Caminaré contigo en silencio, pero siempre presente y nunca te abandonaré.
Recibe Mi bendición y Mi protección. Soy José, el carpintero».
- Reza el Sagrado Manto de San José (PDF) para el tiempo presente y ante los eventos venideros: Descarga y comparte…
Fonte: https://www.facebook.com/missionariodenossasenhora




Dios Padre: «



“Si supierais cómo resplandecéis después de acercaros debidamente al Sacramento de la Confesión. (Jesús) está en el Confesionario y escucha cada palabra, ve en cada rincón de vuestro corazón y está deseoso de otorgar las gracias inherentes a Su Perdón.
“¡Os pido Mis hijos predilectos que paréis esta abominación! ¡No más ministros extraordinarios de la Eucaristía! ¡No más comuniones distribuidas por laicos, ni más comuniones en la mano!”




"Me coloco en la presencia de la Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo) y por el poder de la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, rompo, desbarato, pisoteo, aniquilo e invalido y cancelo de mi ser físico, síquico, biológico y espiritual, toda maldición que haya sido puesta sobre mí, sobre mi familia y árbol genealógico, por cualquier persona, familiar o antepasado por medio del ocultismo o espiritismo. Por el poder de la Sangre Preciosa de Nuestro Señor Jesucristo y por la intercesión de la Santísima Virgen María, San Miguel, San Gabriel, y San Rafael, rompo e invalido toda maldición, cualquiera que sea su naturaleza en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén (Repetir 3 veces la oración)"
"Oh Jesús de la Divina Misericordia, escucha mis súplicas hacia Ti, pues estoy aquí para hacer tu voluntad."
"Oh Glorioso Patriarca San José, Padre adoptivo de Jesús y Esposo Humilde y Casto de María; poderoso intercesor de las almas y guardián Fiel de la Iglesia; acudimos a vos, amado Padre, para que te dignes ampáranos y socorrednos en la lucha espiritual contra los enemigos de nuestra alma. Ven en nuestro auxilio y por tu humildad y pureza, líbranos de todo mal. San José terror de los demonios, venid en mi auxilio (3 veces)."
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha; sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los demás espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén"
Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el Cielo. Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo. Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo; tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta los duelos. Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos. Mira el vacío del hombre si Tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento. Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma al espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero. Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos. Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.
"Oh, Corazones de Jesús y de María; me consagro, consagro mi familia y al mundo entero, a vuestros Amantísimos Corazones. Atended a la súplica que os hago y aceptad nuestros corazones en los Vuestros, para que seamos librados y protegidos nosotros y el mundo entero de toda maldad y de todo pecado. Que la protección de vuestros Dos Corazones, sean refugio, fortaleza y amparo, en las luchas espirituales de cada día. Que el poder de vuestros Dos Corazones, irradie al mundo para que sea protegido de la maldad y el pecado. Nos consagramos voluntariamente y consagramos a la humanidad entera avuestros Corazones; seguros y confiados por vuestra Gran Misericordia, de obtener la victoria sobre las fuerzas del mal en este mundo, y la Gloria Eterna en el Reino de Dios. Amén."