27 de agosto de 2026 – Mensaje del Cielo a la hermana Beghe, Francia

(Lettura: 3 min.)
«Yo soy el Todopoderoso y sin Mí el mundo no existiría.
El mundo, el firmamento, la tierra, los seres humanos, los animales, nada existiría.
Contemplen el cielo por la noche, lleno de estrellas; cada estrella es Mi obra, hay tantas y tantas.

Nada Me detiene; cuando comienzo algo, lo termino por completo; sin embargo, si faltara una sola estrella en el cielo, Mi Obra sería imperfecta.
Todas las estrellas tienen un principio y un fin porque forman parte del mundo finito, y el fin del mundo será la explosión total de todo el firmamento:
Las estrellas caerán del cielo; los astros y los cuerpos celestes que giran a su alrededor también se desprenderán de su ciclo de rotación, y todos caerán porque ya nada los retendrá en el lugar donde se encuentran. Habrá numerosos impactos en el cielo, y todo lo que gira metódicamente será como bolos que han perdido todo equilibrio.
El fin del mundo será dantesco, pues el universo entero ya no tendrá control; Yo dejaré de actuar y todo se desbaratará.
La Tierra misma continuará con su trayectoria; se alejará o se acercará al Sol; si se aleja de él, perderá sus protecciones naturales y su gravedad; si se acerca, el calor extremo aumentará, mientras que el propio Sol perderá su estabilidad.

Este caos del universo precederá al gran Juicio Final, que tendrá lugar en un entorno ya espiritual.
Los hombres buenos y los demás, los malos, serán separados; los primeros ya se encontrarán en una esfera positiva, los otros en una esfera negativa. La separación de unos de otros será natural, es decir, realizada por la acción Divina que rige todas las cosas y que nunca comete un error.
Todas las almas de todos los tiempos estarán presentes, pues todas serán juzgadas: Las almas buenas resucitarán a medida que sean juzgadas y recibidas por Dios.
Las demás, las malas, serán desenmascaradas, lo que significa que todo lo que estaba oculto se dará a conocer y todos sabrán todo de cada uno.

Ya no habrá secretos, ni mentiras, ni cosas no dichas; todo quedará claro, se comprenderá y se aceptará.
Los malvados, tras lo que considerarán profundamente vejatorio y humillante, se retirarán desnudos, precipitándose todos en un solo movimiento hacia un infierno que se cerrará sobre ellos.
Tras presenciar este precipicio, los justos se volverán hacia Dios y esa visión quedará purificada en la belleza del Cielo que se abrirá ante ellos.

Dios les dirá:
“Vengan, los benditos del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, vengan a Mi Morada, donde los he estado esperando desde siempre y donde los amaré y los recibiré para siempre.”
Es en ese preciso momento de la bienvenida individual de Dios, del juicio de cada alma, cuando se producirá la resurrección de sus cuerpos y cada uno se mirará a sí mismo y mirará al otro con una admiración sumamente elogiosa y llena de fervor.

Cada uno será diferente, resplandeciente y hermoso, ¡tan hermoso!
La Virgen María, Madre de Dios, será la más hermosa, pero nadie se verá en desventaja.

Y Dios Trino estará allí, sonriendo; las Tres Personas de la Santísima Trinidad estarán en su trono, pero estarán con los suyos, todos hijos de Dios, de la misma familia, unidos para la eternidad, donde toda pena, todo dolor y toda dificultad estarán ausentes para siempre.

Pero la historia divina no terminará ahí: Dios, siendo Padre, Hijo y Espíritu Santo, Creador, Luz, Vida y Amor, nunca se encierra en sí mismo, y la larga historia divina seguirá escribiéndose en el tiempo del Infinito.

Les bendigo, hijos Míos, les amo y les espero.
En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (+). Así sea.
Su Señor y su Dios».
Fuente: https://srbeghe.blog/




Dios Padre: «



“Si supierais cómo resplandecéis después de acercaros debidamente al Sacramento de la Confesión. (Jesús) está en el Confesionario y escucha cada palabra, ve en cada rincón de vuestro corazón y está deseoso de otorgar las gracias inherentes a Su Perdón.
“¡Os pido Mis hijos predilectos que paréis esta abominación! ¡No más ministros extraordinarios de la Eucaristía! ¡No más comuniones distribuidas por laicos, ni más comuniones en la mano!”




"Me coloco en la presencia de la Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo) y por el poder de la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, rompo, desbarato, pisoteo, aniquilo e invalido y cancelo de mi ser físico, síquico, biológico y espiritual, toda maldición que haya sido puesta sobre mí, sobre mi familia y árbol genealógico, por cualquier persona, familiar o antepasado por medio del ocultismo o espiritismo. Por el poder de la Sangre Preciosa de Nuestro Señor Jesucristo y por la intercesión de la Santísima Virgen María, San Miguel, San Gabriel, y San Rafael, rompo e invalido toda maldición, cualquiera que sea su naturaleza en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén (Repetir 3 veces la oración)"
"Oh Jesús de la Divina Misericordia, escucha mis súplicas hacia Ti, pues estoy aquí para hacer tu voluntad."
"Oh Glorioso Patriarca San José, Padre adoptivo de Jesús y Esposo Humilde y Casto de María; poderoso intercesor de las almas y guardián Fiel de la Iglesia; acudimos a vos, amado Padre, para que te dignes ampáranos y socorrednos en la lucha espiritual contra los enemigos de nuestra alma. Ven en nuestro auxilio y por tu humildad y pureza, líbranos de todo mal. San José terror de los demonios, venid en mi auxilio (3 veces)."
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha; sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los demás espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén"
Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el Cielo. Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo. Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo; tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta los duelos. Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos. Mira el vacío del hombre si Tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento. Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma al espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero. Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos. Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.
"Oh, Corazones de Jesús y de María; me consagro, consagro mi familia y al mundo entero, a vuestros Amantísimos Corazones. Atended a la súplica que os hago y aceptad nuestros corazones en los Vuestros, para que seamos librados y protegidos nosotros y el mundo entero de toda maldad y de todo pecado. Que la protección de vuestros Dos Corazones, sean refugio, fortaleza y amparo, en las luchas espirituales de cada día. Que el poder de vuestros Dos Corazones, irradie al mundo para que sea protegido de la maldad y el pecado. Nos consagramos voluntariamente y consagramos a la humanidad entera avuestros Corazones; seguros y confiados por vuestra Gran Misericordia, de obtener la victoria sobre las fuerzas del mal en este mundo, y la Gloria Eterna en el Reino de Dios. Amén."