17 de julio de 2026 – Mensaje de Nuestro Señor Jesucristo a Eduardo Ferreira, São José dos Pinhais, Brasil

(Lectura: 2 min.)
«Hijos amados, contemplen Mi Pasión.
No la vean solo como una historia del pasado, sino como un Misterio Vivo presente ante ustedes. Todo lo que sufrí, lo sufrí por amor a cada uno de ustedes.
En el huerto de los olivos. Mi Alma se sintió abrumada por el dolor al ver a tantos que rechazarían Mi gracia.

Allí acepté beber el cáliz del sufrimiento hasta el final, por amor a las almas que deseaba salvar.
Fui traicionado, abandonado, negado y, aun así, Mi Corazón siguió amando.

Fui flagelado y cada golpe desgarró Mi Carne para reparar los pecados de la impureza.

Fui coronado de espinas y cada dolor reparó los pensamientos de orgullo y de pecado de la humanidad.

Llevé la pesada cruz con los pecados de todos los tiempos y, al caer en el camino, Me levanté por amor a ustedes.

No fueron los clavos los que Me sujetaron a la cruz, fue el Amor.
En la cruz entregué todo: Mi Cuerpo, Mi Sangre, Mi Alma.

Pero sepan que Mi mayor dolor no fue el físico, sino ver tantos corazones fríos e indiferentes, alejados de Mí.
Aún hoy soy crucificado por la falta de amor, por la indiferencia, por los pecados que se repiten sin arrepentimiento.
- ¿Cuántos de ustedes viven como si Yo no hubiera muerto por ustedes?
- ¿Cuántos olvidan Mi Sacrificio?
- ¿Cuántos Me dejan solo, hijos Míos?

Mi Pasión no ha terminado. Continúa en cada alma que sufre, en cada corazón que se aleja de Mí, pero también continúa en cada alma que Me consuela, en cada acto de amor, en cada corazón que se vuelve hacia Mí.
Por eso les digo: caminen conmigo cuando mediten sobre Mi Pasión.
- No sean solo espectadores.
- Sean participantes.
- Lloren por sus pecados.
Reparen las ofensas cometidas contra Mi Corazón. Ofrézcanme sus dolores unidos a los Míos.
- Si caen, levántense.
- Si se sienten débiles, vengan a Mí.
- Si se sienten perdidos, Yo soy el Camino.
Les llamo a una conversión sincera, profunda y verdadera. No lo pospongan más. El tiempo es precioso.
- Quien vive unido a Mi Pasión encuentra la Vida.
- Quien se une a Mi Cruz encuentra la Paz.
- Quien Me ama verdaderamente no se perderá.
Mi Sangre fue derramada por todos, pero no todos la acogen.
Amados, abran sus corazones.
Regresen a Mí. No me dejen solo en la Cruz. Consuélenme, reparen por aquellos que Me ofenden, ámenme.
Estoy con ustedes y a todos les bendigo con amor infinito.
Les dejo Mi Paz».




Dios Padre: «



“Si supierais cómo resplandecéis después de acercaros debidamente al Sacramento de la Confesión. (Jesús) está en el Confesionario y escucha cada palabra, ve en cada rincón de vuestro corazón y está deseoso de otorgar las gracias inherentes a Su Perdón.
“¡Os pido Mis hijos predilectos que paréis esta abominación! ¡No más ministros extraordinarios de la Eucaristía! ¡No más comuniones distribuidas por laicos, ni más comuniones en la mano!”




"Me coloco en la presencia de la Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo) y por el poder de la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, rompo, desbarato, pisoteo, aniquilo e invalido y cancelo de mi ser físico, síquico, biológico y espiritual, toda maldición que haya sido puesta sobre mí, sobre mi familia y árbol genealógico, por cualquier persona, familiar o antepasado por medio del ocultismo o espiritismo. Por el poder de la Sangre Preciosa de Nuestro Señor Jesucristo y por la intercesión de la Santísima Virgen María, San Miguel, San Gabriel, y San Rafael, rompo e invalido toda maldición, cualquiera que sea su naturaleza en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén (Repetir 3 veces la oración)"
"Oh Jesús de la Divina Misericordia, escucha mis súplicas hacia Ti, pues estoy aquí para hacer tu voluntad."
"Oh Glorioso Patriarca San José, Padre adoptivo de Jesús y Esposo Humilde y Casto de María; poderoso intercesor de las almas y guardián Fiel de la Iglesia; acudimos a vos, amado Padre, para que te dignes ampáranos y socorrednos en la lucha espiritual contra los enemigos de nuestra alma. Ven en nuestro auxilio y por tu humildad y pureza, líbranos de todo mal. San José terror de los demonios, venid en mi auxilio (3 veces)."
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha; sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los demás espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén"
Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el Cielo. Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo. Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo; tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta los duelos. Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos. Mira el vacío del hombre si Tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento. Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma al espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero. Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos. Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.
"Oh, Corazones de Jesús y de María; me consagro, consagro mi familia y al mundo entero, a vuestros Amantísimos Corazones. Atended a la súplica que os hago y aceptad nuestros corazones en los Vuestros, para que seamos librados y protegidos nosotros y el mundo entero de toda maldad y de todo pecado. Que la protección de vuestros Dos Corazones, sean refugio, fortaleza y amparo, en las luchas espirituales de cada día. Que el poder de vuestros Dos Corazones, irradie al mundo para que sea protegido de la maldad y el pecado. Nos consagramos voluntariamente y consagramos a la humanidad entera avuestros Corazones; seguros y confiados por vuestra Gran Misericordia, de obtener la victoria sobre las fuerzas del mal en este mundo, y la Gloria Eterna en el Reino de Dios. Amén."