27 de julio de 2024 – Mensajes del Cielo (Fragmentos) a “Un souffle qui passe…” (Una brisa que pasa), Francia
1. La importancia del discernimiento
1.1. Los videntes, los mensajes, las profecías…
1.2. No se dejen engañar, manténganse prudentes…
2. Lo que importa para tener protección…
2.1. Los sacramentales…
2.2. Cómo obtener las gracias…
2.3. La virtud de la esperanza…
3. Lo único que Me importa es…
3.1. Evitar. . . (1)
3.2. Evitar. . . (2)
3.3. Evitar. . . (2)
4. “Pues bien, Yo les digo…”

(Lectura: 3 min.)
1. La importancia del discernimiento
1.1. Los videntes, los mensajes, las profecías…
«Mis queridos hijos,
Recientemente les he vuelto a advertir sobre los supuestos “mensajes” atribuidos a “su siervo, a su buena Madre, a sus santos o a sus ángeles”, que proliferan en Internet.
Algunos son transmitidos por videntes que a menudo están de moda, a quienes se espera con gran expectación, y luego son difundidos libremente por sus seguidores incondicionales, quienes los aceptan sin dudar.
Si bien, en general, estos mensajes recuerdan las verdades enseñadas por mi Iglesia católica, algunos advierten hoy también sobre acontecimientos apocalípticos presentados como inevitables y prescriben soluciones de protección o huida que son, sencillamente, grotescas.
1.2. No se dejen engañar, manténganse prudentes…
Por último, para colmo de todo, cuando las supuestas profecías no se cumplen, surgen nuevos mensajes que explican que el Padre Celestial, conmovido por una profusión de oraciones, finalmente ha renunciado a llevar a cabo sus aterradores designios.
Les pido una vez más, mis queridos pequeños, que no se dejen engañar y que se mantengan prudentes, pues a causa de tales mensajes, muchas almas sensibles caen en el miedo y la inseguridad, abandonan su trabajo, dejan su hogar o venden su casa para mudarse a regiones que, según afirman los supuestos “videntes”, estarán protegidas en el momento de los acontecimientos anunciados.

Otros, por precaución, acumulan provisiones de comida y artículos de emergencia, sal y velas benditas, medallas y escapularios que supuestamente los protegerán contra lo que está por suceder y contra la acción de los demonios.

¡Estas formas de actuar son inapropiadas, incluso supersticiosas, e indignas de cualquier cristiano!
2. Lo que importa para tener protección…
Ustedes saben muy bien, hijos míos, que lo que más me importa es, ante todo, la pureza de sus corazones y la santidad de sus vidas —pureza y santidad que deben conservar en toda circunstancia y hasta su último aliento, pues son la clave del Reino de los Cielos. Y deben saber que, en verdad, tienen mucho más impacto sobre las fuerzas del mal de lo que puedan imaginar.

2.1. Los Sacramentales…
En cuanto a los Sacramentales mencionados anteriormente [1], no deben considerarse como los amuletos o los tatuajes que llevan los paganos, sino como medios para recordarles que su vocación como cristianos no es otra que la santidad.

2.2. Cómo obtener las gracias…
En cuanto a las gracias que Me piden —ya sea directamente o por medio de Mi Santísima Madre o de algún otro santo—, solo se les conceden si sus corazones están en las disposiciones adecuadas para recibirlas y si estas son conformes a la voluntad de la Santísima Trinidad.
2.3. La virtud de la esperanza…
Y comprendan también que si se pasa el tiempo alimentándose de profecías de desgracia —que, en la mayoría de los casos, provienen de las propias divagaciones y angustias de quienes las difunden, o incluso del Espíritu del Mal o de sus secuaces—, es porque no tienen suficiente confianza en su Señor y han perdido la virtud de la esperanza. Por lo tanto, recompónganse y, en medio de su pánico y sus angustias, déjense consolar por Aquel que debe ser para ustedes refugio y fortaleza (Salmo 46),
3. Lo único que Me importa es…
Lo único que Me importa, en efecto, sea cual sea la situación, es la grandeza de su fe y de su confianza en la Santísima Trinidad, su grado de perfección y su espíritu de entrega.
3.1. Evitar. . . (1)
Presionados por los supuestos “mensajes”, no se dejen convertir en máquinas de orar que, deseosas de protegerse a toda costa y en detrimento de su deber de estado, pasan el tiempo repitiendo mecánicamente invocaciones como si se tratara de fórmulas mágicas destinadas a conjurar la mala suerte. Como les he dicho, los paganos hacen lo mismo, imaginando que a fuerza de palabras serán escuchados (Mt 6, 7).
Hijos Míos, oren más bien con discreción y con todo su corazón.
3.2. Evitar. . . (2)
Por último, eviten juzgar con desprecio o mirar con condescendencia a las personas que no se adhieren a los supuestos «mensajes» que tanto les gustan. Esta actitud, en efecto, es perfectamente legítima, ya que tales revelaciones denominadas «privadas» —al igual que, por cierto, estos mismos mensajes— no son un artículo de fe. Más bien, mis pequeños, sean asiduos en la lectura de las Sagradas Escrituras —especialmente del Evangelio— y del Catecismo de mi Iglesia católica.
Oren para que se haga la voluntad del Padre en la Tierra como en el Cielo, y manténganse en la esperanza.
3.3. Evitar. . . (2)
Sin embargo, algunos de ustedes desean a toda costa que se cumplan numerosas profecías formuladas ya en el siglo pasado y que hoy se reiteran, para poder decir después:
“¿Ven?, el Señor (o bien la Santísima Virgen) tenía razón: Francia le ha declarado la guerra a Rusia… La guerra civil está devastando el país… etc…”
Pero, en concreto, ya sea que estas predicciones [2] sean ciertas o falsas, ¿qué les aportan?
¿En qué sentido los han hecho más santos y más caritativos hacia sus hermanos?
¿Qué ha sido de su virtud de la esperanza?
4. “Pues bien, Yo les digo…”
Pues bien, Yo les digo:
Recen, mis queridos hijos, con todo su corazón para que se haga la Voluntad del Padre, y no se preocupen por el mañana (Mt 6, 34), pues Dios domina a las naciones, somete a los malvados y destruye la guerra (Sal 46, 10-11).

Por lo tanto, mantengan la confianza en su Señor, en su santa Madre y en el poder de una oración sincera, y no se detengan más en todos esos comentarios alarmistas que abundan en la red; perderían su tiempo y corromperían su fe.
Les Bendigo».
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- Se llaman “sacramentales” los signos sagrados instituidos por la Iglesia, cuyo propósito es preparar a las personas para recibir el fruto de los Sacramentos y santificar las diferentes circunstancias de la vida.
- Las profecías son predicciones del futuro.
Fonte: Un souffle qui passe…
https://messages-du-ciel.com/




Dios Padre: «



“Si supierais cómo resplandecéis después de acercaros debidamente al Sacramento de la Confesión. (Jesús) está en el Confesionario y escucha cada palabra, ve en cada rincón de vuestro corazón y está deseoso de otorgar las gracias inherentes a Su Perdón.
“¡Os pido Mis hijos predilectos que paréis esta abominación! ¡No más ministros extraordinarios de la Eucaristía! ¡No más comuniones distribuidas por laicos, ni más comuniones en la mano!”




"Me coloco en la presencia de la Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo) y por el poder de la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, rompo, desbarato, pisoteo, aniquilo e invalido y cancelo de mi ser físico, síquico, biológico y espiritual, toda maldición que haya sido puesta sobre mí, sobre mi familia y árbol genealógico, por cualquier persona, familiar o antepasado por medio del ocultismo o espiritismo. Por el poder de la Sangre Preciosa de Nuestro Señor Jesucristo y por la intercesión de la Santísima Virgen María, San Miguel, San Gabriel, y San Rafael, rompo e invalido toda maldición, cualquiera que sea su naturaleza en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén (Repetir 3 veces la oración)"
"Oh Jesús de la Divina Misericordia, escucha mis súplicas hacia Ti, pues estoy aquí para hacer tu voluntad."
"Oh Glorioso Patriarca San José, Padre adoptivo de Jesús y Esposo Humilde y Casto de María; poderoso intercesor de las almas y guardián Fiel de la Iglesia; acudimos a vos, amado Padre, para que te dignes ampáranos y socorrednos en la lucha espiritual contra los enemigos de nuestra alma. Ven en nuestro auxilio y por tu humildad y pureza, líbranos de todo mal. San José terror de los demonios, venid en mi auxilio (3 veces)."
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha; sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los demás espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén"
Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el Cielo. Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo. Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo; tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta los duelos. Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos. Mira el vacío del hombre si Tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento. Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma al espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero. Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos. Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.
"Oh, Corazones de Jesús y de María; me consagro, consagro mi familia y al mundo entero, a vuestros Amantísimos Corazones. Atended a la súplica que os hago y aceptad nuestros corazones en los Vuestros, para que seamos librados y protegidos nosotros y el mundo entero de toda maldad y de todo pecado. Que la protección de vuestros Dos Corazones, sean refugio, fortaleza y amparo, en las luchas espirituales de cada día. Que el poder de vuestros Dos Corazones, irradie al mundo para que sea protegido de la maldad y el pecado. Nos consagramos voluntariamente y consagramos a la humanidad entera avuestros Corazones; seguros y confiados por vuestra Gran Misericordia, de obtener la victoria sobre las fuerzas del mal en este mundo, y la Gloria Eterna en el Reino de Dios. Amén."