29 de abril de 2026 – Mensaje del Cielo a la hermana Beghe, Francia

(Lectura: 3 min.)
«Mis queridos hijos, les amo y les aprecio tanto. Son como la pupila de Mis ojos y Me dejé crucificar por su salvación.
Mi Amor por ustedes deseó esta cruel ofrenda a Mi Padre porque Él, tanto como Yo y el Espíritu Santo, deseábamos tenerlos junto a nosotros eternamente. Les creamos con ese propósito, pero la tentación, esa horrible tentación, los sorprendió y, aunque no debieron sucumbir, cayeron, y de manera grave.
La gracia de la que estaban inundados los abandonó y, para devolvérsela, quise, con todo Mi Amor por ustedes, restituírselos. La única manera era reparar en su lugar ese pecado y hacerlo plenamente. Dios había sido ofendido, pero toda ofensa solo puede repararse plenamente mediante un don equivalente.
La ofensa cometida contra un Ser superior solo puede repararse mediante una expiación que Lo satisfaga plenamente; sin embargo, solo Dios podía alcanzar ese nivel expiatorio. Entonces dije: «He aquí, yo vengo» (Sal 40, 8) y satisfice esa reparación perfecta, cubriendo con Mi sacrificio, Mi abandono y Mi entrega todos los pecados de los hombres de todos los tiempos. Dios quedó satisfecho y la humanidad volvió a ser colmada de gracias, con la excepción de todos aquellos que, entre ella, las rechazarían.
Les he abierto el Cielo y, desde entonces, Mis elegidos entran en él uno a uno, tras haber participado de los méritos de Mi Pasión, de Mi Cruz y de Mi Redención.
A lo largo de Mi vida terrenal, ofrecí sacrificios, me conduje según los siete dones del Espíritu Santo (1), ejerciéndolos todos a la perfección, y Dios me guiaba. Morí abandonado por los Míos, salvo por Mi Madre, Mi apóstol amado Juan y algunas santas mujeres que fueron más valientes y desprendidas que Mis apóstoles asustados.
Sufrí humillaciones, injusticias y rechazos de manera muy cruel, pues, siendo Dios, los padecía intensamente y más que un simple mortal. Dios Padre lo veía todo, estaba constantemente a mi lado y recibía mis lágrimas y mis heridas con compasión y Amor divino.
Me ofrecía por ustedes y había tomado sobre Mí todos sus pecados. Cada pecado era como si lo hubiera cometido Yo mismo, y estaba horrorizado y confundido por ello. Le pedía perdón a Dios por cada pecado, pero eran innumerables; sin embargo, los conocía todos, los llevaba en Mi carne, fui flagelado por ellos, fui golpeado por ellos, fui arrastrado al suelo por ellos y los hacía Míos con horror, ciertamente, pero eran Míos para que Yo satisficiera su reparación.

Me impusieron la corona de espinas a causa de los numerosos pecados de orgullo; me rompieron la nariz y me desgarraron las mejillas a causa de los numerosos pecados de vanidad; mi carne quedó destrozada por la flagelación a causa de los tantos pecados de la carne; los veía a todos y los reparaba por todos. Mi vía crucis fue dura y tan penosa; veía cada pecado que reparaba al aceptarlo todo, al caer, al levantarme y al caer de nuevo. Mis caídas me abrían las rodillas heridas y el roce de la madera de la cruz me arañaba la espalda y mis heridas sangrantes.
Hijos Míos, si supieran cuánto cada minuto Me parecía horas, cada sufrimiento Me parecía total, pero no terminaban y siempre aumentaban. Luego llegó el momento de Mi crucifixión, de Mi desnudez, de Mi suspensión en la infamia de la cruz, y permanecí allí, suspendido, con los brazos abiertos al mundo en una llamada divina mientras dure el mundo.

Luego, tras largos momentos, entregué mi espíritu; Dios hecho hombre abandonaba el mundo tras haber ofrecido a Dios el mayor Sacrificio que pudiera existir, el de Dios a Dios para la remisión de los pecados de todos los hombres desde el principio de la humanidad hasta su fin.

Durante los cuarenta días que separaron mi Resurrección de mi Ascensión, preparé a mis apóstoles y discípulos para su futuro apostolado. Les di Mis instrucciones, Mis palabras de aliento e incluso algunas indicaciones precisas. Después de Pentecostés, comprendieron todo lo que había quedado sin entender y comenzó su apostolado. Y desde entonces, la Santa Iglesia Católica Apostólica y Romana, fundada sobre Mi Cruz y Mi Sacrificio, continúa su misión, a pesar de las tentaciones, las cruces y las dificultades del camino.
Hoy, la Santa Iglesia, Mi Esposa, sigue el ejemplo de Mi Vía Crucis, de Mi Pasión y de Mi Muerte en la Cruz. Los sacerdotes fieles están dispersos como lo estuvieron Mis apóstoles, pero volverán como Mis apóstoles regresaron en Mi Resurrección. Mi Iglesia, Mi Esposa, es a Mi Imagen y a Mi Semejanza, y también ella fallará como fallaron Mis apóstoles. Pero se levantará más bella, más pura y más fuerte, así como Mis apóstoles, después de Pentecostés, ya no eran los temerosos de los primeros momentos, sino los evangelistas de toda la tierra, entregando su vida y todo su ser para la difusión de la fe.
Hoy en día, la fe se ha debilitado en el mundo; los hombres parecen haber olvidado el cristianismo, pero volverán porque Mi Sacrificio es para el mundo entero y para todas las épocas.

La fe se empobrece, pero será reavivada; la Santa Iglesia recuperará su vigor de antaño, y las vocaciones volverán a florecer.
Oren por ello, hijos Míos, ustedes que me han permanecido fieles, oren por la resurrección de la Santa Iglesia Católica, por la pureza de su fe y por la rectitud de su doctrina.
Les bendigo, en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (+). Así sea.
Su Señor y Salvador».
- Sabiduría, Entendimiento, Consejo, Fortaleza, Ciencia, Piedad, Temor de ofender a Dios
Fuente: https://srbeghe.blog/





Dios Padre: «



“Si supierais cómo resplandecéis después de acercaros debidamente al Sacramento de la Confesión. (Jesús) está en el Confesionario y escucha cada palabra, ve en cada rincón de vuestro corazón y está deseoso de otorgar las gracias inherentes a Su Perdón.
“¡Os pido Mis hijos predilectos que paréis esta abominación! ¡No más ministros extraordinarios de la Eucaristía! ¡No más comuniones distribuidas por laicos, ni más comuniones en la mano!”




"Me coloco en la presencia de la Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo) y por el poder de la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, rompo, desbarato, pisoteo, aniquilo e invalido y cancelo de mi ser físico, síquico, biológico y espiritual, toda maldición que haya sido puesta sobre mí, sobre mi familia y árbol genealógico, por cualquier persona, familiar o antepasado por medio del ocultismo o espiritismo. Por el poder de la Sangre Preciosa de Nuestro Señor Jesucristo y por la intercesión de la Santísima Virgen María, San Miguel, San Gabriel, y San Rafael, rompo e invalido toda maldición, cualquiera que sea su naturaleza en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén (Repetir 3 veces la oración)"
"Oh Jesús de la Divina Misericordia, escucha mis súplicas hacia Ti, pues estoy aquí para hacer tu voluntad."
"Oh Glorioso Patriarca San José, Padre adoptivo de Jesús y Esposo Humilde y Casto de María; poderoso intercesor de las almas y guardián Fiel de la Iglesia; acudimos a vos, amado Padre, para que te dignes ampáranos y socorrednos en la lucha espiritual contra los enemigos de nuestra alma. Ven en nuestro auxilio y por tu humildad y pureza, líbranos de todo mal. San José terror de los demonios, venid en mi auxilio (3 veces)."
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha; sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los demás espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén"
Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el Cielo. Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo. Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo; tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta los duelos. Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos. Mira el vacío del hombre si Tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento. Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma al espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero. Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos. Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.
"Oh, Corazones de Jesús y de María; me consagro, consagro mi familia y al mundo entero, a vuestros Amantísimos Corazones. Atended a la súplica que os hago y aceptad nuestros corazones en los Vuestros, para que seamos librados y protegidos nosotros y el mundo entero de toda maldad y de todo pecado. Que la protección de vuestros Dos Corazones, sean refugio, fortaleza y amparo, en las luchas espirituales de cada día. Que el poder de vuestros Dos Corazones, irradie al mundo para que sea protegido de la maldad y el pecado. Nos consagramos voluntariamente y consagramos a la humanidad entera avuestros Corazones; seguros y confiados por vuestra Gran Misericordia, de obtener la victoria sobre las fuerzas del mal en este mundo, y la Gloria Eterna en el Reino de Dios. Amén."