25 de abril de 2026 – Mensaje del Cielo a la hermana Beghe, Francia

(Lectura: 3 min.)
«Mis queridos hijos,
¿Quiénes son ustedes y qué esperan de Mí?
Ustedes son Mis hijos y, si me leen sin haberse bautizado aún, pasarán a formar parte de la familia adoptiva de Dios desde el momento de su bautismo. El bautismo es un nacimiento a la vida divina; ¿qué más desean los padres de un niño en gestación sino su llegada?
Sí, mis muy queridos hijos, el bautismo es para Dios una gran ocasión y se celebra en el Cielo, así como se celebra un nacimiento en una familia. El niño que se convierte en hijo de Dios es un futuro santo que Dios elige, y Él le concede Sus gracias con predilección para que se convierta en Su santo amado.
Sí, todo hijo de Dios está destinado a ser santo, y aunque muchos, lamentablemente, olviden un poco su destino celestial, llega para todos, el momento en que cada uno se enfrenta a esta realidad.
Si no es en su vida terrenal, será inevitablemente al morir, pues el momento de la verdad es real para todos y nadie puede, en ese momento, esconderse, mentirse a sí mismo o evadirse. Todo hombre verá a Dios, lo quiera o no, y si ante Él aún lo rechaza, será muy grave para él.

Dios es tan Bueno, tan Hermoso, tan Acogedor, tan Atractivo, que solo las almas que lo han rechazado voluntariamente en la tierra podrán mostrarse insolentes ante Él, arrodillándose a regañadientes y sin ningún tipo de contrición. Tales almas no se abrirán a Su Bondad paterna; se cerrarán y rechazarán cualquier mano tendida en un último intento de acercamiento. Pero tal alma rebelde ya ha sellado su destino eterno y, con un giro insolente, se levanta y abandona ese momento en el que todo aún podía inclinarse a su favor. Acostumbrada a rechazar a Dios en la tierra, lo rechaza de nuevo en ese momento supremo en el que aún podría haberse confesado, arrepentido de sus desviaciones y postrado a los pies del Misericordioso, quien aún la habría perdonado.
Tal es el destino de muchas almas, demasiadas por desgracia, las cuales, acostumbradas a oponerse a Él, no encuentran la sencillez de rendirse ante la evidencia y conservan su actitud de rechazo cuando se encuentran ante la evidencia de lo contrario.
Hijos míos, no sean ustedes como ellos, y que quienes los rodean acepten la evidencia: ustedes están vivos en la tierra, ¿por qué no iban a estar vivos en el Más Allá, en el mundo invisible?
Hay tantas cosas que no comprenden en la tierra, que no pueden alcanzar en el mundo visible, ¿y pretenden comprender lo invisible? No es porque no lo vean que no existe, del mismo modo que hay tantas cosas en la tierra que no dominan y, sin embargo, existen. Sean sencillos, sean humildes, reconozcan que son pequeños e ignorantes, admitan que tantas cosas los superan y admitirán humildemente que Dios existe, aunque no sea accesible a sus ojos.
Mi existencia es un hecho histórico; los apóstoles fueron testigos de ello, muchos otros discípulos o incrédulos estuvieron a mi lado y, entre ellos, son numerosos los que se convirtieron. Y así se constituyó el cristianismo hasta convertirse en una gran civilización; pero algunos orgullosos, otros sin instrucción religiosa y otros más por obstinación se proclaman independientes y sin vínculo alguno conmigo, cuando yo he dado a todos mi vida y serían más felices si admitieran mi supremacía en lugar de rechazarla.
Dios regresará en majestad cuando el mundo llegue a su fin; lo he prometido, pero no he revelado ni el día ni la hora. Cuando regrese, todos Me verán, pues no volveré en silencio y discreción como en Mi primera venida; regresaré con tambores y trompetas, y todos Me verán:
“Y entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del Hombre (…) y se verá al Hijo del Hombre venir sobre las nubes del cielo con poder y gran gloria (…) En cuanto a la fecha de ese día y la hora, nadie las conoce, ni los ángeles de los cielos ni el Hijo, nadie más que el Padre solo.” (Mt 24, 30-35).
Estén preparados, mis muy queridos, estén preparados. Si este gran momento de Mi regreso no es para hoy, su muerte, en cambio, será su presente y la vivirán íntimamente. Inmediatamente después, estarán ante Dios y se arrodillarán ante Él, pues es la única actitud posible ante Él. Todos se arrodillarán, tanto los buenos como los malos, la criatura ante su Creador, ¡y ese es un gran momento!
Nadie se muestra altivo y, si algunos de mala fe lo intentan, suena tan falso que caen de rodillas casi de inmediato. Algunos le dan obstinadamente la espalda a Dios, pero entonces son inmediatamente arrastrados por el vacío en cuyo fondo se encuentra el infierno, en otro entorno, inaccesible y encerrado en sí mismo.
Hijos míos, preparen con esmero ese gran momento de nuestro encuentro, en el que toda su vida quedará al descubierto hasta en sus más mínimos detalles y en el que Dios desearía tanto abrazarlos, porque Él es también su Padre amado y los ha creado para su felicidad perfecta junto a Él y a todos los Santos.
Yo soy Dios y he querido esta correspondencia para hablarles del Amor tan excepcional que Dios les tiene.
Quiero prepararlos para los tiempos venideros porque es mediante una gran fe que serán capaces de enfrentar la dificultad que se avecina [1], con la ayuda de su Ángel de la guarda y el apoyo de María, Mi Madre y su Madre. Los tiempos se volverán cada vez más difíciles y sabrán que estoy junto a ustedes porque se lo he dicho y repetido, escrito y reescrito.
Tengan confianza, tengan siempre confianza; nada sucede ni sucederá sin que Yo lo sepa, sin que Yo les brinde Mi ayuda, y siempre podrán contar conmigo, tal como lo hicieron los santos y los mártires, quienes nunca se sintieron defraudados.
Manténganse siempre alegres, incluso en medio de las dificultades y las privaciones; sean amables y solícitos, porque Dios y los santos los preceden y los ayudan.
Los amo, los sostengo y siempre estoy junto a ustedes.
Los bendigo en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (+). Así sea.
Su Señor y su Dios».
- En este mensaje, el Señor nos está haciendo comprender con delicadeza que muchos no sobrevivirán a los tiempos que se avecinan y que abandonarán este mundo antes del Aviso. Es sumamente importante mantenerse en estado de gracia mediante los Sacramentos, la oración constante y la obediencia a los 10 Mandamientos.
Fuente: https://srbeghe.blog/





Dios Padre: «



“Si supierais cómo resplandecéis después de acercaros debidamente al Sacramento de la Confesión. (Jesús) está en el Confesionario y escucha cada palabra, ve en cada rincón de vuestro corazón y está deseoso de otorgar las gracias inherentes a Su Perdón.
“¡Os pido Mis hijos predilectos que paréis esta abominación! ¡No más ministros extraordinarios de la Eucaristía! ¡No más comuniones distribuidas por laicos, ni más comuniones en la mano!”




"Me coloco en la presencia de la Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo) y por el poder de la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, rompo, desbarato, pisoteo, aniquilo e invalido y cancelo de mi ser físico, síquico, biológico y espiritual, toda maldición que haya sido puesta sobre mí, sobre mi familia y árbol genealógico, por cualquier persona, familiar o antepasado por medio del ocultismo o espiritismo. Por el poder de la Sangre Preciosa de Nuestro Señor Jesucristo y por la intercesión de la Santísima Virgen María, San Miguel, San Gabriel, y San Rafael, rompo e invalido toda maldición, cualquiera que sea su naturaleza en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén (Repetir 3 veces la oración)"
"Oh Jesús de la Divina Misericordia, escucha mis súplicas hacia Ti, pues estoy aquí para hacer tu voluntad."
"Oh Glorioso Patriarca San José, Padre adoptivo de Jesús y Esposo Humilde y Casto de María; poderoso intercesor de las almas y guardián Fiel de la Iglesia; acudimos a vos, amado Padre, para que te dignes ampáranos y socorrednos en la lucha espiritual contra los enemigos de nuestra alma. Ven en nuestro auxilio y por tu humildad y pureza, líbranos de todo mal. San José terror de los demonios, venid en mi auxilio (3 veces)."
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha; sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los demás espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén"
Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el Cielo. Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo. Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo; tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta los duelos. Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos. Mira el vacío del hombre si Tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento. Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma al espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero. Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos. Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.
"Oh, Corazones de Jesús y de María; me consagro, consagro mi familia y al mundo entero, a vuestros Amantísimos Corazones. Atended a la súplica que os hago y aceptad nuestros corazones en los Vuestros, para que seamos librados y protegidos nosotros y el mundo entero de toda maldad y de todo pecado. Que la protección de vuestros Dos Corazones, sean refugio, fortaleza y amparo, en las luchas espirituales de cada día. Que el poder de vuestros Dos Corazones, irradie al mundo para que sea protegido de la maldad y el pecado. Nos consagramos voluntariamente y consagramos a la humanidad entera avuestros Corazones; seguros y confiados por vuestra Gran Misericordia, de obtener la victoria sobre las fuerzas del mal en este mundo, y la Gloria Eterna en el Reino de Dios. Amén."