Una oración para todos esos momentos y situaciones de la vida que parecen no tener salida.
Por todas las necesidades materiales y espirituales del presente, incluyendo la seguridad física y la paz en las familias, por nosotros, por nuestros seres queridos y por los tiempos actuales y los que se profetiza que llegarán pronto, acudamos con gran confianza a la intercesión y protección de la Santísima Virgen María, contemplando Sus Dolores unidos a Los del Redentor.
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Todos necesitamos mucha fe, esperanza y caridad para enfrentar las dificultades y los peligros de estos tiempos y de lo que se viene; por eso, ACOMPAÑEMOS a la Santísima Virgen María, Nuestra Señora de los Dolores, incluso todos los días, según el tiempo que podamos dedicarle (también junto con el Rosario, nuestras oraciones favoritas y la Santa Misa: en casa, en la iglesia, en los descansos del trabajo), meditando sobre sus dolores como Corredentora, sufridos junto a Jesús por nuestra salvación durante su vida terrenal. Con este acto de caridad y amor hacia la Madre del Salvador, aliviaremos nuestros dolores, recibiremos consuelo, fuerza y paz en las dificultades y adversidades de la vida —para nosotros y nuestros seres queridos— incluso en esas situaciones que parecen imposibles a juicio humano.
- Introducción
- Cómo rezar la VÍA DOLOROSA
- LA VÍA DOLOROSA
- Primer Estación:
EL DOLOR DE LA PROFECÍA DE SIMEÓN - Segunda Estación:
EL DOLOR DE LA HUIDA A EGIPTO - Tercera Estación:
EL DOLOR POR LA PÉRDIDA DE JESÚS - Cuarta Estación:
EL DOLOR POR LA MUERTE DE SAN JOSÉ - Quinta Estación:
EL DOLOR POR LA PARTIDA DEL REDENTOR DE NAZARET - Sexta Estación:
EL DOLOR POR LA PERSECUCIÓN DE JESÚS EN SU VIDA PÚBLICA - Séptima Estación:
EL DOLOR DE LA DESPEDIDA DE JESÚS, QUE SE ENCAMINA HACIA LA PASIÓN - Octava Estación:
EL DOLOR DE LA AGONÍA MÍSTICA DE MARÍA, UNIDA A LA DE SU HIJO EN EL GETSEMANI - Novena Estación:
EL DOLOR DE LA FLAGELACIÓN MÍSTICA DE MARÍA, UNIDA A LA CRUENTA FLAGELACIÓN DE SU HIJO - Décima Estación:
EL DOLOR DE LA CORONACIÓN DE ESPINAS MÍSTICA DE MARÍA, UNIDA A LA DE SU HIJO - Undécima Estación:
EL DOLOR DE LA MADRE QUE ENCUENTRA A SU HIJO, CARGANDO LA CRUZ EN EL CAMINO DEL CALVARIO - Duodécima Estación:
EL DOLOR DE LA PASIÓN DE MARÍA, UNIDO A LA CRUENTA CRUCIFIXIÓN, AGONÍA Y MUERTE DE SU HIJO EN LA CRUZ - Decimotercera Estación:
EL DOLOR DE MARÍA POR EL GOLPE DE LANZA EN EL COSTADO Y EL BAJAMIENTO DE JESÚS DE LA CRUZ EN SUS BRAZOS - Decimocuarta Estación:
EL DOLOR DE MARÍA POR LA DEPOSICIÓN DE JESÚS EN EL SEPULCRO: AGONÍA Y SOLEDAD DE LA MADRE
- Primer Estación:
- Consagración al Corazón Inmaculado de María
- Apéndice: María y la Shekinah
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Dios Padre: «



“Si supierais cómo resplandecéis después de acercaros debidamente al Sacramento de la Confesión. (Jesús) está en el Confesionario y escucha cada palabra, ve en cada rincón de vuestro corazón y está deseoso de otorgar las gracias inherentes a Su Perdón.
“¡Os pido Mis hijos predilectos que paréis esta abominación! ¡No más ministros extraordinarios de la Eucaristía! ¡No más comuniones distribuidas por laicos, ni más comuniones en la mano!”




"Me coloco en la presencia de la Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo) y por el poder de la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, rompo, desbarato, pisoteo, aniquilo e invalido y cancelo de mi ser físico, síquico, biológico y espiritual, toda maldición que haya sido puesta sobre mí, sobre mi familia y árbol genealógico, por cualquier persona, familiar o antepasado por medio del ocultismo o espiritismo. Por el poder de la Sangre Preciosa de Nuestro Señor Jesucristo y por la intercesión de la Santísima Virgen María, San Miguel, San Gabriel, y San Rafael, rompo e invalido toda maldición, cualquiera que sea su naturaleza en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén (Repetir 3 veces la oración)"
"Oh Jesús de la Divina Misericordia, escucha mis súplicas hacia Ti, pues estoy aquí para hacer tu voluntad."
"Oh Glorioso Patriarca San José, Padre adoptivo de Jesús y Esposo Humilde y Casto de María; poderoso intercesor de las almas y guardián Fiel de la Iglesia; acudimos a vos, amado Padre, para que te dignes ampáranos y socorrednos en la lucha espiritual contra los enemigos de nuestra alma. Ven en nuestro auxilio y por tu humildad y pureza, líbranos de todo mal. San José terror de los demonios, venid en mi auxilio (3 veces)."
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha; sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los demás espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén"
Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el Cielo. Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo. Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo; tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta los duelos. Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos. Mira el vacío del hombre si Tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento. Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma al espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero. Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos. Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.
"Oh, Corazones de Jesús y de María; me consagro, consagro mi familia y al mundo entero, a vuestros Amantísimos Corazones. Atended a la súplica que os hago y aceptad nuestros corazones en los Vuestros, para que seamos librados y protegidos nosotros y el mundo entero de toda maldad y de todo pecado. Que la protección de vuestros Dos Corazones, sean refugio, fortaleza y amparo, en las luchas espirituales de cada día. Que el poder de vuestros Dos Corazones, irradie al mundo para que sea protegido de la maldad y el pecado. Nos consagramos voluntariamente y consagramos a la humanidad entera avuestros Corazones; seguros y confiados por vuestra Gran Misericordia, de obtener la victoria sobre las fuerzas del mal en este mundo, y la Gloria Eterna en el Reino de Dios. Amén."