2 de mayo de 2026 – Mensaje del Cielo a la hermana Beghe, Francia

(Lectura: 2-3 min.)
«Mis muy queridos hijos,
Vuelvo a ustedes porque son Mis hijos, y un Padre, un Hermano, necesita a los Suyos aún más de lo que ustedes Me necesitan a Mí. Ciertamente, ustedes me necesitan por completo porque, sin Mí, ni siquiera existirían, ¡pero mi Amor los necesita tanto a ustedes, por Amor y por un deseo más fuerte que el Amor! Es el Amor el que me ha llevado ante ustedes, y es tan grande, tan puro, tan atento, que sin ustedes, sería como un Padre que ha perdido a sus hijos.
Su amor me colma, pues cada muestra de su amor me llena el Corazón de emoción, ternura y esperanza, porque ya los veo a mi lado en Mi Cielo, que es Mi Morada y a la que los invito para una eternidad sin fin.
Allí estarán en casa, perfectos como Yo soy perfecto, poderosos como Yo soy Todopoderoso, y humildes como Yo soy la Humildad perfecta. Estarán a Mi lado, conociéndome como Yo los conozco, amándome como Yo los amo y disponibles como Yo lo soy para todos.
Hijos míos, piensen bien en ese momento en que serán perfectos con la perfección de los santos, pues ese momento llegará y ya deben prepararse para él: no tengan otra ambición que la de hacer la voluntad de Dios en cada instante de su vida, en cada minuto, en cada segundo.
Únanse a su Ángel de la guarda, piensen en él antes de cada acción, rísenle que actúe según les inspire, para que ninguno de sus actos sea irreflexivo, sino que esté unido a él, quien está unido a Dios.

Así era Yo en la tierra, unido a Dios, deseando únicamente Su Voluntad en todas las cosas, tanto en las más pequeñas como en las más grandes; y en la Cruz, estaba tan unido a Él que Su alejamiento de Mí, a causa de todos los pecados de todos los hombres que entonces llevaba sobre Mí, –Hombre-Dios, ciertamente, pero Hombre plenamente y, por consiguiente, también rechazado en ese momento tan desgarrador de Mi caída– fue motivo de una angustia extrema: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mc 15, 34).
Fui crucificado por la voluntad de los hombres, sí, pero también por la Voluntad divina, por Mi aceptación de llevar sobre Mí todos los pecados del mundo y de reparar, en lugar de los hombres, su inmensidad ignominiosa que los separaba de Dios.

Dios Me dejó solo en esos instantes de Justicia divina y Mi Alma sufrió entonces una gran angustia. Sentí un inmenso sentimiento de soledad, de abandono, y esa amargura me conmovió profundamente. Sufría físicamente dolores que me devastaban y Mi Alma, abandonada y solitaria, no debía ceder.
Yo lo sabía y esa lucha interior, en momentos de tan grandes sufrimientos corporales, fue desconocida para los hombres, pero bien conocida por Dios. Fue ejemplar, constante e inmutable; se había ejercitado durante todos los segundos de Mi vida terrenal en complacer a Dios y, una vez más, cuando lo había perdido todo, se mantuvo coherente consigo misma, aceptando todo de la Voluntad divina hasta Su propia condena… pero Dios no lo permitió y Mi Alma, victoriosa en esta última lucha contra el acoso de los demonios y de todo el infierno, se reunió con Dios y salió victoriosa del Hades, de la infamia y de su desnudez.
Recuerden bien esto, Mis Amados: He sufrido más que ningún otro ser humano; conozco sus sufrimientos, me compadezco plenamente de ellos porque los conozco todos; soy su Amigo, su Amigo compasivo, y pueden confiarme todo: sus miedos, sus temores, sus males, sus preocupaciones, sus penas y sus desgarros. Los conozco todos por haberlos soportado todos y, sin menospreciarlos, los he sufrido más que ustedes: en Mi Cuerpo, en Mi Alma, y he obtenido para ustedes su absolución.

Arrodíllense a Mis pies; junto a Mí están a salvo, junto a Mí no tienen nada que temer; sus sufrimientos son asumidos por Mis sufrimientos, sus pecados son absueltos por Mi Sacrificio; solo les pido que los reconozcan, los confiesen y se arrepientan de ellos para no volver a caer en ellos.
Confíen en Mí; les doy y les daré los dones del Espíritu Santo, Dios, y lucharán junto a Mis Santos, obteniendo como ellos la santidad y, al partir de la tierra, la Vida eterna.
Les bendigo, Mis Amados, y los espero.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (+). Así sea.
Su Señor crucificado por ustedes».
Fuente: https://srbeghe.blog/





Dios Padre: «



“Si supierais cómo resplandecéis después de acercaros debidamente al Sacramento de la Confesión. (Jesús) está en el Confesionario y escucha cada palabra, ve en cada rincón de vuestro corazón y está deseoso de otorgar las gracias inherentes a Su Perdón.
“¡Os pido Mis hijos predilectos que paréis esta abominación! ¡No más ministros extraordinarios de la Eucaristía! ¡No más comuniones distribuidas por laicos, ni más comuniones en la mano!”




"Me coloco en la presencia de la Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo) y por el poder de la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, rompo, desbarato, pisoteo, aniquilo e invalido y cancelo de mi ser físico, síquico, biológico y espiritual, toda maldición que haya sido puesta sobre mí, sobre mi familia y árbol genealógico, por cualquier persona, familiar o antepasado por medio del ocultismo o espiritismo. Por el poder de la Sangre Preciosa de Nuestro Señor Jesucristo y por la intercesión de la Santísima Virgen María, San Miguel, San Gabriel, y San Rafael, rompo e invalido toda maldición, cualquiera que sea su naturaleza en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén (Repetir 3 veces la oración)"
"Oh Jesús de la Divina Misericordia, escucha mis súplicas hacia Ti, pues estoy aquí para hacer tu voluntad."
"Oh Glorioso Patriarca San José, Padre adoptivo de Jesús y Esposo Humilde y Casto de María; poderoso intercesor de las almas y guardián Fiel de la Iglesia; acudimos a vos, amado Padre, para que te dignes ampáranos y socorrednos en la lucha espiritual contra los enemigos de nuestra alma. Ven en nuestro auxilio y por tu humildad y pureza, líbranos de todo mal. San José terror de los demonios, venid en mi auxilio (3 veces)."
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha; sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los demás espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén"
Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el Cielo. Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo. Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo; tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta los duelos. Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos. Mira el vacío del hombre si Tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento. Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma al espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero. Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos. Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.
"Oh, Corazones de Jesús y de María; me consagro, consagro mi familia y al mundo entero, a vuestros Amantísimos Corazones. Atended a la súplica que os hago y aceptad nuestros corazones en los Vuestros, para que seamos librados y protegidos nosotros y el mundo entero de toda maldad y de todo pecado. Que la protección de vuestros Dos Corazones, sean refugio, fortaleza y amparo, en las luchas espirituales de cada día. Que el poder de vuestros Dos Corazones, irradie al mundo para que sea protegido de la maldad y el pecado. Nos consagramos voluntariamente y consagramos a la humanidad entera avuestros Corazones; seguros y confiados por vuestra Gran Misericordia, de obtener la victoria sobre las fuerzas del mal en este mundo, y la Gloria Eterna en el Reino de Dios. Amén."