M. 5676 – 12 de septiembre del 2026
Nuestra Señora de Anguera: “Queridos hijos, vuelvan a Jesús. Él les ama y les espera con los brazos abiertos. Acérquense al Sacramento de la Confesión y busquen Su Misericordia. Es en esta vida, y no en otra, donde deben dar testimonio de su fe. Sean dóciles a Mi llamado y tendrán el Cielo como recompensa. Ustedes pertenecen al Señor y solo a Él deben seguir y servir. La humanidad camina ciega espiritualmente y ha llegado el momento de buscar la luz de Dios. Si no se convierten, beberán el cáliz amargo del sufrimiento. Denme sus manos, pues deseo guiarlos al Cielo. No quiero obligarlos, pero lo que digo debe tomarse en serio. Oren por la Iglesia de Mi Jesús. Se acerca un tiempo de gran dolor para los hombres y mujeres de fe. Pase lo que pase, no se alejen de la verdadera Iglesia de Mi Jesús. ¡Ánimo! Yo intercederé ante Mi Jesús por ustedes. … Os bendigo en Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (+). Amén. Quedad en paz.”
(apelosurgentes.com.br)



“Si supierais cómo resplandecéis después de acercaros debidamente al Sacramento de la Confesión. (Jesús) está en el Confesionario y escucha cada palabra, ve en cada rincón de vuestro corazón y está deseoso de otorgar las gracias inherentes a Su Perdón.
“¡Os pido Mis hijos predilectos que paréis esta abominación! ¡No más ministros extraordinarios de la Eucaristía! ¡No más comuniones distribuidas por laicos, ni más comuniones en la mano!”
"Oh, Corazones de Jesús y de María; me consagro, consagro mi familia y al mundo entero, a vuestros Amantísimos Corazones. Atended a la súplica que os hago y aceptad nuestros corazones en los Vuestros, para que seamos librados y protegidos nosotros y el mundo entero de toda maldad y de todo pecado. Que la protección de vuestros Dos Corazones, sean refugio, fortaleza y amparo, en las luchas espirituales de cada día. Que el poder de vuestros Dos Corazones, irradie al mundo para que sea protegido de la maldad y el pecado. Nos consagramos voluntariamente y consagramos a la humanidad entera avuestros Corazones; seguros y confiados por vuestra Gran Misericordia, de obtener la victoria sobre las fuerzas del mal en este mundo, y la Gloria Eterna en el Reino de Dios. Amén."