¡Conviértanse, es urgente! “Yo no me canso mientras yo tenga vida, mientras Cristo me tenga con vida, voy a gritar, a gritar siempre: ¡Hermanos conviértanse! ¡Hermanos por favor conviértanse, es urgente! ¡No pierdan tiempo, es urgente! ¿Por qué? Porque muchos esperan grandes acontecimientos poco a poco. ¡No! ¡Los grandes acontecimientos se van a dar en pocos días! ¡Todos! Y vendrá el Aviso! [...] Confiemos en la palabra de Cristo, y pedimos el discernimiento al Espíritu Santo para no tomar decisiones equivocadas" –Luz de María.****
(485) – Mensaje del Cielo a la hermana Beghe, Francia. Haz la Señal de la Cruz y lee todo sin prisa

(Lectura: 3 min.)
«Mis muy queridos hijos,
Mi Amor por ustedes es inmenso y ustedes no lo saben lo suficiente. Sean para Mí como Yo lo soy para ustedes, totales, permanentes, y estén siempre orando. Sí, la oración es una unión con Dios, un pensamiento constante, la oración es la compañía de Dios, Su presencia, Su unción.
Un alma en oración es querida por el Altísimo porque se une a Él; en el Cielo, la unión de Dios con las almas santas es total. Él les comunica Sus pensamientos y todo lo que Él es. En el Cielo, el santo es un verdadero hijo de Dios que se ha hecho adulto, es íntimo de Su Divino Padre.
Cuando un hombre adulto es amado por su padre terrenal, este no le oculta nada, lo comparte todo, sus empresas, sus secretos, sus necesidades y sus esperanzas. Para Dios ocurre lo mismo: el santo es como Su confidente, no le oculta nada porque Su confianza en Su hijo que se ha hecho adulto es total. El hijo que se ha hecho grande también se encuentra en un estado de confianza total, de abandono total a la Voluntad Divina, y todo lo que Dios quiere, el Santo también lo quiere. Por eso, en el Cielo reina la confianza, reina el amor, la empresa concertada es siempre perfecta porque todo lo que Dios hace es perfecto.

Los Santos siempre están dispuestos a cumplir la Voluntad Divina porque es perfecta y ellos también la ven así.
“Dios quiere, yo hago”, dicen los Santos. En la tierra, los hombres también deberían pensar así: “Dios quiere, yo hago”. “Hágase Tu Voluntad en la tierra como en el Cielo”, enseña la hermosa oración del Padrenuestro.
Sí, si los hombres en la tierra pensaran en cada momento en la Voluntad de Dios en lo que hacen, el mundo sería santo. Sin embargo, ese es el deseo que expresan cada día quienes rezan el Padrenuestro y luego lo olvidan sistemáticamente porque no se esfuerzan por hacer la voluntad de Dios en todas sus acciones.
Que vuestro propósito para este nuevo año sea este:
“Que Tu Voluntad, oh Dios, oh Padre Nuestro, sea nuestra preocupación constante y nos esforcemos por ejercerla tanto como podamos. Así, nos esforzaremos por complacerte a lo largo de nuestros días y ganaremos el Cielo al final de ellos”.

Hijos Míos, a menudo se preguntan qué hay que hacer, cómo hay que ser para ser santo. Apliquen esta resolución a lo largo de sus días y lo serán sin siquiera darse cuenta.
Cuando aman a un miembro de su familia, ¿cómo se comportan con él? Les complacen, se preocupan por él, satisfacen sus deseos. Conmigo es lo mismo: “Hágase Tu Voluntad en la tierra como en el Cielo”.
Todo está dicho en esta frase, hagan esto a su manera, a su nivel, y se unirán al ejército de los santos al final de sus días.
Algunos de ustedes desearían encontrar un buen director espiritual, un buen confesor, alguien que, como Yo, viera en las almas, en las conciencias. Tales servidores son raros, pero Yo soy Aquel a quien acuden cuando se acercan a los Sacramentos. Piensen en Mí, confiésense a Mí, comulguen postrándose ante Mí, porque soy Yo y solo Yo quien les da las gracias que necesitan, sea cual sea el servidor hábil o menos hábil que Me sirve. También elijo entre ustedes almas llamadas privilegiadas para traerles Mi palabra, pero todo se encuentra ya en los Evangelios, en el Nuevo Testamento.
Lean estos libros y vuelvan a leerlos, en ellos encontrarán todas las instrucciones necesarias, procedentes de la boca misma de Dios, para llegar a ser santos haciendo Mi Voluntad en la tierra como la harán perfectamente en el Cielo.
Practiquen, todo atleta necesita entrenamiento para llegar a ser un campeón, y todo santo es un campeón.

Antes de morir en la tierra, les di a Mi Madre como Madre para que no fueran huérfanos. Mi Madre, vuestra Madre, está siempre con ustedes, confíenle sus preocupaciones, sus distracciones, sus defectos y ruéguenle que les ayude a superarlos, a enfrentarlos santamente. Ella lo hará, no fallará. Mi Madre es una criatura como ustedes, podría haber pecado, pero nunca quiso hacerlo; imítenla y ruéguenle que les proteja y les muestre el camino que conduce a Mí. Todos los santos le tienen una gran devoción porque está cerca de ustedes y los conduce con seguridad al Cielo.
La devoción a Mi Santísima Madre, Corredentora y Mediadora de todas las gracias, es una fiesta fijada para el 31 de agosto de cada año por el papa Benedicto XV en 1921.
Su mediación ante Mí para todas las gracias fue afirmada en 1830 por Mi Madre ante Mi sierva, santa Catalina Labouré, de las Hijas de la Caridad de la Rue du Bac en París, quien recibió la orden de difundir la Medalla Milagrosa para que “las personas que la lleven reciban grandes gracias. Las gracias serán abundantes para las personas que tengan confianza”.
Que Mi Madre sea Vuestra confidente, vuestra referencia y vuestro gran amor filial para que, a través de Ella, no os falte nada.
Les bendigo, hijos Míos, amigos Míos, hermanos Míos, amados Míos, en el Nombre (+) del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Así sea.
Su Señor y Su Dios».
Fuente: srbeghe.blog





Dios Padre: «



“Si supierais cómo resplandecéis después de acercaros debidamente al Sacramento de la Confesión. (Jesús) está en el Confesionario y escucha cada palabra, ve en cada rincón de vuestro corazón y está deseoso de otorgar las gracias inherentes a Su Perdón.
“¡Os pido Mis hijos predilectos que paréis esta abominación! ¡No más ministros extraordinarios de la Eucaristía! ¡No más comuniones distribuidas por laicos, ni más comuniones en la mano!”




"Me coloco en la presencia de la Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo) y por el poder de la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, rompo, desbarato, pisoteo, aniquilo e invalido y cancelo de mi ser físico, síquico, biológico y espiritual, toda maldición que haya sido puesta sobre mí, sobre mi familia y árbol genealógico, por cualquier persona, familiar o antepasado por medio del ocultismo o espiritismo. Por el poder de la Sangre Preciosa de Nuestro Señor Jesucristo y por la intercesión de la Santísima Virgen María, San Miguel, San Gabriel, y San Rafael, rompo e invalido toda maldición, cualquiera que sea su naturaleza en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén (Repetir 3 veces la oración)"
"Oh Jesús de la Divina Misericordia, escucha mis súplicas hacia Ti, pues estoy aquí para hacer tu voluntad."
"Oh Glorioso Patriarca San José, Padre adoptivo de Jesús y Esposo Humilde y Casto de María; poderoso intercesor de las almas y guardián Fiel de la Iglesia; acudimos a vos, amado Padre, para que te dignes ampáranos y socorrednos en la lucha espiritual contra los enemigos de nuestra alma. Ven en nuestro auxilio y por tu humildad y pureza, líbranos de todo mal. San José terror de los demonios, venid en mi auxilio (3 veces)."
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha; sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los demás espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén"
Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el Cielo. Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo. Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo; tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta los duelos. Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos. Mira el vacío del hombre si Tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento. Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma al espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero. Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos. Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.
"Oh, Corazones de Jesús y de María; me consagro, consagro mi familia y al mundo entero, a vuestros Amantísimos Corazones. Atended a la súplica que os hago y aceptad nuestros corazones en los Vuestros, para que seamos librados y protegidos nosotros y el mundo entero de toda maldad y de todo pecado. Que la protección de vuestros Dos Corazones, sean refugio, fortaleza y amparo, en las luchas espirituales de cada día. Que el poder de vuestros Dos Corazones, irradie al mundo para que sea protegido de la maldad y el pecado. Nos consagramos voluntariamente y consagramos a la humanidad entera avuestros Corazones; seguros y confiados por vuestra Gran Misericordia, de obtener la victoria sobre las fuerzas del mal en este mundo, y la Gloria Eterna en el Reino de Dios. Amén."