¡Conviértanse, es urgente! “Yo no me canso mientras yo tenga vida, mientras Cristo me tenga con vida, voy a gritar, a gritar siempre: ¡Hermanos conviértanse! ¡Hermanos por favor conviértanse, es urgente! ¡No pierdan tiempo, es urgente! ¿Por qué? Porque muchos esperan grandes acontecimientos poco a poco. ¡No! ¡Los grandes acontecimientos se van a dar en pocos días! ¡Todos! Y vendrá el Aviso! [...] Confiemos en la palabra de Cristo, y pedimos el discernimiento al Espíritu Santo para no tomar decisiones equivocadas" –Luz de María.****
(A2124) Haz la señal de la cruz y lees todo sin prisa
§1: No puedo separarme de vosotros
§2: Me ofrecí por vosotros
§3: Querréis ver a Dios y lo veréis
§4: Comprended cuán importantes sois

§1
“Mis queridos Hijos, no puedo separarme de vosotros, por eso vuelvo para hablaros de algo grande.
- ¿De qué se trata?
- ¿Qué es grande a vuestros ojos, pero aún más a los Míos?
- Lo sospecháis, pero quizá no os atrevéis a expresarlo por miedo a equivocaros.
Lo que es grande, muy grande, a Mis ojos, ¡sois vosotros!
Es la humanidad, la humanidad de la que Me revestí para hacerme semejante a vosotros, para que pudierais conocerme íntimamente, pero también y sobre todo, sí, sobre todo para salvaros y teneros en Mi eterna compañía en el Cielo.
Vosotros sois lo grande a Mis ojos y demasiado a menudo no pensáis en ello. Sí, sois importantes a Mis ojos y Me gustaría tanto ser tan importante para vosotros.
§2
Cuando sufrí Mi Pasión, pensé en vosotros. Cuando fui clavado en la Cruz, la acepté por vosotros; y cuando durante 3 horas, largas y dolorosas, colgué del patíbulo, recé por vosotros, Me ofrecí por vosotros y morí humanamente por vosotros.

Mi Padre del Cielo, vuestro Padre del Cielo Me miró y aceptó cada uno de Mis suspiros, cada angustia, cada estremecimiento. Me miró y sin apartar la vista de Su hermosa mirada, Me alentó y Me aceptó.
Y entonces, en un momento dado, cuando grité: “Elôï, Elôï, lama sabachthani”, que significa “Dios Mío, Dios Mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mc 15, 4).

No Le cuestioné, sabía que todos los infames pecados mortales que había asumido en lugar de los pecadores de todos los tiempos, no podían tener otro desenlace que el alejamiento de Dios, Su ausencia, Su alejamiento de Mí, y lo acepté a pesar del inconcebible abandono en que Me encontraba entonces. Sí, porque Dios y los Ángeles se alejan de los malvados que están condenados al infierno, y entonces Yo cargué sobre Mí sus innumerables pecados.
Hijos Míos, comprended este dolor, este abandono, este desierto de amargura en el que Me encontré por vosotros, para vosotros, y venid a consolarme, ¡Me debéis tanto!
Luego, cuando morí, los demonios se abalanzaron sobre Mi Alma y experimenté peor lo que experimentan algunos moribundos cuando los demonios envidiosos aparecen ante sus ojos al morir. Yo permanecí digno y lleno de majestad, pero a ellos parecía no importarles. Por fin Me extirpé de sus garras mientras intentaban llevarme con ellos a su sucia guarida y partí hacia el Seol [1]. Animé a un gran número de almas y fui al Limbo de los Justos para darles Mi Vida y liberarlas.
§3
Volví a la tierra la noche de Pascua y resucité. Volví a tomar Mi Cuerpo, sublimándolo y, glorioso, salí de Mi sepulcro, dejando tras de Mí la prueba irrefutable de Mi Resurrección: el sudario, fotografía inexplicable de este milagro querido por Dios y dejado como regalo a Mi Iglesia.

Este estado de resucitado lo conoceréis todos los que Me sois fieles, y os parecerá tan natural como vuestra vida actual. De hecho, ya poseéis la vida sobrenatural, y la mantenéis comulgando devotamente, porque la Santa Iglesia, que os bautizó, os llena de la Vida Divina por medio de los Sacramentos. Y esto os parece natural porque, para la mayoría de vosotros, nacisteis en una familia católica y recibisteis, desde la cuna, la gran alegría de ser hijos de Dios [1]. Y para los que os habéis convertido y os habéis unido a la Santa Iglesia Católica, no os imagináis que pueda ser de otra manera.
Al pasar de la vida natural a la sobrenatural, querréis ver a Dios y lo veréis.
Probablemente pasaréis por el Purgatorio, porque pocos seréis ya santos cuando muráis, y el Purgatorio, ese lugar de privaciones, penitencias y satisfacciones, os hará prácticamente santos. Luego llegará el momento de vuestra liberación, de vuestra entrada en el Paraíso, ese lugar de intensa felicidad donde maduraréis en santidad y aprenderéis todo lo que agrada a Dios.

Y finalmente, a la hora del Gran Día y del Gran Encuentro, os revestiréis de vuestro cuerpo glorioso y entraréis, revestidos de luz y de gloria, en la Morada de Dios, la Eternidad que no tiene principio ni fin, y donde todos los hijos de Dios, santos en Su Santidad, bellos en Su Belleza, inteligentes en Su Inteligencia, sabios en Su Sabiduría, florecerán en Su Eternidad, con Él, por Él y en Él, para siempre.
Esto es lo que os he ganado por Mi Pasión y por Mi Muerte en la Cruz, y renuevo estas horas dolorosas en cada Misa para que cada generación se asocie a ellas y, por la santa Comunión con Mi Cuerpo entregado y Mi Sangre derramada, se una a Mí, a Mi Alma y a Dios, y se consagre a Mí para la Eternidad.
§4
Comprended cuán importantes sois a Mis ojos, que Mi Sacrificio no sea en vano, no Me abandonéis como los malvados o los indiferentes que no Me quieren ni a Mí ni a Mi Sacrificio por ellos.
Yo os bendigo, Mis queridos hijos, ¡os amo tanto! ¡Amadme tanto!
Los días que se avecinan prometen ser oscuros y sombríos, los demonios han invadido la tierra y muchas almas, demasiadas almas se dejan llevar a donde no deben ir. Ponen su futuro en manos de los malvados, no los reconocen por lo que son porque no han puesto su fe en Mí y no están iluminados por Mi Santo Espíritu.

Pero vosotros, hijos Míos, conocéis la verdad, Yo soy la Verdad; conocéis el camino, Yo soy ese Camino; conocéis la Vida verdadera, Yo soy esa Vida.
Acompañadme en el camino por el que os guío, y cuando todo temor se haya disipado, no tendréis miedo, como Yo no he temido caminar por el Camino de vuestra salvación.
(Haz la señal de la cruz para recibir la bendición)
Que Dios os bendiga, en el Nombre (+) del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Así sea.
Vuestro Señor y vuestro Dios.”
- La palabra del Antiguo Testamento para designar la morada de los muertos es Seol. Según la mayoría de los eruditos, deriva de una palabra que significa hueco. Para los hebreos, el Seol era simplemente el estado o morada de los muertos.
- Con el Sacramento del Bautismo Católico uno se convierte por Gracia en ‘hijos de Dios’, mientras los no bautizados son simplemente ‘criaturas’. Cuando uno oye: ‘él decidirá de adulto si se bautiza…’, es un error catastrófico.
Fuente: srbeghe.blog





Dios Padre: «



“Si supierais cómo resplandecéis después de acercaros debidamente al Sacramento de la Confesión. (Jesús) está en el Confesionario y escucha cada palabra, ve en cada rincón de vuestro corazón y está deseoso de otorgar las gracias inherentes a Su Perdón.
“¡Os pido Mis hijos predilectos que paréis esta abominación! ¡No más ministros extraordinarios de la Eucaristía! ¡No más comuniones distribuidas por laicos, ni más comuniones en la mano!”




"Me coloco en la presencia de la Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo) y por el poder de la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, rompo, desbarato, pisoteo, aniquilo e invalido y cancelo de mi ser físico, síquico, biológico y espiritual, toda maldición que haya sido puesta sobre mí, sobre mi familia y árbol genealógico, por cualquier persona, familiar o antepasado por medio del ocultismo o espiritismo. Por el poder de la Sangre Preciosa de Nuestro Señor Jesucristo y por la intercesión de la Santísima Virgen María, San Miguel, San Gabriel, y San Rafael, rompo e invalido toda maldición, cualquiera que sea su naturaleza en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén (Repetir 3 veces la oración)"
"Oh Jesús de la Divina Misericordia, escucha mis súplicas hacia Ti, pues estoy aquí para hacer tu voluntad."
"Oh Glorioso Patriarca San José, Padre adoptivo de Jesús y Esposo Humilde y Casto de María; poderoso intercesor de las almas y guardián Fiel de la Iglesia; acudimos a vos, amado Padre, para que te dignes ampáranos y socorrednos en la lucha espiritual contra los enemigos de nuestra alma. Ven en nuestro auxilio y por tu humildad y pureza, líbranos de todo mal. San José terror de los demonios, venid en mi auxilio (3 veces)."
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha; sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los demás espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén"
Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el Cielo. Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo. Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo; tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta los duelos. Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos. Mira el vacío del hombre si Tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento. Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma al espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero. Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos. Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.
"Oh, Corazones de Jesús y de María; me consagro, consagro mi familia y al mundo entero, a vuestros Amantísimos Corazones. Atended a la súplica que os hago y aceptad nuestros corazones en los Vuestros, para que seamos librados y protegidos nosotros y el mundo entero de toda maldad y de todo pecado. Que la protección de vuestros Dos Corazones, sean refugio, fortaleza y amparo, en las luchas espirituales de cada día. Que el poder de vuestros Dos Corazones, irradie al mundo para que sea protegido de la maldad y el pecado. Nos consagramos voluntariamente y consagramos a la humanidad entera avuestros Corazones; seguros y confiados por vuestra Gran Misericordia, de obtener la victoria sobre las fuerzas del mal en este mundo, y la Gloria Eterna en el Reino de Dios. Amén."