5 de octubre de 2026 – Mensaje del Cielo a la hermana Beghe, Francia
(Lectura: 3 min.)

«Mis muy queridos hijos,
No deseo hablarles de cosas sensacionalistas, aunque sé que les atraen; tienen sed de novedades, incluso de lo irreal, pero Yo, Su Padre y Su Dios, deseo sobre todo que tengan una gran fe, un gran amor y un gran interés por la Verdad.
Podría decirles lo que sucederá en uno, dos, tres años o más; eso Me resultaría sumamente fácil y entonces se verían arrastrados por lo sensacionalista.
Pero Yo, Su Señor, deseo instruirlos sobre todo en la fe para que sean sólidos y firmes cuando comiencen a ocurrir los acontecimientos que esperan.
Ya están comenzando y se irán intensificando hasta que ya no sean controlables desde el punto de vista humano. Deseo que, en ese momento, se refugien en Mí, en su fe, en la paz interior que brinda la confianza en Dios, para que, en medio de la confusión, sean rocas y un ejemplo para quienes los sigan.
Esa es la razón de Mis cartas: hacer crecer en ustedes una confianza inquebrantable en Dios, quien lo sabe todo, lo ve todo, lo comprende todo y les otorga Sus gracias para vivir tiempos que escapan al control humano.
Tales son los tiempos que se avecinan; ustedes lo presienten, pues las tensiones internacionales no desaparecerán como por arte de magia, ni tampoco las tensiones internas en sus respectivos países, ya que la vida cotidiana allí es difícil para muchos.
Mis muy queridos hijos, sepan que los amo y que, si Me rezan, estaré a su lado a cualquier hora del día y de la noche.
Deseo reavivar su fe, explicarles nuevamente lo que enseñé durante Mi vida en la tierra y que se encuentra expuesto en los evangelios y las epístolas del Nuevo Testamento.
Mis fieles de los primeros siglos eran verdaderos apóstoles; eran fervientes y no dudaron en dar su vida, en ser mártires, para no apostatar.
Pero hoy en día, ¿qué vemos?
Iglesias prácticamente vacías o incluso cerradas; hay pocos sacerdotes, escasas vocaciones, y la mayoría de los que aún ejercen su ministerio se centran más en un discurso social que en un discurso de fe y de enseñanza, como lo hacían los sacerdotes desde el púlpito en tiempos pasados: explicaban la necesidad de la fe, denunciaban los excesos y las debilidades humanas y, al salir de las Misas, los fieles se sentían revitalizados, listos para regresar con fe y firmeza a la vida civil.
Así era la sociedad de antaño, cuando Francia y Europa eran católicas, mientras que hoy en día hay que reiniciar esa conquista.
Sean apóstoles, tal como les he pedido; sí, retomen la fe de sus padres, conozcan su fe y sean “imbatibles” en lo que respecta al Nuevo Testamento.

Estén, pues, preparados para vivir los tiempos que se avecinan y, así como Yo, fuerte y generoso, cumplí Mi destino terrenal, salvando a los hombres, Mis hermanos, del dominio del demonio y de su furia; así como Yo, ustedes cumplirán su destino y Yo los recibiré en Mi Cielo cuando llegue su momento de entrar en él.
Hijos Míos, los tiempos que se avecinan no mejorarán y ustedes mismos saben por qué: Europa ya no tiene dinero para lo esencial, Francia ya no tiene dinero para lo esencial: las escuelas, los hospitales, el transporte, los bomberos, mientras que los anarquistas y los descontentos se manifiestan como demonios, rompiendo, destruyendo y saqueando [1].
Esta situación es humanamente insostenible, pero ya les advertí: el mal, al destruir sin cesar, se destruirá a sí mismo, y cuando llegue ese momento, Yo Me manifestaré porque los hombres estarán al límite.
Dios siempre interviene cuando ha llegado Su Hora, pero deja que el hombre se debata hasta que, abrumado y desamparado, lo llame en su auxilio.
Oren, hijos Míos, para conservar su fervor, su confianza y su dependencia de Dios, quien es su único recurso en todo momento: tanto en los momentos felices como en los infelices, Él siempre está junto a ustedes; deben saberlo, deben esperarlo y deben orarle.
Les bendigo, les protejo y permanezco junto a ustedes, quienes permanecen junto a Mí.
En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (+). Así sea.
Su Señor y Su Dios».
- Tensión y violencia en Francia. Francia está paralizada por las protestas estudiantiles. Los bloqueos, los enfrentamientos y los incendios se han multiplicado en los últimos días debido a la movilización, que empezó en las preparatorias de la región de París y se extendió rápidamente por todo el país (2 de octubre de 2026 – L’Osservatore Romano).
Fuente: https://srbeghe.blog/




Dios Padre: «



“Si supierais cómo resplandecéis después de acercaros debidamente al Sacramento de la Confesión. (Jesús) está en el Confesionario y escucha cada palabra, ve en cada rincón de vuestro corazón y está deseoso de otorgar las gracias inherentes a Su Perdón.
“¡Os pido Mis hijos predilectos que paréis esta abominación! ¡No más ministros extraordinarios de la Eucaristía! ¡No más comuniones distribuidas por laicos, ni más comuniones en la mano!”




"Me coloco en la presencia de la Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo) y por el poder de la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, rompo, desbarato, pisoteo, aniquilo e invalido y cancelo de mi ser físico, síquico, biológico y espiritual, toda maldición que haya sido puesta sobre mí, sobre mi familia y árbol genealógico, por cualquier persona, familiar o antepasado por medio del ocultismo o espiritismo. Por el poder de la Sangre Preciosa de Nuestro Señor Jesucristo y por la intercesión de la Santísima Virgen María, San Miguel, San Gabriel, y San Rafael, rompo e invalido toda maldición, cualquiera que sea su naturaleza en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén (Repetir 3 veces la oración)"
"Oh Jesús de la Divina Misericordia, escucha mis súplicas hacia Ti, pues estoy aquí para hacer tu voluntad."
"Oh Glorioso Patriarca San José, Padre adoptivo de Jesús y Esposo Humilde y Casto de María; poderoso intercesor de las almas y guardián Fiel de la Iglesia; acudimos a vos, amado Padre, para que te dignes ampáranos y socorrednos en la lucha espiritual contra los enemigos de nuestra alma. Ven en nuestro auxilio y por tu humildad y pureza, líbranos de todo mal. San José terror de los demonios, venid en mi auxilio (3 veces)."
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha; sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los demás espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén"
Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el Cielo. Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo. Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo; tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta los duelos. Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos. Mira el vacío del hombre si Tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento. Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma al espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero. Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos. Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.
"Oh, Corazones de Jesús y de María; me consagro, consagro mi familia y al mundo entero, a vuestros Amantísimos Corazones. Atended a la súplica que os hago y aceptad nuestros corazones en los Vuestros, para que seamos librados y protegidos nosotros y el mundo entero de toda maldad y de todo pecado. Que la protección de vuestros Dos Corazones, sean refugio, fortaleza y amparo, en las luchas espirituales de cada día. Que el poder de vuestros Dos Corazones, irradie al mundo para que sea protegido de la maldad y el pecado. Nos consagramos voluntariamente y consagramos a la humanidad entera avuestros Corazones; seguros y confiados por vuestra Gran Misericordia, de obtener la victoria sobre las fuerzas del mal en este mundo, y la Gloria Eterna en el Reino de Dios. Amén."