¡Conviértanse, es urgente! “Yo no me canso mientras yo tenga vida, mientras Cristo me tenga con vida, voy a gritar, a gritar siempre: ¡Hermanos conviértanse! ¡Hermanos por favor conviértanse, es urgente! ¡No pierdan tiempo, es urgente! ¿Por qué? Porque muchos esperan grandes acontecimientos poco a poco. ¡No! ¡Los grandes acontecimientos se van a dar en pocos días! ¡Todos! Y vendrá el Aviso! [...] Confiemos en la palabra de Cristo, y pedimos el discernimiento al Espíritu Santo para no tomar decisiones equivocadas" –Luz de María.****
(484) – Mensaje del Cielo a la hermana Beghe, Francia. Haz la Señal de la Cruz y lee todo sin prisa

(Lectura: 2 min.)
«Mis muy queridos, Mis tan queridos Hijos,
En esta época del año, es costumbre que Mis hijos se intercambien deseos y Yo, su Señor y su Dios, también quiero enviarles Mis mejores Deseos Divinos.
¿Qué puede desear un Dios para Sus hijos?
- En primer lugar, la santidad, porque a través de la santidad les doy la facultad de entrar en Mi Divina Morada, el Cielo;
- En segundo lugar, la santidad, porque a través de la santidad se asemejan a su Padre Celestial y a su Hermano Mayor que murió por ustedes en la Cruz;
- Tercero, la santidad, porque el Espíritu Santo los guía por Amor y ustedes se asemejan a Él, ya que el hombre santo actúa y se mueve por amor.
Por lo tanto, es el amor santo lo que les deseo en este comienzo de año: el amor caridad, el amor dulzura, el amor excelentísimo de la generosidad, el amor sublime de la entrega de sí mismo y del abandono total a la Divina Providencia.
Mis queridos hijos, hagan todo, sí, todo, por amor. Cuando aman, se olvidan de ustedes mismos, van al encuentro de su prójimo, aman dar gratuitamente, no se preocupan por el mañana porque Dios se preocupa por ustedes.
Ciertamente, deben ser prudentes, deben ser reflexivos, deben ser sabios, porque todas las virtudes son dones de Dios para el bien: el suyo y el de quienes les rodean.
Hijos Míos, les deseo la santidad en este año 2026 y pueden contar con Mí para ayudarles a alcanzar este hermoso estado si tal es también su deseo.
La santidad es un estado, es el estado de Dios, y hay que parecerse a Él para entrar en Su Divina Morada.
No dejarían entrar a un loco en su casa, no dejarían entrar a un intruso, tampoco dejarían entrar a ladrones.
Lo mismo ocurre con la Morada Divina: la felicidad de Dios es la felicidad de Sus hijos amados y ningún extraño a esta felicidad es admitido. Ningún pecador en estado de pecado es admitido, es necesario que se arrepienta, se convierta y se haga santo para tener acceso a la Morada Divina.
La santidad es un estado que solo se adquiere a costa de la penitencia, del olvido de sí mismo, del abandono de la voluntad propia, hay que esperar todo de la Divina Providencia, que es la mano de Dios que conduce los acontecimientos, y cuanto más se abandonen a Él, a Mí, mejor les guiará Él, mejor les guiaré Yo todos los días de su vida.
Estoy muy presente en la tierra, estoy presente en la Sagrada Eucaristía, estoy presente en los tabernáculos de las iglesias, y también estoy presente en sus almas y les doy Mi Vida, que alimenta sus almas y les inspira a hacer el bien, a amar a su prójimo, a recogerse en Mí para adherirse a Mi Voluntad, a imitar todos los ejemplos que les he dado durante Mi vida terrenal, que Mis apóstoles y Mis discípulos les han dado a lo largo de los siglos que siguieron, y que ustedes mismos darán tras ellos porque, por Mi Gracia, ustedes también serán santos si lo desean con perseverancia.

¿Qué hay que hacer para ser santo?
Primero hay que amar a Dios y manifestárselo con actos, con oraciones, con devoción; luego hay que amar al prójimo como a ustedes mismos por Mi Amor.
Yo soy el Creador de sus hermanos, los creé por amor, como los creé a ustedes por amor. Si los amo con tanto amor, hagan lo mismo: ámense los unos a los otros con mucho amor.
Esa es la clave de la santidad:
- La oración por amor a Dios.
- La obediencia a Sus Mandamientos por amor a Él.
- La caridad fraternal por amor a Él.
Si hacen esto, entrarán en Mi Divina Morada al final de su vida porque serán santos, y ese es Mi deseo para cada uno de ustedes en este comienzo de año.
¡Sean bendecidos, Mis muy queridos hijos, sean santos y estarán conmigo por toda la eternidad, sin fin y para siempre!
Vengan, vengan, vengan, ustedes son Míos, sin ustedes Yo estaría incompleto porque los creé para que fueran infinitamente felices, infinitamente ricos, infinitamente hermosos y para siempre en Mi compañía.
Vengan, hijos Míos, vengan, he venido a ustedes en esta Nochebuena, ¡los quiero para Mí por toda la eternidad! ¡Vengan, vengan!
Los bendigo, en el Nombre (+) del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Así sea.
Su Señor y Su Dios».
Fuente: srbeghe.blog





Dios Padre: «



“Si supierais cómo resplandecéis después de acercaros debidamente al Sacramento de la Confesión. (Jesús) está en el Confesionario y escucha cada palabra, ve en cada rincón de vuestro corazón y está deseoso de otorgar las gracias inherentes a Su Perdón.
“¡Os pido Mis hijos predilectos que paréis esta abominación! ¡No más ministros extraordinarios de la Eucaristía! ¡No más comuniones distribuidas por laicos, ni más comuniones en la mano!”




"Me coloco en la presencia de la Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo) y por el poder de la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, rompo, desbarato, pisoteo, aniquilo e invalido y cancelo de mi ser físico, síquico, biológico y espiritual, toda maldición que haya sido puesta sobre mí, sobre mi familia y árbol genealógico, por cualquier persona, familiar o antepasado por medio del ocultismo o espiritismo. Por el poder de la Sangre Preciosa de Nuestro Señor Jesucristo y por la intercesión de la Santísima Virgen María, San Miguel, San Gabriel, y San Rafael, rompo e invalido toda maldición, cualquiera que sea su naturaleza en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén (Repetir 3 veces la oración)"
"Oh Jesús de la Divina Misericordia, escucha mis súplicas hacia Ti, pues estoy aquí para hacer tu voluntad."
"Oh Glorioso Patriarca San José, Padre adoptivo de Jesús y Esposo Humilde y Casto de María; poderoso intercesor de las almas y guardián Fiel de la Iglesia; acudimos a vos, amado Padre, para que te dignes ampáranos y socorrednos en la lucha espiritual contra los enemigos de nuestra alma. Ven en nuestro auxilio y por tu humildad y pureza, líbranos de todo mal. San José terror de los demonios, venid en mi auxilio (3 veces)."
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha; sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los demás espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén"
Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el Cielo. Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo. Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo; tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta los duelos. Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos. Mira el vacío del hombre si Tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento. Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma al espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero. Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos. Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.
"Oh, Corazones de Jesús y de María; me consagro, consagro mi familia y al mundo entero, a vuestros Amantísimos Corazones. Atended a la súplica que os hago y aceptad nuestros corazones en los Vuestros, para que seamos librados y protegidos nosotros y el mundo entero de toda maldad y de todo pecado. Que la protección de vuestros Dos Corazones, sean refugio, fortaleza y amparo, en las luchas espirituales de cada día. Que el poder de vuestros Dos Corazones, irradie al mundo para que sea protegido de la maldad y el pecado. Nos consagramos voluntariamente y consagramos a la humanidad entera avuestros Corazones; seguros y confiados por vuestra Gran Misericordia, de obtener la victoria sobre las fuerzas del mal en este mundo, y la Gloria Eterna en el Reino de Dios. Amén."