Las Apariciones de Nuestra Señora en Fatima, 1917, Portugal

Visteis el infierno, a donde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón

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Fatima: La Historia

La Santísima Virgen María, la Madre de Dios, se les apareció en seis ocasiones a los tres pastorcitos cerca del pueblo de Fátima, Portugal, entre el 13 de mayo y el 13 de octubre de 1917. En Sus apariciones, la Santísima Virgen les dijo a los niños que Dios La había enviado con un Mensaje para cada hombre, mujer y niño que viviera en nuestro siglo. En un momento en el cual la civilización estaba dividida por la guerra y la violencia sangrienta, Ella prometió que el Cielo le otorgaría la paz al mundo entero si Sus peticiones por la oración, la reparación y la consagración eran escuchadas y obedecidas.

“Si hacen lo que Yo os diga... tendrán paz.”

Nuestra Señora les explicó a los niños que la guerra es un castigo por el pecado, y les advirtió que Dios castigaría la desobediencia del mundo a Su Voluntad con la guerra, el hambre y la persecución en contra de la Iglesia, del Santo Padre y de los Fieles catolicos. La Madre de Dios profetizó que Rusia sería el "instrumento de castigo" elegido por Dios que esparciría los "errores" del ateísmo y del materialismo alrededor de la tierra, fomentando guerras, aniquilando naciones y persiguiendo a los Fieles en todas partes

“Si no atendieran a mis deseos, Rusia esparcirá sus errores por el mundo promoviendo guerras y persecuciones contra la Iglesia. Los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá mucho que sufrir, varias naciones serán aniquiladas.”

En todas Sus apariciones en Fátima, la Santísima Madre hizo énfasis repetidamente en la necesidad de rezar el Rosario diariamente, de llevar puesto el Escapulario Castaño de Monte Carmelo y de llevar a cabo actos de reparación y sacrificio. Para impedir el terrible castigo a manos de Rusia, y para convertir a “esa pobre nación”, Nuestra Señora pidió la Consagración solemne y pública de Rusia a Su Corazón Inmaculado, hecha por el Papa y todos los obispos católicos del mundo. Pidió también que los Fieles practicaran una nueva devoción de reparación el primer sábado durante cinco meses consecutivos ("los Cinco Primeros Sábados").

El corazón del Mensaje de Nuestra Señora al mundo está contenido en lo que ha venido a llamarse el “Secreto” que Ella le confió a los tres niños videntes en julio de 1917. El Secreto consiste en realidad de tres partes, las dos primera de las cuales ya han sido públicamente reveladas. La primera parte del Secreto fue una horrorizante visión del infierno “donde van las almas de los pobres pecadores”, y contenía una urgente súplica de Nuestra Señora para llevar a cabo actos de oración y sacrificio para salvar almas. La segunda parte del Secreto profetizó específicamente el estallido de la Segunda Guerra Mundial y contenía la solemne petición de la Madre de Dios, de la Consagración de Rusia, como condición para la paz mundial. También predijo el inevitable triunfo de Su Corazón Inmaculado después de la consagración de Rusia y la conversión de “esa pobre nación” a la Fe Católica.

La última parte del Secreto (a veces llamada el "Tercer Secreto") aún no ha sido dada a conocer, pero fue escrita por Lucía dos Santos, el último viviente de los videntes de Fátima, en 1944 y ha estado en posesión de la Santa Sede desde 1957. Fuentes de información sumamente confiables especulan que esta porción del Secreto se refiere al caos en la Iglesia Católica, prediciendo la extensamente difundida apostasía y la pérdida de la fe que se inició en la sexta década del siglo XX.

“Visteis el infierno donde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlos Dios quiere establecer en el mundo la devoción a Mi Inmaculado Corazón. Si hacen lo que yo os diga se salvarán muchas almas y tendrán paz.”

Cuando Ella les confió el Secreto de Fátima a los tres videntes, la Santísima Virgen prometió también que en octubre siguiente Dios realizaría un gran milagro “para que todos crean”. El 13 de octubre de 1917, en presencia de 70.000 testigos, se realizó un milagro en el cielo de Fátima en el momento y lugar exactos que los niños habían anunciado anteriormente. Cuentan testigos que el sol realmente parecía “bailar” en el cielo y caer a tierra para retomar después su lugar normal en el firmamento.

“El último mes haré el milagro para que todos crean.”

Este evento se conoce ahora como "el Milagro del Sol" y ha sido caracterizado, justificadamente, como el acontecimiento sobrenatural más grande del siglo XX. Como lo ha hecho notar una de las principales autoridades sobre Fátima, “este gran milagro no (sólo) pertenece al dominio de la fe, o incluso al de la ciencia. Es, antes que otra cosa, un evento histórico.”

       La Iglesia Católica ha aprobado oficialmente al Mensaje de Fátima como “digno de ser creído” desde 1930. Cinco Papas sucesivos han indicado públicamente su aprobación y creencia en la validez y la importancia crítica de las apariciones de Fátima. Varios Papas han visitado Fátima en peregrinación solemne, y el Papa Juan Pablo II ha ido al menos una vez cada década de su pontificado. Su Santidad ha acreditado públicamente a Nuestra Señora de Fátima por haberle salvado la vida durante un intento de asesinato el 13 de mayo de1981 (el cual, tenga presente, tuvo lugar durante el 64 aniversario de la primera aparición de Fátima).." El año siguiente, mientras estaba en Fátima para darle gracias a la Virgen por su intervención salvadora, el Papa declaró que "el Mensaje de Fátima es más relevante y más urgente" hoy que inclusive cuando Nuestra Señora se apareció por primera vez.

Por fin Mi Corazón Inmaculado triunfará. El Santo Padre me consagrará Rusia que se convertirá y será concedido al mundo algún tiempo de paz."

En los años que siguieron a las apariciones de la Reina del Cielo en Fátima, se han producido innumerables libros, folletos, grabaciones, películas y programas de video como parte de un creciente movimiento mundial de fe y devoción (véase el Our Lady's Book Service). La creencia en las apariciones de Fátima y en el Mensaje pleno de Nuestra Señora es hoy en día sinónimo, de una adhesión ortodoxa a las doctrinas, ritos, prácticas y enseñanzas tradicionales de la Iglesia Católica Romana. Muchos teólogos creen que el Mensaje de Nuestra Señora está diseñado, de manera única, para los tiempos difíciles y penosos en los que hoy vivimos, y sugieren que la salvación del mundo de la guerra, el hambre y la necesidad, así como la salvación de la Iglesia Católica de la apostasía y el caos, y la salvación de incontables millones de almas de la condenación eterna, dependen todas ellas de la intervención del Cielo. Aunque severo en su advertencia de los terribles castigos por el pecado y la desobediencia, el Mensaje de Fátima continúa siendo fundamentalmente un mensaje de afirmación de la vida y de fomento de la fe, y de paz y esperanza para todos los Católicos y todos aquéllos otros de buena voluntad.

“Sólo Yo os puedo ayudar... Mi Corazón Inmaculado será tu refugio y el camino que te conducirá hasta Dios.”
 

 

 

 

 

 

El Ángel que precedió a la Virgen de Fátima

La aparición de ángeles, como portadores de mensajes, a fin de ayudar a los hombres a comprender mejor la palabra y la voluntad de Dios, ha sido una constante en la historia de las religiones. En Fátima, en 1916, aproximadamente un año antes de las apariciones de la Madre de Dios, por tres veces un Angel visitó a los tres pastorcitos. Precursor de la Virgen, anunciador de acontecimientos mayores, preparaba el alma de los videntes para comprender mejor, vivir y difundir el mensaje de la Virgen.

Primera aparición del Ángel

La primera aparición del Angel tuvo lugar en la primavera del 1916 (los videntes no recuerdan el día exacto), en la Loca do Cabego, la loma rocosa cercana a Aljustrel. Era un día lluvioso y los tres pastorcitos habían buscado refugio entre las rocas. Cuando el cielo se despejó, permanecieron en aquel lugar jugando, mas de repente una extraña luz aparece por el oriente y se acerca a ellos. Cuando estuvo muy cerca, se dieron cuenta de que tenía «la forma de un joven de unos 14015 años, más blanco que la nieve y transparente como el cristal atravesado por los rayos del sol, y de gran belleza» (Lucía). Se aproximó a ellos y les dijo: «iNo temáis! Soy el Angel de la Paz. Rezad conmigo». Se arrodilló, inclinando el rostro hasta el suelo, y les hizo decir tres veces la siguiente oración:

«Dios mío, yo creo y espero en Vos, Os adoro y Os amo. Os pido perdón por los que no creen, ni adoran, ni esperan, ni Os aman». Después, levantándose, les dice: «Orad así. Los Corazones de Jesús y de María están atentos a la voz de vuestras súplicas». Luego desapareció.

Durante todo aquel día y el siguiente, los trespastorcitos se sintieron totalmente inmersos en la presencia de Dios hasta el punto de no ser capaces de hablar ni siquiera entre ellos.

Segunda aparición del Ángel

Sucedió unos dos meses más tarde, en el verano de 1916, mientras los pastorcitos estaban jugando junto al pozo que se encuentra en la parte posterior de la casa de Lucía. Inesperadamente se les aparece el mismo Angel que les dice:

«¿Qué hacéis? Rezad, rezad mucho. Los Corazones de Jesús y de María tienen sobre vosotros designios de misericordia. Ofreced constantemente al Altísimo oraciones y sacrificios».

«¿Cómo debemos sacrificarnos?», pregunta Lucía.

«De todo lo que podáis, ofreced un sacrificio al Señor, en reparación por los pecados con que es ofendido y como acto de súplica por la conversión de los pecadores».

Estas palabras impresionaron profundamente a los tres pastorcitos. A partir de entonces recitaron repetidas veces la oración que el Angel les enseñara en la primera aparición y comenzaron a ofrecer numerosos sacrificios a Dios.

Tercera aparición del Ángel

En otoño de aquel mismo año, 1916, los pastorcitos se encontraban un día en la Loca do Cabego, el lugar de la primera aparición. Mientras, postrados en tierra, recitaban la oración del Angel, una luz les envuelve. Levantaron los ojos. El Angel estaba allí. Tenía en la mano izquierda un cáliz y sobre él una hostia de la que caían gotas de sangre. Dejando suspendidos en alto el cáliz y la hostia, el Angel se postró en tierra junto a los pastorcitos y les invita a repetir por tres veces la siguiente oración:

«Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Os adoro profundamente y Os ofrezco el preciosísímo Cuerpo, Sangre, Alma y divinidad de Jesucristo, presente en todos los Sagrarios de la tierra, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que El mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Santísimo Corazón y del Corazón Inmaculado de María, os pido la conversión de los pobres pecadores».

Luego, levantándose, el Angel tomó el cáliz y la hostia. A Lucía le dió la hostia y a Francisco y a Jacinta el contenido del cáliz, diciendo:

«Tomad y bebed el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, horriblemente ultrajado por los hombres ingratos. Reparad sus crímenes y consolad a vuestro Dios».

Postrándose de nuevo, repitió con los pastorcitos otras tres veces la oración anterior: «Santísima Trinidad...». Después se marchó. Su misión estaba cumplida. Seis meses más tarde el cielo se abriría de nuevo para dar paso a Aquella que tenía un mensaje de amor y de salvación para la humanidad.

 

 

 

Primera aparición de Nuestra Señora, 13 de mayo de 1917

Para el 13 de mayo de 1917 habían pasado varios meses desde la aparición final del Ángel a los tres niños. Ellos continuaban con la tarea de apacentar sus rebaños, y habían recuperado su antigua vivacidad y alegría. El 13 de mayo, después de la Misa dominical de esa mañana, ellos eligieron llevar sus ovejas a una propiedad de los padres de Lucía, llamada Cova da Iria. Después de comer su almuerzo a mediodía y de rezar el Rosario, los niños comenzaron a jugar. Repentinamente ellos vieron una suerte de relámpago, que les hizo creer que se estaba aproximando una tormenta, y comenzaron a descender la colina para volver a casa. A mitad de camino, en la pendiente, hubo otro destello de luz, y apareció una Señora sobre una encina. Lucía dice que era “una Señora, vestida toda de blanco, más brillante que el sol, irradiando una luz más clara e intensa que un vaso de cristal, lleno de agua cristalina, atravesado por los rayos del sol más ardiente”. Los niños se detuvieron y se encontraron dentro de la luz que emanaba de Ella. Lucía describe la aparición de esta forma:

Entonces Nuestra Señora nos dijo: - ‘No tengáis miedo. No os voy a hacer daño.’- ¿De donde es Vuestra Merced? -le pregunté.- ‘Soy del Cielo.’- ¿Y que es lo que Vuestra Merced quiere?- ‘Vengo a pediros que vengáis aquí seis meses seguidos, el día 13 a esta misma hora. Después os diré quien soy y lo que quiero. Después volveré aquí aun una séptima vez.’- Y yo, ¿también voy al Cielo? - ‘Si, vas.’ - Y, ¿Jacinta? - ‘También.’ - Y ¿Francisco? - ‘También, pero tiene que rezar muchos Rosarios.’ Entonces me acordé de preguntar por dos muchachas que habían muerto hacía poco. Eran amigas mías e iban a mi casa a aprender a tejer con mi hermana mayor. - ¿María das Neves ya está en el Cielo? - ‘Si, está.’ (Me parece que debía de tener unos dieciséis años) . - Y ¿Amelia? - ‘Estará en el Purgatorio hasta el fin del mundo.’ (Me parece que debía de tener de dieciocho a veinte años). - ‘¿Queréis ofreceros a Dios para soportar todos los sufrimientos que El quisiera enviaros, en acto de desagravio por los pecados con que es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores?’ - Si queremos. - ‘Tendréis, pues, mucho que sufrir, pero la gracia de Dios será vuestra fortaleza.’ Fue al pronunciar estas últimas palabras (la gracia de Dios, etc...) cuando abrió por primera vez las manos comunicándonos una luz tan intensa como un reflejo que de ellas se irradiaba, que nos penetraba en el pecho y en lo más íntimo del alma, haciéndonos ver a nosotros mismos en Dios que era esa luz, más claramente que nos vemos en el mejor de los espejos. Entonces por un impulso íntimo, también comunicado, caímos de rodillas y repetíamos intimamente: ‘Oh Santísima Trinidad, yo os adoro. Dios mío, Dios mío; yo os amo en el Santísimo Sacramento’. Pasados los primeros momentos, Nuestra Señora añadió: - ‘Rezad el Rosario todos los días para alcanzar la paz para el mundo y el fin de la guerra.’- ¿Podríais decirme si la guerra durará mucho o si terminará pronto? - ‘No te lo puedo decir aún, mientras no te haya dicho que es lo que quiero.’ Enseguida comenzó a elevarse suavemente, subiendo en dirección al naciente, hasta desaparecer en la inmensidad de la lejanía.

Durante las apariciones, el papel de cada uno de los niños fue distinto: Lucía era la única que hablaba con Nuestra Señora: Jacinta la veía y la escuchaba pero no hablaba; y Francisco la veía, pero él no podía escucharla, y luego debían decirle lo que Ella decía. En la Luz Divina que salió de las manos de Nuestra Señora en esta aparición, la impresión más profunda que recibieron los niños, especialmente Francisco, fue la tristeza de Dios. En realidad, consolar la tristeza de Dios se convertiría después en la voluntad particular de Francisco. Los niños comprendieron que Dios estaba muy ofendido por los pecados de la humanidad. Otro tema importante que sería reafirmado en cada aparición, fue la necesidad y el poder del Rosario. Nuestra Señora siempre llevó un Rosario en Sus manos cuando Ella se apareció; y en cada aparición recordó a los niños rezar el Rosario para obtener la paz.

Lucía explica la experiencia: “La aparición de Nuestra Señora vino a concentrarnos una vez más en lo sobrenatural, pero de una manera más suave (que las apariciones del Ángel). En lugar de aquel aniquilamiento en la Presencia Divina que nos postraba, incluso físicamente, nos quedó una gran paz y alegría prolongada, que no nos impedía hablar a continuación de cuanto había pasado”. Como Nuestra Señora no les había pedido hacer conocer lo que les había dicho, los niños decidieron que sería mejor guardar silencio sobre la aparición. La pequeña Jacinta, sin embargo, no pudo contener su alegría por más tiempo, y movida por una gracia especial, hizo inmediatamente un relato entusiasta de la aparición a sus padres. Como resultado de esto, la noticia se difundió rápidamente.

 

 

 

Segunda aparición de Nuestra Señora, 13 de junio de 1917

Los niños fueron a la Cova da Iria el 13 de junio, como lo habían prometido a Nuestra Señora, aun cuando eso significó faltar a las celebraciones de la festividad de San Antonio, Patrono de su parroquia y de Portugal. Cuando ellos llegaron a la Cova esa mañana, ya había varias docenas de personas reunidas allí, la mayoría de ellas de los caseríos vecinos, por donde se había difundido el rumor de la aparición.

Para el mediodía, el número de espectadores había crecido a unos cincuenta. Los espectadores recién habían concluido el rezo del Rosario, cuando Lucía gritó, “¡Allí está el relámpago!... Nuestra Señora está llegando!” El público no vio el relámpago ni a Nuestra Señora, pero un testigo observó que “durante la visión, las ramas del árbol estaban dobladas hacia abajo, como si el peso de Nuestra Señora estuviera descansando en ellas.” Esta observación demuestra que Nuestra Señora estaba, en realidad, físicamente presente, en Su cuerpo glorioso, y que los niños no estuvieron ‘viendo’ meramente una visión de autenticidad cuestionable. Otros de los presentes relataron que ellos habían escuchado algo como el sonido de una voz muy suave, aunque no pudieron distinguir lo que se estaba diciendo. También se observó que el brillo del sol de mediodía había diminuido considerablemente. Lucía da el relato de la segunda aparición de Nuestra Señora en su Cuarta Memoria:

...y enseguida (vimos) a Nuestra Señora sobre la encina, todo lo mismo que en mayo. ‘- ¿Que quiere de mi Vuestra Merced?’, pregunté. ‘- Quiero que vengáis aquí el día 13 del mes que viene; que recéis el Rosario todos los días y que tu aprendas a leer. Después diré lo que quiero.’ Pedí la curación de una persona enferma. ‘- Si se convierte, se curará durante el año.’ ‘- Quería pedirle que nos llevase al Cielo.’‘-Si, a Jacinta y a Francisco los llevaré pronto. Pero tu quedarás aquí algún tiempo más. Jesús quiere servirse de ti para darme a conocer y amar. El quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. A quien la abrazare, le prometo la salvación; y estas almas serán amadas por Dios, como flores puestas por Mi para adornar Su Trono.’ ‘- ¿Me quedo aquí sola?’ - pregunté con pena. ‘ - No, hija. ¿Y tu sufres mucho? No te desanimes. Yo nunca te dejaré. Mi Inmaculado Corazón será tu refugio y el camino que te conducirá hasta Dios.’

Fue en el momento en que dijo estas palabras, cuando abrió las manos y nos comunicó, por segunda vez, el reflejo de esa Luz inmensa. En ella nos veíamos como sumergidos en Dios. Jacinta y Francisco parecían estar en la parte de la luz que se elevaba al Cielo y yo en la que esparcía sobre la tierra. Delante de la palma de la mano derecha de Nuestra Señora estaba un corazón, cercado de espinos, que parecían estar clavados en él. Comprendimos que era el Inmaculado Corazón de María, ultrajado por los pecados de la Humanidad, que pedía reparación. Luego, cuando Nuestra Señora dejaba el árbol, la multitud escuchó un sonido como un petardo a la distancia. Lucía se levantó muy rápidamente y señalando gritó, “¡Mirad, allá va, allá va!” La multitud no la vio, pero notó que desde el árbol se levantó una pequeña nube que se elevaba hacia el este, desapareciendo gradualmente. La encina, sobre la cual Nuestra Señora había estado de pié, tenía sus ramas levemente inclinadas hacia el este.

En esta aparición, Nuestra Señora les había transmitido una vez más el reflejo de esa Luz Divina, en la cual les fue dado un conocimiento especial y un amor creciente por el Inmaculado Corazón de María. Lucía escribe, Paréceme que a partir de ese día, este reflejo infundió principalmente en nosotros un conocimiento y amor especial para con el Inmaculado Corazón de María; así, como en las otras dos veces pasadas, me parece lo tuvo con relación a Dios y al misterio de la Santísima Trinidad. Desde ese día, sentimos en nuestro corazón un amor más ardiente hacia el Inmaculado Corazón de María.

 

 

 

La tercera aparición de Nuestra Señora, 13 de julio de 1917
(El Secreto)

Al ocurrir la tercera aparición, una pequeña nube de color grisáceo flotó sobre la encina, el sol se obscureció, una brisa fresca sopló sobre la tierra, a pesar de ser el auge del verano. El Sr. Marto, padre de Jacinta y Francisco, que así lo cuenta, dice que oyó también un susurro parecido al de las moscas en un cántaro vacío. Los videntes vieron el reflejo de la acostumbrada luz y, enseguida, a Nuestra Señora sobre la encina.

Lucía: ¿Vuestra Merced qué desea de mí?
"Quiero que volváis el 13 del mes que viene y que continuéis rezando el rosario todos los días en honra de Nuestra Señora del Rosario para obtener la paz del mundo y el fin de la guerra, porque solo Ella les podrá socorrer".

Lucía: Quería pedirle que nos dijera quién es y que hiciera un milagro con el que todos crean que Vuestra Merced se nos aparece.
"Continúen viniendo aquí todos los meses. En octubre diré quién soy y lo que quiero, y haré un milagro que todos han de ver, para que crean".

Lucía presenta entonces una serie de pedidos de conversiones, curas y otras gracias. Nuestra Señora responde recomendando siempre la práctica del rosario, indicando así el modo por el cual alcanzarían las gracias durante el año.

"Sacrificaos por los pecadores y decid muchas veces, sobre todo cuando hagáis algún sacrificio: ¡Oh! Jesús, es por Vuestro amor, por la conversión de los pecadores Y en reparación por los pecados cometidos contra el Inmaculado Corazón de María".

Primera parte del Secreto: la visión del infierno

 Al decir estas últimas palabras —narra la Hermana Lucía— abrió de nuevo las manos como en los dos meses anteriores. El reflejo (de luz que ellas irradiaban) pareció penetrar la tierra y vimos como un gran mar de fuego y, sumergidos en ese fuego, a los demonios y las almas como si fuesen brasas transparentes y negras o bronceadas, con forma humana, que flotaban en el incendio llevadas por las llamas que de ellas mismas salían juntamente con nubes de humo, cayendo hacia todos los lados —semejante al caer de las chispas en los grandes incendios— sin peso ni equilibrio, entre gritos y gemidos de dolor y desesperación, que horrorizaban y hacían estremecer de pavor. Los demonios se distinguían por formas horribles y asquerosas de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes como negros carbones en brasa”.

La visión duró apenas un instante, durante el cual Lucía soltó un “!ay!. Ella comenta que, si no fuese por la promesa de Nuestra Señora de llevarles al cielo, los videntes se habrían muerto de susto y pavor. Asustados, pues, y como pidiendo socorro, los videntes levantaron los ojos hacia Nuestra Señora, que les dijo con bondad y tristeza:

Segunda Parte

“Visteis el infierno, a donde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. Si hacen lo que Yo os diga, se salvarán muchas almas y tendrán paz. Para impedirla, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón, y la comunión reparadora de los primeros sábados. Si atienden mis peticiones, Rusia se convertirá y habrá paz; si no, esparcirá sus erores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá que sufrir mucho, varias naciones serán aniquiladas. Por fin, mi Corazón Inmaculado triunfará. El Santo Padre me consagrará a Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz. En Portugal se conservará siempre la doctrina de la Fe, etc. Esto no se lo digáis a nadie. A Francisco, si podéis decírselo”.

Tercera Parte

 Después de las dos partes que ya he expuesto, hemos visto al lado izquierdo de Nuestra Señora un poco más en lo alto a un Ángel con una espada de fuego en la mano izquierda; centelleando emitía llamas que parecía iban a incendiar el mundo; pero se apagaban al contacto con el esplendor que Nuestra Señora irradiaba con su mano derecha dirigida hacia él; el Ángel señalando la tierra con su mano derecha, dijo con fuerte voz: ¡Penitencia, Penitencia, Penitencia! Y vimos en una inmensa luz qué es Dios: « algo semejante a como se ven las personas en un espejo cuando pasan ante él » a un Obispo vestido de Blanco « hemos tenido el presentimiento de que fuera el Santo Padre ». También a otros Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas subir una montaña empinada, en cuya cumbre había una gran Cruz de maderos toscos como si fueran de alcornoque con la corteza; el Santo Padre, antes de llegar a ella, atravesó una gran ciudad medio en ruinas y medio tembloroso con paso vacilante, apesadumbrado de dolor y pena, rezando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino; llegado a la cima del monte, postrado de rodillas a los pies de la gran Cruz fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros de arma de fuego y flechas; y del mismo modo murieron unos tras otros los Obispos sacerdotes, religiosos y religiosas y diversas personas seglares, hombres y mujeres de diversas clases y posiciones. Bajo los dos brazos de la Cruz había dos Ángeles cada uno de ellos con una jarra de cristal en la mano, en las cuales recogían la sangre de los Mártires y regaban con ella las almas que se acercaban a Dios. 

"Cuado recéis el Rosario, diréis, después de cada misterio: ¡Oh Jesús mío, perdónanos, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las almas al cielo, principalmente las más necesitadas!."

 

 

 

La cuarta aparición de Nuestra Señora, 13 y 19 de agosto de 1917

El 13 de agosto, se reunieron entre 10.000 y 20.000 personas en la Cova da Iria para esperar el arribo de Nuestra Señora. Sin embargo, los tres pequeños videntes no estaban presentes. El Administrador del distrito, Arturo de Oliveira Santos, un prominente francmasón, había encarcelado a los niños el 13 de agosto, y durante dos días él uso muchos medios, incluyendo la amenaza de hervirlos en aceite, para sonsacarles el secreto mismo, o una confesión de que ellos estaban mintiendo. Valerosamente los niños rechazaron traicionar su confianza y se mantuvieron firmes pese a todas las tácticas usadas. En realidad, creyendo que serían matados muy pronto, ellos estaban llenos de alegría ante el pensamiento de que pronto estarían en el Cielo. Este consentimiento a sufrir el martirio es otra prueba de la veracidad del Mensaje. Dándose cuenta que así no estaba yendo a ninguna parte, después de dos días, el administrador puso en libertad a los niños. Mientras los videntes estaban retenidos, el 13 de agosto, Nuestra Señora, no obstante, fue a la Cova da Iria y manifestó Su presencia a la gran multitud. Una fiel mujer describió la escena:

El estampido del trueno fué mas o menos similar al de la vez anterior. Algunos dijeron que vino del camino, otros de la encina... A mi me pareció que vino de muy lejos. Todos guardaron silencio, asustados... Al estampido del trueno siguió el relámpago, y entonces comenzamos a ver una pequeña nube, muy bonita, de color blanco, muy luminoso, que estuvo suspendida algunos momentos sobre la encina, luego se levantó hacia el cielo, y desapareció en la atmósfera. Cuando miramos alrededor de nosotros, observamos una cosa extraña, que ya habíamos visto la vez anterior, y que ibamos a ver otra vez en el futuro. Los rostros de la gente tenían todos los colores del arco iris: rosado, rojo, azul ... Los árboles no parecieron haber tenido ramas y hojas sino solo flores; todo pareció cargado de flores, y cada hoja pareció una flor. El suelo estaba cubierto con cuadrados de distintos colores. Las ropas también tuvieron todos los colores del arco iris.

Por la tarde del 19 de agosto, Lucía y Francisco, acompañados por Juan, el hermano mayor de Francisco, fueron a llevar sus ovejas a pastar. Este es el relato que dió la Hermana Lucía de lo que ocurrió:

Estando con las ovejas, en compañía de Francisco y de su hermano Juan en un lugar llamado Valinhos, y sintiendo que alguna cosa sobrenatural se aproximaba y nos envolvía, sospechando que Nuesta Señora viniese a aparecérsenos, y dándome pena que Jacinta se quedase sin verla, pedimos a su hermano Juan que fuese a llamarla.

Sin embargo Juan quiso quedarse y ver a Nuestra Señora. Lucía, entonces, le dió una moneda para que fuera a buscar a Jacinta, y le prometió otra para cuando volviera con ella. Mientras él corría a buscarla, Lucía y Francisco vieron el destello de luz característico, y en el momento en que arribó Jacinta, Nuestra Señora apareció sobre una encina. Sigue el relato de Lucía.

[Lucía preguntó:] - ¿Que es lo que Vuestra Merced quiere de mi?
"Quiero que sigáis yendo a Cova da Iria el día 13; que continuéis rezando el Rosario todos los días. El último mes haré un milagro para que todos crean. Si no hubiesen sido llevados a la ciudad, el milagro hubiera sido aún más grandioso. San José vendrá con el Niño Jesús, para dar la paz al mundo. Nuestro Señor vendrá a bendecir a la gente. Nuestra Señora del Rosario y Nuestra Señora de los Dolores también vendrán"

Que es lo que Vuestra Merced quiere que se haga con el dinero que la gente deja en Cova da Iria?
"Que hagan dos andas: una llévala tu con Jacinta y dos niñas más vestidas de blanco; y otra, que la lleve Francisco y tres niños más, también vestidos de blanco. El dinero de las andas es para la fiesta de Nuestra Señora del Rosario; lo que sobre es para ayudar a una capilla que deben hacer."

Quería pedirle la curación de algunos enfermos.
"Si; a algunos los curaré durante el año." (Luego poniéndose más triste, Nuestra Señora dijo:) "Rezad, rezad mucho, y haced sacrificios por los pecadores, pues van muchas almas al infierno, por no tener quien se sacrifique y pida por ellas." Y como de costumbre comenzó a elevarse en dirección al naciente.

Después de la aparición del 19 de agosto, los tres niños buscaron formas de hacer más sacrificios para ofrecer a Dios, “por [Su] amor, por la conversión de los pecadores, y en desagravio por los pecados cometidos contra el Inmaculado Corazón de María.” Lucía describe un ejemplo:

Pasados algunos días (de la aparición del 19 de agosto) íbamos con las ovejas por un camino, donde encontré un trozo de cuerda de un carro. La cogí jugando y la até a uno de mis brazos. No tardé en notar que la cuerda me lastimaba; dije entonces a mis primos: Oíd: esto hace daño. "Podríamos atarla a la cintura y ofrecer a Dios este sacrificio."

Las pobres criaturas aceptaron mi idea, y tratamos enseguida de dividirla para los tres. Las aristas de una piedra, a la que pegábamos con otra, fue nuestra navaja. Fuese por el grosor o aspereza de la cuerda, fuese porque a veces la apretábamos mucho, este instrumento nos hacía a veces, sufrir horriblemente. Jacinta dejaba, en ocasiones, caer algunas lágrimas debido al dolor que le causaba; yo le decía entonces que se la quitase, pero ella me respondía: " ¡No!, quiero ofrecer este sacrificio a Nuestro Señor en reparación y por la conversión de los pecadores."

 

 

 

La quinta aparición de Nuestra Señora, 13 de setiembre de 1917

El 13 de setiembre se reunieron en la Cova da Iria, tanto como treinta mil personas.  Mientras esperaban el mediodía, Lucía dirigía el Rosario seguida por la multitud. A mediodía, un cierto fenómeno anunció el arribo de Nuestra Señora a muchos de entre la multitud, como lo relata un testigo:

No había una nube en el cielo azul profundo, y también levantando los ojos y escudriñando por si acaso, pude distinguir lo que los otros, más afortunados que yo, ya habían afirmado haber visto. Con gran asombro, vi clara y definidamente, un globo luminoso, que se movía del este al oeste, deslizándose suave y majestuosamente por el espacio... Repentinamente, el globo, con su luz extraordinaria, desapareció de nuestra vista.

Entonces disminuyó la luz del sol, y la atmósfera se volvió amarillo-dorado, como las otras veces en las apariciones anteriores. Algunos informaron que pudieron ver las estrellas; el cielo se había oscurecido hasta tal punto. Lucía luego habló con Nuestra Señora, preguntando:

¿Que quiere de mi Vuestra Merced?
"Continuad rezando el Rosario, para alcanzar el fin de la guerra. En octubre vendrá también Nuestro Señor, Nuestra Señora de los Dolores y del Carmen y San José con el Niño Jesús para bendecir al mundo. Dios está contento con vuestros sacrificios pero no quiere que durmáis con la cuerda. Ponéosla solamente durante el día"

Me han  solicitado para pedirle muchas cosas, la curación de algunos enfermos, (de una niña  sordomuda). Nuestra Señora replicó que dentro del año la niña estaría mejor. Tengo muchos otros pedidos, algunos de conversiones otros de curaciones.
"Si, a algunos los curaré, a otros no."

A la gente realmente le gustaría tener una capilla aquí.’
"Con la mitad del dinero haréis andas para ser llevadas en procesión en la fiesta de Nuestra Señora del Rosario; la otra mitad es para la capilla."

Lucía le ofreció luego dos cartas y un pequeño frasco de agua de colonia, que le había dado un hombre de la parroquia de Olival. Ofreciéndoselo a Nuestra Señora, ella le dijo: “Me dieron esto. ¿Lo quiere Vuestra Merced?”
“Eso no es necesario en el Cielo,” replicó Nuestra Señora. “En octubre haré el milagro para que todos crean.”

Nuestra Señora ascendió luego hacia el este y desapareció como era habitual. La multitud vio una vez más el globo luminoso que la había acompañado en Su arribo levantarse hacia el este y desaparecer.

 

 

 

La sexta aparición de Nuestra Señora, 13 de octubre de 1917
(El milagro del Sol)

Había aproximadamente 70.000 personas presentes en la Cova da Iria para la aparición del 13 de octubre y el Milagro del Sol. Caía una fría lluvia sobre la multitud, que había comenzado la noche anterior y persistía a lo largo de la mañana del día 13. El suelo esta lleno de barro y la lluvia empapaba todo. A la hora en que debía llegar Nuestra Señora, Lucía pidió a las gentes que cerraran los paraguas, lo que hicieron de inmediato.

[Preguntó Lucía.] ¿Que es lo que quiere de mi, Vuestra Merced?
"Quiero decirte que hagan aquí una capilla en mi honra; que soy la Señora del Rosario; que continúen rezando el Rosario todos los días. La guerra va a acabar y los soldados volverán con brevedad a sus casas.
"

Tenía muchas cosas que pedirle: si curaba a algunos enfermos y si convertía a algunos pecadores, etc..
"Unos, si; otros no. Es preciso que se enmienden; y que pidan perdón por sus pecados."

Y tomando un aspecto más triste, dijo Nuestra Señora:
"¡No ofendan más a Dios Nuestro Señor, que ya está muy ofendido!"

¿Usted no quiere nada más de mi?’ [preguntó Lucía]
"No, no quiero nada más de ti."

Cuando Nuestra Señora ascendió hacia el Cielo, Lucía gritó: “¡Ella se va!¡Ella se va! ¡Mirad el sol!”

Entonces tuvo lugar el milagro anunciado por Nuestra Señora: el cielo aclaró abruptamente y el sol “danzó”. La gente pudo mirar el sol brillante directamente, sin que este molestara sus ojos para nada. Un médico, el Dr. Almeida Garret, testificó:

Repentinamente, escuché un grito de las miles de voces y vi a la multitud que se dispersaba en un vasto espacio a mis pies... vueltas repentinamente sus espaldas y hombros lejos del punto hacia el cual se habían dirigido hasta ahora, para mirar al cielo sobre el lado opuesto... Me volví hacia el imán que parecía estar atrayendo todos los ojos, y lo vi como un disco con un borde bien definido, luminoso y brillante, pero que no nos lastimaba los ojos... No pudo ser confundido con el sol visto a través de la niebla (pues no había niebla en ese momento), porque no era opaco, difuso o velado. En Fátima dio luz y calor y apareció bien definido, con un borde bien preciso, como una gran mesa de juegos.Fue un hecho notable, que uno pudiera fijar los ojos en el disco solar por largo tiempo, brillante con luz y calor, sin ningún malestar en los ojos, ni ceguera en la retina.

El testimonio de Avelino de Almeida, editor en jefe de O Seculo, el diario anticlerical y masónico de Lisboa, es similar:

Entonces ellos vieron un espectáculo único, un espectáculo increíble para cualquiera que no lo presenciara. Desde el camino... uno podía ver la multitud vuelta hacia el sol, que apareció libre de nubes y en su cénit. Parece un disco opaco plateado, y es posible mirarlo sin la menor molestia. No quema los ojos. No ciega. Uno podría decir que había ocurrido un eclipse.

Otros también testificaron: “Se sacudió y tembló; pareció como una rueda de fuego.” (María da Capelinha)

“El sol giró como una rueda de fuego, tomando todos los colores del arco iris. El sol tomó todos los colores del arco iris. Todo adquirió los mismos colores: nuestros rostros, nuestras ropas, la tierra  misma.” (María do Carmo)

Entonces ocurrió el aspecto más espantoso del Milagro del Sol:

“Luego, repentinamente, uno escuchó un clamor, un grito de angustia levantándose de toda la gente. El sol, girando violentamente, pareció soltarse del firmamento y avanzar amenazadoramente sobre la tierra como si fuera a aplastarnos con su peso enorme y ardiente. La sensación durante aquellos momentos fue terrible.” (Dr. Almeida Garret)
“El sol comenzó a moverse y en un cierto momento pareció separarse del cielo y  precipitarse sobre nosotros como una rueda de llamas.” (Alfredo da Silva Santos)
“Finalmente, el sol se detuvo y todos dieron un suspiro de alivio...” ( María da Capelinha).
“De estos miles de bocas, escuché gritos de alegría y de amor por la Santísima Virgen. Y luego creí. Estaba cierto que no había sido víctima de una ilusión. Había visto el sol como nunca lo veré otra vez.” (Mario Godinho, ingeniero)

Incluso, otro aspecto asombroso del Milagro fue que los miles personas, muchas de las cuales estaban empapadas hasta los huesos y sucias de barro, repentinamente encontraron sus ropas secas y limpias.

“En el momento en que uno menos podía esperarlo, nuestras ropas estuvieron totalmente secas.” (María do Carmo)

“Mi traje se secó en un instante.” (Juan Carreira)

El académico Marques da Cruz testificó: “Esta enorme multitud estaba calada hasta los huesos, pues había llovido sin cesar desde el amanecer. Pero,—aunque esto pueda parecer increíble—, después del gran milagro todos se sintieron cómodos, y encontraron sus vestimentas totalmente secas; una cuestión de admiración general... La verdad de este hecho ha sido garantizada con la mayor sinceridad por docenas y docenas de personas de absoluta honradez, a quienes yo he conocido íntimamente desde la infancia, y que están vivas aún (1937), tanto como por personas de varios distritos del país que estaban presentes.”

En un aspecto, este es el efecto más asombroso del milagro y una prueba indisputable de su autenticidad: la cantidad de energía necesaria para realizar este proceso de secado en forma natural y en tan poco tiempo, hubiera incinerado a todos los presentes en la Cova en ese momento. Como este aspecto del milagro contradice radicalmente las leyes de la naturaleza, ningún demonio pudo nunca haber realizado esto. Finalmente, muchos milagros de conversión, el mayor milagro que Dios puede conceder, también ocurrieron.