¡Conviértanse, es urgente! “Yo no me canso mientras yo tenga vida, mientras Cristo me tenga con vida, voy a gritar, a gritar siempre: ¡Hermanos conviértanse! ¡Hermanos por favor conviértanse, es urgente! ¡No pierdan tiempo, es urgente! ¿Por qué? Porque muchos esperan grandes acontecimientos poco a poco. ¡No! ¡Los grandes acontecimientos se van a dar en pocos días! ¡Todos! Y vendrá el Aviso! [...] Confiemos en la palabra de Cristo, y pedimos el discernimiento al Espíritu Santo para no tomar decisiones equivocadas" –Luz de María.****
(CEV) “Los Quadernos 1943”, p. 456
Jesus dice: “Dirijamos juntos la mirada a los tiempos que, como la calma de la aurora tras la noche de tempestad, precederán al Día del Señor.
Tú ya no estarás. Pero te alegrarás desde el lugar de tu reposo, porque verás cercano a su fin el combate del hombre y enflaquecerse el dolor para dejar a los vivientes el tiempo de volver a templarse para la última breve convulsión de la Tierra, antes de oír la orden que reúna a todos sus vivientes y a todos los que existieron desde el tiempo de Adán en adelante. Ya te lo he dicho’.
Mi Iglesia tendrá su día de hosanna antes de la última pasión.
Después vendrá el triunfo eterno. Los católicos -y todo el orbe conocerá entonces a la Iglesia Romana, porque el Evangelio resonará desde los polos hasta el ecuador y la Palabra irá como una franja de amor de un lado al otro del globo- los católicos, procedentes de una lucha ferocísima de la que ésta sólo es preludio, hartos de matarse y de seguir a dominadores brutales que tienen una insaciable sed de matar y una violencia insuperable, se volverán hacia la Cruz triunfante, que habrán vuelto a encontrar después de tanta ceguera.
Por encima de tanto fragor de exterminio y de tanta sangre oirán la Voz que ama y perdona y verán la Luz, más cándida que el lirio, que desciende de los Cielos para encaminarles a los Cielos. Como una marcha de millones y millones de tribus, los hombres irán con su espíritu hacia Cristo y pondrán su confianza en el único ente de la Tierra donde no hay sed de opresión ni deseos de venganza.
Será Roma quien hable.
Pero no la Roma más o menos grande y establemente grande que puedan obtener los jefes de los pueblos. Será la Roma de Cristo. La que venció a los Césares, los venció sin armas y sin lucha, con una única fuerza: el amor; con una única arma: la Cruz; con una única oratoria: la oración.
Será la Roma de los grandes Pontífices, que en un mundo oscurecido por las invasiones bárbaras y embrutecido por las destrucciones supo conservar la civilización y expandirla entre los incivilizados.
Será la Roma que hizo frente a los prepotentes y por boca de sus santos Ancianos supo defender a los débiles y poner el aguijón de un castigo espiritual incluso para quienes aparentemente eran refractarios a cualquier remordimiento.
Entre vosotros, oh pueblos distintos, no podéis llegar a un acuerdo duradero.
Todos tenéis las mismas aspiraciones y las mismas necesidades, y como en el plato de una balanza el peso de la parte buena de uno va en detrimento del otro.
Vivís para tener siempre la parte mejor, y os matáis por ello.
Es una alternancia que se hace cada vez más grave. Escuchad la voz de quien no tiene sed de dominio y quiere reinar tan sólo sobre los espíritus, en nombre de su Rey Santísimo.
Llegará ese día en que, decepcionados de los hombres, os volveréis a Aquel que ya es más espíritu que hombre y que sólo conserva de la humanidad cuanto es imprescindible para persuadiros de su presencia.
De su boca, que Yo inspiro, vendrá la palabra semejante a la que os diría Yo, Príncipe de la Paz.
Os enseñará la perla preciosísima del perdón mutuo y os persuadirá de que no hay mejor arma que el arado y la hoz que hiere los terrenos para hacerlos fértiles y que corta las hierbas para hacerlas más hermosas.
Os enseñará que el cansancio más santo es el que proviene de conseguir un pan, un vestido, una casa para los hermanos, y que sólo amándose como hermanos no se volverá a conocer el veneno de odio y de torturas de guerra.
Hijos, iniciad la marcha hacia la Luz del Señor.
No os vayáis por otros sitios a tientas entre las ciegas tinieblas.
Mis predilectos en cabeza, venciendo todo humano temor porque Yo estoy con vosotros, oh queridísimos de mi Corazón, los demás arrastrados por el ejemplo de mis santos, iniciad este nuevo Éxodo hacia la nueva Tierra que Yo os prometo y que será vuestra propia Tierra, pero transformada por el amor cristiano.
Separaos de quienes son idólatras de Satanás, del mundo y de la carne. Separaos sin desprecio.
El desprecio no beneficia. Destruye sin servir para nada.
Pero separaos para no ser contagiados por ellos. Amadlos con un amor de redentores, poniendo como baluarte entre vosotros y ellos vuestra fe en Cristo.
No sois lo suficientemente fuertes como para poder vivir sin peligro entre ellos.
Demasiados siglos de decaimiento espiritual cada vez mayor os han debilitado. Imitad a los primeros cristianos.
Sabed vivir en el mundo pero aislados del mundo por la fuerza de vuestro amor a Dios.
Y nunca os dobleguéis a creer un superhombre al miserable hombre que no se distingue de los animales porque como ellos ha puesto su parte mejor en el instinto: lo único que no le haga peor que un animal.
El Profeta dice: “Dejad pues al hombre que tiene el espíritu en las narices”. Quiero que interpretéis en este sentido la frase.
El animal privado de la respiración no es más que un despojo inmundo. Su única vida está en la respiración.
Cerradas las narices a este soplo, deja de existir y se convierte en una carroña.
Hay muchos hombres que no son superiores a esto, no teniendo otra vida fuera de la animal que dura cuanto dura su respiración.
El espíritu está muerto, el espíritu hecho para los Cielos.
Por tanto es correcto decir que hay hombres que tienen por espíritu la respiración de sus narices y de los que es mejor estar espiritualmente lejos, para que el aliento de Satanás, y de la bestialidad que sale de ellos, no manche vuestra humanidad y la haga semejante a ellos.
Rezad por ellos, oh vosotros los benditos. Esto es caridad. Y con eso basta.
Las palabras no entran en los que están cerrados a la Palabra.
Y no creáis que es extraordinario quien exhala y sopla por sus narices su prepotencia y su soberbia como una bestia enfurecida.
Sólo es grande quien tiene vivo el espíritu y por eso es hijo de Dios.
Los demás son pobres cosas cuya falsa elevación está destinada a la gran caída y cuya memoria no sobrevive más que como recuerdo de escándalo y de horror”.
Maria Valtorta: Los cuadernos. 1943; 1944; 1945



Los Cuadernos recogen escritos sobre temas ascéticos, bíblicos, doctrinales, de crónica autobiográfica, además de descripciones de escenas evangélicas y de martirios de primeros cristianos. Contenido tomado de la obra de María Valtorta con el permiso del “Centro Editoriale Valtortiano Srl”. – Viale Piscicelli, 89/91 – 03036 Isola del Liri, (FR – Italia), que tiene todos los derechos sobre las obras de Maria Valtorta






Dios Padre: «



“Si supierais cómo resplandecéis después de acercaros debidamente al Sacramento de la Confesión. (Jesús) está en el Confesionario y escucha cada palabra, ve en cada rincón de vuestro corazón y está deseoso de otorgar las gracias inherentes a Su Perdón.
“¡Os pido Mis hijos predilectos que paréis esta abominación! ¡No más ministros extraordinarios de la Eucaristía! ¡No más comuniones distribuidas por laicos, ni más comuniones en la mano!”




"Me coloco en la presencia de la Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo) y por el poder de la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, rompo, desbarato, pisoteo, aniquilo e invalido y cancelo de mi ser físico, síquico, biológico y espiritual, toda maldición que haya sido puesta sobre mí, sobre mi familia y árbol genealógico, por cualquier persona, familiar o antepasado por medio del ocultismo o espiritismo. Por el poder de la Sangre Preciosa de Nuestro Señor Jesucristo y por la intercesión de la Santísima Virgen María, San Miguel, San Gabriel, y San Rafael, rompo e invalido toda maldición, cualquiera que sea su naturaleza en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén (Repetir 3 veces la oración)"
"Oh Jesús de la Divina Misericordia, escucha mis súplicas hacia Ti, pues estoy aquí para hacer tu voluntad."
"Oh Glorioso Patriarca San José, Padre adoptivo de Jesús y Esposo Humilde y Casto de María; poderoso intercesor de las almas y guardián Fiel de la Iglesia; acudimos a vos, amado Padre, para que te dignes ampáranos y socorrednos en la lucha espiritual contra los enemigos de nuestra alma. Ven en nuestro auxilio y por tu humildad y pureza, líbranos de todo mal. San José terror de los demonios, venid en mi auxilio (3 veces)."
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha; sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los demás espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén"
Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el Cielo. Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo. Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo; tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta los duelos. Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos. Mira el vacío del hombre si Tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento. Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma al espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero. Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos. Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.
"Oh, Corazones de Jesús y de María; me consagro, consagro mi familia y al mundo entero, a vuestros Amantísimos Corazones. Atended a la súplica que os hago y aceptad nuestros corazones en los Vuestros, para que seamos librados y protegidos nosotros y el mundo entero de toda maldad y de todo pecado. Que la protección de vuestros Dos Corazones, sean refugio, fortaleza y amparo, en las luchas espirituales de cada día. Que el poder de vuestros Dos Corazones, irradie al mundo para que sea protegido de la maldad y el pecado. Nos consagramos voluntariamente y consagramos a la humanidad entera avuestros Corazones; seguros y confiados por vuestra Gran Misericordia, de obtener la victoria sobre las fuerzas del mal en este mundo, y la Gloria Eterna en el Reino de Dios. Amén."