9 de septiembre de 2026 – Extractos de los mensajes del Cielo a Myriam Corsini, Carbonia, Cerdeña, Italia

(Lectura: 2 min.)
«… La oscuridad ya envuelve a toda la Tierra; el hombre está de rodillas y, en breve, ya no sabrá dónde reposar la cabeza debido a lo que sucederá.
¡Todo cambiará, hijos Míos!
En el doloroso parto de la Tierra verán con sus propios ojos —si no regresan ahora a Mí, renunciando a Satanás— que sufrirán todo tipo de mal, les faltará todo: agua, alimento y las ganas de vivir; gritarán que quieren morir.
Ya hemos llegado al final, falta poco; las campanas suenan de fiesta para aquellos que pronto serán recibidos en la Tierra nueva. Ellos habitarán este planeta, recibirán los dones del Espíritu Santo y la divinidad de los hijos de Dios.
Ustedes son los benditos de Dios, están acompañados por la Santísima Virgen que está en medio de ustedes; Ella mantiene Sus manos unidas a las suyas y, junto con ustedes, suplica el ansiado regreso de Jesús.
… Con ternura los miro, hijos Míos; escucho el latido de su corazón, ansioso por encontrarse con el Dios Creador, por vivir una vida llena de cosas buenas y maravillosas en la belleza infinita del Dios Creador, de Aquel que todo lo ha creado y todo lo pondrá a disposición de Sus hijos, de aquellos que acepten regresar a Él y vivir en Él y para Él.
La vida en la Tierra se ha vuelto insoportable; es difícil seguir adelante. Aquellos que creen haber llegado a la meta, tener una situación estable, tener ya la vida asegurada, pronto experimentarán el cambio y lo perderán todo; solo aquellos que abracen el Amor, regresen al Amor y confíen en Su misericordia serán protegidos por Él.
Hijos Míos, cuánto dolor hay en Mi Corazón. Está traspasado por tantas espadas, una más dolorosa que la otra. Veo la situación de vida de esta Humanidad que aún no quiere aceptar la Palabra de Dios, que no quiere convencerse de que Él es el único Bien, el único Dios, el único Creador, la única Salvación.
Satanás está aguerrido; está tentando por todos los medios llevarse muchas almas, pero su plan fracasará porque Dios intervendrá en el momento oportuno.
Hijos Míos, levántense con el Rosario en la mano; clamen a Dios Padre Todopoderoso para que permita el regreso anticipado de Su Hijo Jesús.
Adoren la Cruz, arrodíllense ante la Cruz, confiesen sus pecados pidiendo perdón con corazón contrito.
Hagan la comunión espiritual, oh ustedes que no tienen la posibilidad de encontrar sacerdotes santos.
La Iglesia terrenal se está derrumbando, sus cimientos han cedido; ¡Satanás se ha apoderado de muchos sacerdotes y los está llevando a seguirlo!
¡La Palabra de Dios está siendo borrada!
Tengan ojos para ver, tengan oídos para oír; el tiempo está marcando la última hora; prepárense, prepárense, hijos Míos, para la batalla final.
¡Dios es! Él estará con todos aquellos que hayan elegido estar de Su lado y serán victoriosos en Él. Amén».




Dios Padre: «



“Si supierais cómo resplandecéis después de acercaros debidamente al Sacramento de la Confesión. (Jesús) está en el Confesionario y escucha cada palabra, ve en cada rincón de vuestro corazón y está deseoso de otorgar las gracias inherentes a Su Perdón.
“¡Os pido Mis hijos predilectos que paréis esta abominación! ¡No más ministros extraordinarios de la Eucaristía! ¡No más comuniones distribuidas por laicos, ni más comuniones en la mano!”




"Me coloco en la presencia de la Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo) y por el poder de la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, rompo, desbarato, pisoteo, aniquilo e invalido y cancelo de mi ser físico, síquico, biológico y espiritual, toda maldición que haya sido puesta sobre mí, sobre mi familia y árbol genealógico, por cualquier persona, familiar o antepasado por medio del ocultismo o espiritismo. Por el poder de la Sangre Preciosa de Nuestro Señor Jesucristo y por la intercesión de la Santísima Virgen María, San Miguel, San Gabriel, y San Rafael, rompo e invalido toda maldición, cualquiera que sea su naturaleza en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén (Repetir 3 veces la oración)"
"Oh Jesús de la Divina Misericordia, escucha mis súplicas hacia Ti, pues estoy aquí para hacer tu voluntad."
"Oh Glorioso Patriarca San José, Padre adoptivo de Jesús y Esposo Humilde y Casto de María; poderoso intercesor de las almas y guardián Fiel de la Iglesia; acudimos a vos, amado Padre, para que te dignes ampáranos y socorrednos en la lucha espiritual contra los enemigos de nuestra alma. Ven en nuestro auxilio y por tu humildad y pureza, líbranos de todo mal. San José terror de los demonios, venid en mi auxilio (3 veces)."
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha; sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los demás espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén"
Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el Cielo. Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo. Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo; tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta los duelos. Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos. Mira el vacío del hombre si Tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento. Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma al espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero. Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos. Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.
"Oh, Corazones de Jesús y de María; me consagro, consagro mi familia y al mundo entero, a vuestros Amantísimos Corazones. Atended a la súplica que os hago y aceptad nuestros corazones en los Vuestros, para que seamos librados y protegidos nosotros y el mundo entero de toda maldad y de todo pecado. Que la protección de vuestros Dos Corazones, sean refugio, fortaleza y amparo, en las luchas espirituales de cada día. Que el poder de vuestros Dos Corazones, irradie al mundo para que sea protegido de la maldad y el pecado. Nos consagramos voluntariamente y consagramos a la humanidad entera avuestros Corazones; seguros y confiados por vuestra Gran Misericordia, de obtener la victoria sobre las fuerzas del mal en este mundo, y la Gloria Eterna en el Reino de Dios. Amén."