13 de marzo de 2026 – Mensaje de María Rosa Mística a Eduardo Ferreira, São José dos Pinhais, Paraná, Brasil

(Lectura: 2 min.)
«Queridos hijos, ¡paz! Abran sus corazones a lo que estoy a punto de revelarles en este día.
Les hablo con el amor de una Madre para preparar sus corazones para los tiempos que se avecinan. Ya les he anunciado, en mensajes anteriores, que el fin de los tiempos se acerca y que la gloriosa venida de mi Hijo Jesús está cada vez más cerca.
Hoy deseo ayudarles a comprender las señales que fueron anunciadas en las Sagradas Escrituras y que indican que Su glorioso regreso está cada vez más cerca.
Hijitos, estas señales han sido reveladas en los Evangelios y también en las cartas de los apóstoles Pedro y Pablo.
Ahora, en estos tiempos, comienzan a manifestarse ante ustedes.
He aquí algunos signos de la venida de mi Hijo:
La difusión de errores que conducen a la pérdida de la fe y a la gran apostasía. Están surgiendo muchos falsos maestros, e incluso algunos que deberían enseñar la verdad se están alejando del verdadero Evangelio.
En lugar de la verdad, se difunden errores y doctrinas basadas únicamente en el razonamiento humano.
Muchos seminaristas se vuelven vulnerables y algunos de sus formadores terminan debilitando la fe que deberían proteger y fortalecer.
Hijos míos, muchos están perdiendo la verdadera fe y la apostasía se extiende cada vez más por todas partes.
Otra señal visible es el surgimiento de guerras y luchas entre hermanos. El odio y la violencia crecen entre los pueblos y la caridad de muchos ya no existe.
Al mismo tiempo, aumentan las calamidades naturales: hambrunas, inundaciones, terremotos y muchos otros sufrimientos se abaten sobre la humanidad.
Mis hijos son perseguidos por su fidelidad a Jesús y a su Evangelio.
Aquellos que permanecen firmes en la verdadera fe sufren persecuciones y pruebas por causa del Nombre de mi Hijo.
Muchas de estas persecuciones no provienen solo del mundo, sino que surgen también dentro de la propia Iglesia. Obispos y sacerdotes están persiguiendo a los fieles que profesan la verdadera fe.
Hijos míos, pronto verán el horrible sacrilegio cometido por aquel que se opone a Cristo, es decir, el Anticristo. Él entrará en el santo templo de Dios y deseará ocupar el lugar que solo le pertenece al Señor.
Hijos míos, para comprender este terrible sacrilegio, recuerden lo que fue anunciado por el profeta Daniel.
La Santa Misa es el sacrificio diario que renueva en la tierra el Sacrificio que Jesús realizó en el Calvario por la salvación del mundo.
Queridísimos hijos, llegará el tiempo en que muchos dirán que la Santa Misa no es un sacrificio, sino solo una cena, un simple recuerdo de la Última Cena de mi Hijo. Así tratarán de borrar de los corazones de los hombres la verdad del sacrificio redentor.
De esta manera se preparará el gran sacrilegio: la abolición de la Santa Misa.
Queridos hijos, les revelo estos acontecimientos para prepararlos.
Permanezcan firmes en la fe.
Oren con confianza.
No tengan miedo.
Yo estoy con ustedes y los guío por el camino de la salvación.
Permanezcan bajo mi manto maternal.
Soy la Rosa Mística, Reina de la Paz.
Oren por mis hijos predilectos, los sacerdotes.
Con amor les bendigo».
Fuente: https://rosamisticabrasile.net/





Dios Padre: «



“Si supierais cómo resplandecéis después de acercaros debidamente al Sacramento de la Confesión. (Jesús) está en el Confesionario y escucha cada palabra, ve en cada rincón de vuestro corazón y está deseoso de otorgar las gracias inherentes a Su Perdón.
“¡Os pido Mis hijos predilectos que paréis esta abominación! ¡No más ministros extraordinarios de la Eucaristía! ¡No más comuniones distribuidas por laicos, ni más comuniones en la mano!”




"Me coloco en la presencia de la Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo) y por el poder de la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, rompo, desbarato, pisoteo, aniquilo e invalido y cancelo de mi ser físico, síquico, biológico y espiritual, toda maldición que haya sido puesta sobre mí, sobre mi familia y árbol genealógico, por cualquier persona, familiar o antepasado por medio del ocultismo o espiritismo. Por el poder de la Sangre Preciosa de Nuestro Señor Jesucristo y por la intercesión de la Santísima Virgen María, San Miguel, San Gabriel, y San Rafael, rompo e invalido toda maldición, cualquiera que sea su naturaleza en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén (Repetir 3 veces la oración)"
"Oh Jesús de la Divina Misericordia, escucha mis súplicas hacia Ti, pues estoy aquí para hacer tu voluntad."
"Oh Glorioso Patriarca San José, Padre adoptivo de Jesús y Esposo Humilde y Casto de María; poderoso intercesor de las almas y guardián Fiel de la Iglesia; acudimos a vos, amado Padre, para que te dignes ampáranos y socorrednos en la lucha espiritual contra los enemigos de nuestra alma. Ven en nuestro auxilio y por tu humildad y pureza, líbranos de todo mal. San José terror de los demonios, venid en mi auxilio (3 veces)."
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha; sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los demás espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén"
Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el Cielo. Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo. Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo; tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta los duelos. Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos. Mira el vacío del hombre si Tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento. Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma al espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero. Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos. Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.
"Oh, Corazones de Jesús y de María; me consagro, consagro mi familia y al mundo entero, a vuestros Amantísimos Corazones. Atended a la súplica que os hago y aceptad nuestros corazones en los Vuestros, para que seamos librados y protegidos nosotros y el mundo entero de toda maldad y de todo pecado. Que la protección de vuestros Dos Corazones, sean refugio, fortaleza y amparo, en las luchas espirituales de cada día. Que el poder de vuestros Dos Corazones, irradie al mundo para que sea protegido de la maldad y el pecado. Nos consagramos voluntariamente y consagramos a la humanidad entera avuestros Corazones; seguros y confiados por vuestra Gran Misericordia, de obtener la victoria sobre las fuerzas del mal en este mundo, y la Gloria Eterna en el Reino de Dios. Amén."