Honra al padre y a la madre

Para no ser malvados hermanos siempre, y adúlteros esposos un día, hay que aprender ya desde la primera edad el respeto hacia la familia

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(CEV) "El Evangelio como me ha sido revelado" Vol. II, p. 254

Jesús nuestro MaestroJesús dice: "Somos todos hermanos y el amor no se demuestra con palabras sino con hechos. Aquel que cierra su corazón a su semejante tiene corazón de Caín. Aquel que no tiene amor es un rebelde respecto al precepto de Dios. Somos todos hermanos.

Y, no obstante, Yo veo, y vosotros veis, que incluso dentro de las familias - donde la sangre común remarca, incluso consigo misma y con la carne, "la hermandad que nos viene de Adán - hay odios o roces.

Los hermanos están contra los hermanos, los hijos contra .los padres; los consortes, enemigos el uno del otro.

Pero, para no ser malvados hermanos siempre, y adúlteros esposos un día, hay que aprender ya desde la primera edad el respeto hacia la familia, que es el más pequeño y a la vez el más grande organismo del mundo: el más pequeño respecto al organismo de una ciudad, de una región, de una nación, de un continente; pero el mayor porque es el más antiguo, pues lo puso Dios cuando aún el concepto de patria, de país, no existía, viviendo sin embargo ya y siendo activo el núcleo familiar, manantial de la raza humana y de las distintas razas, pequeño reino en que el hombre es rey, la mujer reina, súbditos los hijos. ¿Puede acaso un reino dividido, en que sus habitantes entre sí son enemigos, subsistir? No puede.

Pues así, en verdad, una familia no subsiste si no hay obediencia, respetó, economía, buena voluntad, laboriosidad, amor. “Honra al padre y a la madre” dice el decálogo. ¿Cómo se honran? ¿Por qué se deben honrar? Se honran con verdadera obediencia, con exacto amor, con confidente respeto, con un temor reverencial que no cierra las puertas a la confidencia, como tampoco nos hace tratar a nuestros mayores como si fuéramos siervos e inferiores.

Se los debe honrar porque, después de Dios, quienes dan la vida y proveen a todas las- necesidades materiales de la vida, los primeros maestros, los primeros amigos del joven ser nacido a este mundo, son el padre y la madre. Se dice "Que Dios te bendiga"; se dice: "Gracias" a aquel que nós recoge un objeto que se nos ha caído, o nos da un mendrugo de pan.

Pues entonces, ¿no vamos a decir, con amor, "que Dios te bendiga", y "gracias", a quienes se matan trabajando por darnos de comer, o tejiendo nuestros vestidos y manteniéndolos limpios, a quienes se levantan para .escrutar nuestro sueño, se niegan el descanso por cuidarnos, o nos hacen de su seno lecho en nuestros momentos más dolorosos de cansancio?

Son nuestros maestros.

Al maestro se le teme y se le respeta. Mas éste nos toma cuando ya sabemos lo indispensable para sostenernos y nutrirnos y decir lo esencial, y nos deja cuando la más ardua enseñanza de la vida, o sea, "el vivir", aún se nos debe enseñar: y son el padre y la madre quienes nos preparan: para la escuela primero, para la vida después. Son nuestros amigos.

Mas, ¿qué amigo puede ser más amigo que un padre, o más amiga que una madre?

¿Podéis tener miedo de ellos?

¿Podéis decir que él o ella os van a traicionar?

Bueno, pues ved cómo ese joven necio y esa muchacha aún más necia se buscan amigos entre los extraños, y cierran su corazón al padre y a la madre, y corrompen su mente y su corazón con contactos al menos imprudentes, si es que no .son incluso culpables, motivo de lágrimas paternas y maternas, que hienden, como gotas de plomo fundido, el corazón de los padres. Pero Yo os digo que esas lágrimas no caen en el polvo y en el olvido; Dios las recoge y las cuenta.

El martirio de un padre o de una madre pisoteados recibirá premio del. Señor.

Así como tampoco será olvidado el acto de un hijo que somete a suplicio a su padre o a su madre, aunque éstos, en su doliente amor, supliquen piedad de Dios para su hijo culpable.

"Honra a tu padre y a tu madre si quieres vivir largamente sobre la Tierra" está escrito; `ý eternamente en el Cielo", añado.

¡Demasiado poco castigo sería el vivir poco aquí por haber ofendido a los padres!

El más allá no es un cuento, y en el más allá se recibirá premio o castigo, según hayamos vivido.

Quien ofende a un padre o a una madre ofende a Dios, porque Dios ha mandado amarlos, y quien no ama peca; pierde, por tanto, así, más que la vida material, la verdadera vida de que os he hablado: le espera la muerte (es más, ya está en él, habiendo caído su alma en desgracia de su Señor); tiene ya en sí el delito porque hiere el amor más santo después de Dios; tiene ya en sí los gérmenes de los futuros adulterios, porque de un mal hijo viene un pérfido esposo; tiene ya en sí los estímulos de la corrupción social, porque de un hijo malo nace el futuro ladrón, el torvo y violento asesino, el frío usurero, el libertino seductor, el vividor cínico, el repugnante traidor de la patria, de los amigos, de los hijos, de la esposa, de todos.

¿Podéis, acaso, nutrir estima y confianza hacia quien ha sido capaz de traicionar el amor de una madre y burlarse de las canas de un padre?

Escuchad, no obstante, también esto: el deber de los hijos se corresponde con un parejo deber de los padres. ¡Maldición al hijo culpable... mas también para el culpable progenitor! Haced que los hijos no puedan criticaros y copiaron en el mal.

Haceos amar por haber dado amor con justicia y misericordia. Dios es Misericordia. Los padres, que van sólo después de Dios, sean misericordia. Sed ejemplo y consuelo de los hijos. Sed paz y guía: Sed el primer amor de vuestros hijos. Una madre es siempre la primera imagen de la esposa que querríamos.

Un padre, para las hijas jovencitas, tiene el rostro que sueñan para el esposo.

Haced que, sobre todo, vuestros hijos e hijas elijan. Con sabia mano a sus recíprocos consortes pensando en la madre, en el padre, y deseando en el consorte lo que hay en el padre, en la madre: una virtud veraz.

Si tuviera que hablar hasta agotar el tema, no serían suficientes el día y la noche.

Por ello, en atención a vosotros, concluyo. El resto, que os lo manifieste el Espíritu eterno. Yo echo la simiente y sigo caminando. En los buenos, la semilla echará raíz y dará espiga. Márchad. La paz sea con vosotros."

 

 

 

Maria Valtorta:
El Evangelio como me ha sido revelado

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 Livio FanzagaEvaluación de la Obra de María Valtorta por el padre Livio Fanzaga, sacerdote católico (Radio Maria):
"Así que yo diría eso, queridos amigos, porque he leído "El Evangelio como me ha sido revelado", tres veces, 10 volúmenes (CEV), y luego soy capaz de evaluar en toda su complejidad y su valor, me dan ganas de decir, queridos amigos, yo no conozco a ningún comentario sobre el Evangelio más ortodoxo, más edificante, más estimulante que esto, y me gustaría, queridos amigos, que todos ustedes aceptaría la invitación de la Virgen María para leer estos libros, porque todo es verdad (y no contienen errores contra la fe y la moral de la Iglesia Católica ...). A continuación, lea estos libros, mis queridos amigos, porque sin duda ganaras grandes beneficios para sus almas. No es difícil conseguirlos, y no cuestan mucho, 10 libros que pueden ser para usted un alimento espiritual indispensable "

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