Extractos de Revelaciones del Cielo a Robert Brasseur, Canadá.
(Lectura: 2 min.)
1. Muchas enfermedades podrían evitarse

7 de marzo de 2026 – Jesús: «¡Yo soy la Luz del mundo! ¡Y que esta Luz brille en el corazón de todos Mis hijos!
Este Fuego, sí, este Fuego que invadirá el Universo y que colmará el corazón de todos Mis hijos, se extenderá como la pólvora. Cada uno recibirá en su corazón esta Luz, y así percibirá su fragilidad y la gravedad de sus pecados. Muchos no podrán atravesar este período extremo; pero, sin esta intervención, un número incalculable de Mis hijos convergería hacia las puertas del Infierno.
Nada puede prever todas las consecuencias y todas las limitaciones que el pecado acarrea al hombre. Sin embargo, si el hombre se tomara el tiempo para comprender toda la importancia de la oración y, sobre todo, del Sacramento del Perdón, se evitarían muchas enfermedades. Las consecuencias del pecado son desastrosas: traen consigo la destrucción del cuerpo y del alma.
Hoy pido a cada uno de Mis hijos que se prepare para la Gran Pentecostés. Ha llegado el momento en que todo debe concretarse, pues todas las señales se están cumpliendo. Las inclemencias del tiempo se intensificarán y el corazón del hombre se endurecerá. Querido hijo, este tiempo que ustedes viven actualmente es el tiempo predicho por cada uno de Mis Profetas. ¡Oren! para mantener la paz en su corazón y la serenidad hacia quienes los rodean».
2. Los incendios y la sequía causarán estragos

1 de abril de 2026 – Dios Padre: «¡Ay! ¡Ha llegado el momento en que todo debe cumplirse! Mis Palabras son innegables y todo lo que se ha anunciado se hará realidad. La Purificación es el único medio que puede sanar el corazón de Mis pequeños.
El fuego y la sequía causarán estragos. El fuego purificará la tierra y el hombre sufrirá las consecuencias; la sequía destruirá las cosechas, lo que provocará la escasez de alimentos. Estas dos plagas traerán la destrucción.
El hombre, al perder todo lo que le es indispensable, reconocerá que la única seguridad que le queda es la de su Creador: SU PADRE DEL CIELO. Al quitarle estos dos elementos esenciales, el hombre ya no tendrá otro vínculo que el que Yo le daré: Mi Amor. Y para aquellos que rechacen este Amor, su destino será la ruina total.
Queridos hijos, recen mucho por sus hermanos y hermanas, para que puedan recibir la gracia de la conversión. Las plagas se sucederán a un ritmo sin precedentes y muchos perecerán. Pero ustedes, queridos hijos que están unidos a Mi Corazón de Padre, no teman; los colmaré de Mi Amor y los transformaré en seres de Luz. Serán testigos, pero su corazón estará en paz».
Fuente: https://robertbrasseur.wixsite.com/jecherchelamour





Dios Padre: «



“Si supierais cómo resplandecéis después de acercaros debidamente al Sacramento de la Confesión. (Jesús) está en el Confesionario y escucha cada palabra, ve en cada rincón de vuestro corazón y está deseoso de otorgar las gracias inherentes a Su Perdón.
“¡Os pido Mis hijos predilectos que paréis esta abominación! ¡No más ministros extraordinarios de la Eucaristía! ¡No más comuniones distribuidas por laicos, ni más comuniones en la mano!”




"Me coloco en la presencia de la Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo) y por el poder de la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, rompo, desbarato, pisoteo, aniquilo e invalido y cancelo de mi ser físico, síquico, biológico y espiritual, toda maldición que haya sido puesta sobre mí, sobre mi familia y árbol genealógico, por cualquier persona, familiar o antepasado por medio del ocultismo o espiritismo. Por el poder de la Sangre Preciosa de Nuestro Señor Jesucristo y por la intercesión de la Santísima Virgen María, San Miguel, San Gabriel, y San Rafael, rompo e invalido toda maldición, cualquiera que sea su naturaleza en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén (Repetir 3 veces la oración)"
"Oh Jesús de la Divina Misericordia, escucha mis súplicas hacia Ti, pues estoy aquí para hacer tu voluntad."
"Oh Glorioso Patriarca San José, Padre adoptivo de Jesús y Esposo Humilde y Casto de María; poderoso intercesor de las almas y guardián Fiel de la Iglesia; acudimos a vos, amado Padre, para que te dignes ampáranos y socorrednos en la lucha espiritual contra los enemigos de nuestra alma. Ven en nuestro auxilio y por tu humildad y pureza, líbranos de todo mal. San José terror de los demonios, venid en mi auxilio (3 veces)."
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha; sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los demás espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén"
Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el Cielo. Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo. Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo; tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta los duelos. Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos. Mira el vacío del hombre si Tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento. Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma al espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero. Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos. Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.
"Oh, Corazones de Jesús y de María; me consagro, consagro mi familia y al mundo entero, a vuestros Amantísimos Corazones. Atended a la súplica que os hago y aceptad nuestros corazones en los Vuestros, para que seamos librados y protegidos nosotros y el mundo entero de toda maldad y de todo pecado. Que la protección de vuestros Dos Corazones, sean refugio, fortaleza y amparo, en las luchas espirituales de cada día. Que el poder de vuestros Dos Corazones, irradie al mundo para que sea protegido de la maldad y el pecado. Nos consagramos voluntariamente y consagramos a la humanidad entera avuestros Corazones; seguros y confiados por vuestra Gran Misericordia, de obtener la victoria sobre las fuerzas del mal en este mundo, y la Gloria Eterna en el Reino de Dios. Amén."