Una comparación de la Trinidad a la luz

A vuestras capacidades intelectuales muy limitadas, a vuestra espiritualidad embrional, no le está concedido conocer el misterio de la naturaleza de Dios.

By

(CEV) "Los Quadernos 1943", p. 118

 La Pasión de CristoJesus dice: "A vuestras capacidades intelectuales muy limitadas, a vuestra espiritualidad embrional, no le está concedido conocer el misterio de la naturaleza de Dios.

Pero a los espirituales, entre la masa de los así llamados espirituales, el misterio se hace más cognoscible.

A los amantes del Hijo, a aquellos que están verdaderamente signados por mi Sangre, el misterio se revela con máyor claridad porque mi Sangre es Ciencia y mi predilección es Escuela.

Hoy hay gran fiesta en el Cielo porque todo el Cielo canta hoy el Sanctus al Cordero cuya Sangre fue derramada para la Redención humana.

Tú eres una de las pocas, demasiado pocas criaturas que veneran mi Sangre como debe venerarse. Pero a quienes la veneran, desde que fue esparcida, esa Sangre habla con palabras de vida eterna y de ciencia sobresensible.

Si mi Sangre fuera más amada y venerada, más invocada y creída, mucho mal que os lleva al abismo sería evitado.

Habló, esta Sangre, cuando todavía no existía bajo la figura del cordero mosaico, bajo el velo de las proféticas palabras en el signo del Tau preservador; habló, tras ser derramada, por boca de los apóstoles; grita su poder en el Apocalipsis; invita con su llamar desde la boca de los místicos.

Pero no es amada. No es recordada. No es invocada. No es venerada. Mi Iglesia tiene tantas fiestas. Pero falta una fiesta solemnísima para mi Sangre.

¡Y en mi Sangre está la salvación! Hoy, fiesta de mi Sangre, te ilumino un misterio. Di: "Gloria al Padre, al Hijo, al Espíritu Santo", porque te quiero hablar de Nosotros.

Por vuestra condición humana necesitáis figuras para pensar en el Padre y en el Espíritu, seres incorpóreos de infinita belleza, pero que vosotros no concebís con vuestros sentidos humanos.

Tanto es así que difícilmente os dirigís a Ellos con toda la plenitud del pensamiento, para invocarles como me invocáis a Mí que me pensáis como Hombre-Dios.

No comprendéis por ello ni siquiera lejanamente el incomparable misterio de nuestra Trinidad. Para pensar en Dios no hay que hacer comparaciones con seres creados. Dios no se compara.

El es. En el ser está todo. Pero el ser no tiene cuerpo, y el Ser eterno no tiene cuerpo. Mira: Dios es luz. Esto es lo único que puede en cierto modo representar a Dios sin estar en antítesis con su espiritual Esencia.

La luz es, y también es incorpórea. Tú la ves pero no la puedes tocar. Ella es.

Nuestra Trinidad es luz. Una luz ilimitada. Manantial de Sí misma, viviente de Sí misma, obrante en Sí misma. El universo no es tan grande cuanto Ella es infinita.

Su esencia llena los Cielos, corre sobre lo Creado, domina sobre los atrios infernales. No los penetra -habría terminado el Infierno- pero les aplasta con su resplandor que es beatífico en el Cielo, confortador sobre la tierra, terrorífico en el Infierno. Todo es Trino en Nosotros. Las formas, los efectos, los poderes. Dios es luz.

Una luz vastísima, majestuosa y sosegada es dada por el Padre. Círculo infinito que abraza toda la Creación, desde el instante en que fue dicho "Hágase la luz", hasta los siglos de los siglos, porque Dios, que es eterno, abraza la Creación, desde que ella existe, y continuará abrazando, cuanto, en la última forma, la eterna, después del Juicio, quedará de lo Creado.

Abrazará a quienes son eternos con Él en el Cielo. Dentro del círculo eterno del Padre hay un segundo círculo, generado por el Padre, que obra de un modo distinto pero no contrario, porque la Esencia es una. Ese es el Hijo.

Su luz, más vibrante, no da solamente la vida a los cuerpos, sino que da la Vida a las almas, que la habían perdido, mediante su Sacrificio. Es un difundirse de rayos potentes y suaves que nutren vuestra humanidad e instruyen vuestra mente.

En el interior del segundo círculo, producto de los dos obrar de los primeros círculos, hay un tercer círculo de luz aún más vibrante y encendida. Es el Espíritu Santo. Es el Amor producto de las relaciones del Padre con el Hijo, tránsito entre los Dos, y consecuencia de los Dos, maravilla de las maravillas.

El Pensamiento creó la Palabra y el Pensamiento y la Palabra se aman. El Amor es el Paráclito. Él obra en vuestro espíritu, en vuestra alma, en vuestra carne. Porque consagra todo el templo, creado por el Padre y redimido por el Hijo, de vuestra persona, creada a imagen y semejanza de Dios Uno y Trino.

El Espíritu Santo es crisma sobre la creación, hecha por el Padre, de vuestra persona, es gracia para gozar del Sacrificio del Hijo, es Ciencia y Luz para comprender la Palabra de Dios. Luz más restringida, no porque sea limitada respecto a las otras, sino porque es el espíritu del espíritu de Dios, y porque, en su condensación, es potentísima como es potentísima en sus efectos. Por esto Yo dije: "Cuando venga el Paráclito os instruirá".

Ni siquiera Yo, que soy el Pensamiento del Padre hecho Palabra, puedo haceros entender cuanto puede, con un sólo destello, haceros entender el Espíritu Santo. Si ante el Hijo toda rodilla se debe plegar, ante el Paráclito se debe inclinar todo espíritu, porque el Espíritu da vida al espíritu.

Es el Amor que ha creado el Universo, que ha instruido a los primeros Siervos de Dios, que ha impulsado al Padre a dar los Mandamientos, que ha iluminado a los Profetas, que ha concebido con María al Redentor, que me ha puesto a Mí sobre la Cruz, que ha sostenido a los Mártires, que ha regido la Iglesia, que obra los prodigios de la gracia.

Fuego blanco, insostenible a la vista y a la naturaleza humana, concentra en Sí al Padre y al Hijo y es la Gema incomprensible, que no puede mirarse, de nuestra eterna Belleza. Fija en el abismo del Cielo, atrae a Sí todos los espíritus de mi Iglesia triunfante y aspira hacia Sí a quienes saben vivir del espíritu en la Iglesia militante.

Nuestra Trinidad, nuestra triple y única naturaleza se fija en un único resplandor en aquel punto del que se genera todo cuanto existe, en un eterno ser. Di: "Gloria al Padre, al Hijo, al Espíritu Santo"».

 

 

 

Maria Valtorta:
Los cuadernos. 1943; 1944; 1945

Maria Valtorta: Los Quadernos 1943

Maria Valtorta: Los Quadernos 1944

Maria Valtorta: Los Quadernos 1945

Puede ordenar los libros aquí

 Livio FanzagaLos Cuadernos recogen escritos sobre temas ascéticos, bíblicos, doctrinales, de crónica autobiográfica, además de descripciones de escenas evangélicas y de martirios de primeros cristianos.

 

Contenido tomado de la obra de María Valtorta con el permiso del "Centro Editoriale Valtortiano Srl". - Viale Piscicelli, 89/91 - 03036 Isola del Liri, (FR - Italia), www.mariavaltorta.com, que tiene todos los derechos sobre las obras de Maria Valtorta