Satanismo en comparación a la Deificación a través de Cristo

¿Pensáis que Satanás os sirve? No. Es mucho más fácil que Dios os conceda lo que pedís, si es lícito, que no que os lo conceda Satanás. Satanás se hace servir. Y os aseguro que por una hora os exige toda la vida; por una victoria, toda la eternidad

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Conozca a su enemigo

Satanismo en comparación a la Deificación a través de Cristo

(CEV) "Los Quadernos 1944", p. 22

 La Pasión de CristoJesus dice: "Entre las muchas cosas que el mundo actual - henchido de orgullo y de incredulidad - niega están el poder y la presencia del demonio.

Es lógico que el ateísmo que niega a Dios niegue también a Lucifer, aquél a quien Dios creó, el que se rebeló a Dios, el adversario de Dios, el Tentador, el Envidioso, el Astuto, el Incansable, el Simulador de Dios.

Ya os he dicho que Satanás - transformado en demonio por haber cometido pecado de soberbia y tras haber precipitado, desde el reino celeste que había osado atacar, al profundo abismo donde sólo hay tinieblas y horror - se ha obstinado en instaurar en esas profundidades una copia de la corte del Altísimo, con sus ministros y sus ángeles, sus súbditos y sus hijos, y se manifiesta simulando ser un espíritu de luz, cubriendo su aspecto y sus intenciones de Bajísimo con engañosos atavíos copiados de los del Altísimo para haceros errar.

Mas quienes de verdad viven con el espíritu vivificado por la Gracia, advierten su sonido falso y ven más allá de las apariencias y, por una intuición interior, reconocen al Seductor tras el aspecto larvado con que se muestra. Naturalmente, esto les sucede sólo a quienes están vivificados por la Gracia y protegidos por las triples virtudes con sacrosanta defensa. Los demás - no sólo los ateos que niegan, sino también los tibios que se adormecen, los indiferentes que no observan, los distraídos que no reflexionan, los imprudentes que van tras sus locuras - no pueden descubrir a Satanás tras la apariencia inocua, tras la apariencia hipócrita y, por tanto, se convierten en su fantoche.

¡Oh, hijos que perecéis porque negáis siempre, porque lo negáis todo!, no neguéis la existencia de Satanás.

No se trata de patrañas de chismosas; no es una superstición medieval. Es auténtica realidad.

Satanás existe. Y no se cansa nunca de obrar.

En lo alto, Dios no se cansa nunca de hacer el bien. En las profundidades, Satanás no se cansa nunca de hacer el mal.

La palabra del salmo no es una bella frase piadosa, así como no es una bella frase oratoria la palabra del Apóstol'. Satanás merodea a vuestro alrededor como un león rugiente y abra en las tinieblas para llevaros consigo. Aunque, en verdad, vuestra incredulidad, vuestra indiferencia, vuestra ateísmo le permitirían obrar abiertamente, en plena luz, pues vosotras mismos le abrís de par en par las puertas del alma y le decís a través de vuestros deseos desenfrenados: "Entra. Can tal de que en esta hora terrena ya pueda lograr la que desea, te haga dueña de mi ya".

Si no fuera así, no podríais haber llegada a esa forma de vida que habéis-alcanzado y que horroriza a Dios y a sus santas, a sus siervas y a sus hijas.

Mas acordaos de que Satanás, ya sea metafóricamente, artificialmente a realmente, cumple su acción solapada en las tinieblas.

Os asedia can sus enredas y sutilezas de serpiente al acecha en un tupida matorral.

Y porque sabe que sois viles tanto en el mal como en el bien, aunque as vea ya muy alejadas de Dios no asa aún presentarse ante vosotras cara a cara y deciros: "Aquí estoy. Sígueme". Son pocos todavía los audaces que entre vosotros osarían decirle en este encuentro manifiesto: "Vengo".

Sois hipócritas también en el mal y aunque anheléis su ayuda, no osáis confesarlo. Pero Satanás no necesita palabras. Su mirada, coma la mía, os traspasa el corazón.

Ya veo vuestra anhela de satanismo; él ve la misma que veo Yo y obra.

Después de haber intentada destruir a Cristo con las tentaciones, a la Iglesia deparándole épocas oscuras; el Cristianismo par medio de las cismas; la sociedad civil con las sectas, ahora que está en vísperas de la manifestación preparatoria para la final, intenta destruir vuestras conciencias tras haber destruido vuestra pensamiento.

Sí, es así. Lo ha destruido no como capacidad de pensar como hombres sino de pensar como hijos de Dios.

El racionalismo, la ciencia que se aparta de Dios, ha destruido vuestro pensamiento de índole divina y ahora pensáis como sólo el fango puede pensar: por tierra.

En las cosas que ve, vuestro ojo no advierte a Dios, no advierte su sello.

Para vosotros son solamente astros, montes, piedras, aguas, hierbas, animales.

Para el creyente son obras de Dios y no necesita más para sumergirse en la contemplación y la alabanza del Creador ante los innumerables signos de su poder, que os circundan y embellecen vuestra existencia y son útiles para vuestra vida.

Ahora Satanás ataca las conciencias. Ofrece el antiguo fruto: el placer, el ávido deseo de saber, la arrogante y sacrílega esperanza de llegar a ser dioses, a fuerza de morder en la carne y en la ciencia.

Y así, el placer os convierte en fieras consumidas por la lujuria, repelentes, enfermas, condenadas tanto en ésta como en la otra vida a los morbos de la carne y a la muerte del espíritu.

Y así, el ávido deseo de saber os entrega al Simulador pues, al intentar imponer a Dios vuestra voluntad de saber debido a la ilícita sed de conocer los misterios de Dios, hacéis de modo que Satanás os atrape con sus engaños.

Me causáis piedad. Me causáis horror. Siento piedad porque sois locos.

Siento horror porque queréis serlo y os marcáis la carne del alma con el signo de la Bestia y rechazáis la Verdad para acoger la Mentira.

¿Pensáis que Satanás os sirve? No. Es mucho más fácil que Dios os conceda lo que pedís, si es lícito, que no que os lo conceda Satanás.
Satanás se hace servir. Y os aseguro que por una hora os exige toda la vida; por una victoria, toda la eternidad.
¿Pensáis que si decís: "Quiero", Dios querrá? No.
Dios quiere lo que es para vuestro bien, no todo lo que queréis.
¿Os hacéis la ilusión que, si lo mandáis, Dios y sus ministros vendrán a vosotros? No.

Sólo a través de una vida casta y pía; de una vida aureolada por las tres antorchas de la fe, la esperanza y la caridad; de una vida defendida por las otras virtudes que se practican contra Satanás, el mundo y la carne; de una vida vivida en mi Ley, en mi doctrina, que existe desde hace veinte siglos (y existirá hasta que existan la tierra y el hombre) y que está encerrada en mi cuádruple Evangelio; de una vida "cristiana", que significa vida semejante a la de Cristo, vida de reverencia, de obediencia, de fidelidad al Padre, de constante generosidad, vuestro espíritu obtendrá esa purificación, esa sensibilidad, que os permitirán recibir a Dios, y à sus ministros de modo tan evidente que tendréis el gozo de la visión y el gozo de la palabra, ya sea simplemente inspirada o realmente pronunciada.

Ya os lo he dicho: "No se puede servir conjuntamente a Dios y a Satanás"'. No. Donde está el uno, no está el otro. Vuestra vida es un signo de Dios y vuestra vida es un signo de Satanás. Si tenéis la capacidad de reflexionar - suponiendo que exista aún en vosotros una brizna de alma libre del dominio que mata -, juzgaos y juzgad vuestras obras y las inspiraciones que recibís. Si las consideráis honestas, aunque sea sólo desde el punto de vista humano, decid: "Aquí puede existir el poder de Dios".

En cambio, si son contrarias a la moral humana y están en las antípodas de la moral sobrehumana, decid: "Aquí no puede estar Dios; está su Enemigo". Y vosotros, los que ya estáis desviados hasta tal punto que habéis abrazado la infame religión que Yo llamo "satanismo" - esa parodia de la religión que es un sacrilegio y un delito -, recordad que Yo no tengo necesidad de tinieblas, ni de soledad o de magnetismo para venir.

Yo soy Luz y mis santos son luz. Yo no temo el sol ni la multitud. Yo sé extasiar aun en medio de una multitud y brillar como un Sol en el sol. Mis discípulos pueden explicar de qué modo simple, dulce, espontáneo y absoluto vengo hacia ellos; cómo les elevo por sobre todo lo que les circunda y les sumerjo en un abismo de luz y de sonidos, o sea, en el Cielo venido a ellos.

Ellos pueden explicar cómo, tras cada contacto, sienten que la propia materia pierde peso y adquiere espiritualidad; cómo, tras cada fusión, la carne muere un poco más y Yo vivo siempre con más fuerza en ellos. Porque Yo soy el Vencedor de la carne - instrumento de Satanás - y, por lo tanto, soy el vencedor de Satanás. Ellos pueden explicar cómo, al renovarse cada vez más profundamente, mueren místicamente y resurgen más espiritualizados cada vez.

Ellos pueden explicaros qué paz, qué serenidad, qué equilibrio albergan en sí, y qué inteligencia, qué amor, qué pureza. No son valores humanos, son más que sobrehumanos. Son míos, porque Yo me convierto en ellos y ellos en Mí. La criatura ya no existe. Existo Yo.

Ellos son una gota de sangre en mi Corazón. Yo vivo. Yo reino. Yo les hago dioses porque les hago a mi semejanza. A mis discípulos les doy lo que Satanás no da, lo que no puede dar: la semejanza con Dios, porque les fundo conmigo y con esa fusión les convierto en dioses».

 

 

 

Maria Valtorta:
Los cuadernos. 1943; 1944; 1945

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