Santifica las fiestas

Cumple un trabajo honesto y el séptimo día dedícaselo al Señor. El hombre no es superior a Dios; y Dios hizo en seis días su creación y el séptimo descansó

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(CEV) "El Evangelio como me ha sido revelado" Vol. II, p. 277

 Jesus Our Teacher Jesús dice: "Está escrito: "Cumple un trabajo honesto y el séptimo día dedícaselo al Señor y a tu espíritu". Esto fue dicho con el mandamiento del descanso sabático. El hombre- no es superior a Dios; y Dios hizo en seis días su creación y el séptimo descansó.

¿Cómo, pues, el hombre se toma la libertad de no imitar al Padre y de no prestar obediencia a su mandamiento?

¿Acaso es un precepto estúpido? No.

Se trata, ciertamente, de un imperativo saludable, tanto en el orden de la carne, como en el moral, como en el del espíritu.

El cuerpo del hombre, cuando está cansado,, tiene necesidad de descansar, de la misma forma que la tiene el cuerpo de todo ser creado. Descansa incluso - y se lo permitimos, para no perderle - el buey que usamos. en el campo, el asno que nos transporta, la oveja que paré al cordero y nos da leche. Descansa incluso - y la dejamos descansar - la tierra de los campos de labor, para que, en los meses en que no está sembrada, se nutra y se sature de las sales que le llueven del cielo o provienen del terreno.

Descansan adecuadamente, incluso sin pedirnos el beneplácito, los animales y las plantas, que obedecen a leyes eternas de una sabia regeneración. ¿Por qué, pues, el hombre se niega a imitar a su Creador, que el séptimo día descansó, y a los seres inferiores - sean vegetales o animales - que, no habiendo recibido sino un imperativo en su instinto, saben conformarse a él y obedecerle?

Además de físico, es un imperativo moral. El hombre, durante seis días, ha sido de todos y de todo; le han llevado arriba y abajo, como hace con un hilo el dispositivo del telar, sin poder decir en ninguna ocasión "Ahora me dedico a mí mismo, a mis seres queridos; soy el padre, hoy-soy de mis hijos; soy el marido, hoy me dedico a mi esposa; soy el hermano, disfrutaré estando con mis hermanos; soy el hijo, voy a cuidar la vejez de mis padres". Es un imperativo espiritual. El trabajo es santo; más santo es el amor; santísimo, Dios.

Pues entonces no nos olvidemos de darle al menos uno de entre los siete días a nuestro bueno y santo Padre, que nos ha dado la vida y nos la conserva. ¿Por qué vamos a tratarle como si fuera menos que el padre o que los hijos, o que los hermanos, o la esposa, o que nuestro mismo cuerpo?

El dies Domini sea del Señor. ¡Oh, dulce regresar, después del trabajo del día, por la noche, al ambiente acogedor del hogar lleno de entrañables sentimientos, dulce regresar a él tras un largo viaje! Y ¿por qué no ampararse, después de seis jornadas de trabajo, en la casa del Padre?

¿Por qué no ser como el hijo que, al volver de un viaje de seis días, dice: "Aquí estoy, vengo a pasar mi día de descanso contigo". Bien, ahora escuchadme; he dicho: "Cumple un honesto trabajo".

Sabéis que nuestra Ley prescribe el amor al prójimo La honradez en el trabajo se inscribe en el amor al prójimo.

Quien es honrado en su trabajo no roba en las transacciones, no le substrae al trabajador su salario, no le explota de manera culpable, tiene presente que quien está a su servicio y quien trabaja para él son una carne y un alma como las suyas, y no los trata como si fueran pedazos de piedra sin vida que es lícito romper o golpear con el pie o con el hierro.

Quien no actúa así no ama al prójimo y peca por ello ante los ojos de Dios; su ganancia es maldita, aunque de ella separe el óbolo para el Templo. ¡Oh, qué falsa es esa dádiva!

¡Cómo puede atreverse a depositarla al pie del altar, cuando está rebosando lágrimas y sangre del inferior, explotado; cuando es un "hurto", es decir, una traición respecto al prójimo (porque el ladrón es un traidor respecto a su prójimo)?

Creedlo: no se santifican las fiestas si no se usan para escudriñarse uno a sí mismo, si no se aprovechan para mejorarse uno a sí mismo, para reparar- los pecados cometidos durante los otros seis días. ¡En esto consiste la santificación de la siesta! Ésta es, no otra, enteramente exterior, que no cambia ni en una iota vuestro modo de pensar.

Dios quiere obras vivas, no simulacros de obras.

Simulacro es la falsa veneración a su Ley; simulacro es la falsa santificación del sábado, o sea, el cumplimiento del descanso para mostrar ante los ojos de los hombres que se obedece al mandamiento, usando luego esas horas de ocio para el vicio, la lujuria, la crápula, o para pensaren cómo explotar y perjudicar al prójimo en la siguiente semana; es simulacro la santificación del sábado, o sea, el descanso material, si éste no se ve acompaňado del trabajo íntimo, espiritual, santificante, de un recto examen de uno mismo, de un humilde reconocimiento de la propia miseria, de un serio propósito de obrar mejor en la semana siguiente."

 

 

 

Maria Valtorta:
El Evangelio como me ha sido revelado

Maria Valtorta: The Poem of The Man-God

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 Livio FanzagaEvaluación de la Obra de María Valtorta por el padre Livio Fanzaga, sacerdote católico (Radio Maria):
"Así que yo diría eso, queridos amigos, porque he leído "El Evangelio como me ha sido revelado", tres veces, 10 volúmenes (CEV), y luego soy capaz de evaluar en toda su complejidad y su valor, me dan ganas de decir, queridos amigos, yo no conozco a ningún comentario sobre el Evangelio más ortodoxo, más edificante, más estimulante que esto, y me gustaría, queridos amigos, que todos ustedes aceptaría la invitación de la Virgen María para leer estos libros, porque todo es verdad (y no contienen errores contra la fe y la moral de la Iglesia Católica ...). A continuación, lea estos libros, mis queridos amigos, porque sin duda ganaras grandes beneficios para sus almas. No es difícil conseguirlos, y no cuestan mucho, 10 libros que pueden ser para usted un alimento espiritual indispensable "

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