Los besados por Dios y los falsificadores

No son besados por Dios los que entre los hombres, sumergidos en el error, tienen fama de magos y adivinos

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(CEV) "Los Quadernos 1944", p. 12

 La Pasión de CristoJesus dice: "Inspirado por Dios, Daniel enuncia una verdad ya demasiado desatendida. Pueden conocer, del modo y con la amplitud que Dios desea, el misterio del futuro y el misterio aún mayor del más allá sólo aquellos seres a quienes Dios quiere darlos a conocer.

Y quiere hacerlo directamente, sin intermediarios, sin marcos, sin oropeles, sin ayudantes.

No hay restricciones para el Espíritu, ni obstáculos, ni límites, ni flaquezas, ni requerimientos.

Es potente, libre, inmediato. Arrastra consigo luz e inteligencia.

Si están arrebatados por el Espíritu de Dios, aun el ignorante y el tonto se convierten en eruditos conocedores no ya de la pobre ciencia humana sino de la sublime Ciencia de Dios.

He dicho: "Te agradezco, oh Padre, porque has ocultado estas cosas a los doctos y las has revelado a los humildes"'.

Y al decir "Padre" decía también "Espíritu", pues el Padre es Uno con el Espíritu y Yo con Ellos; y por eso quien bendice a Uno les bendice a los Tres, quien es amado por Uno está estrechado por los Tres, porque no hay tres Dioses, sino un solo Dios de naturaleza trina y única unidad.

Grande es el Padre, grande el Hijo y grande el Espíritu.

Es potente el Padre, potente el Hijo y potente el Espíritu. Es santo el Padre, santo el Hijo y santo el Espíritu. Y los Tres lo son en igual medida.

Viene el Padre en su unidad que nos engendra.

Viene el Hijo que, por su origen, nos salva.

Viene el Espíritu con su septiforme llama que santifica.

Vienen amándose y amando y así transforman al humilde, al mísero, en un ojo que penetra en el misterio de Dios, en una boca que pronuncia las palabras de Dios.

No son besados por Dios los que entre los hombres, sumergidos en el error, tienen fama de magos y adivinos.

No lo son quienes intentan simular en ellos la presencia de Dios con manifestaciones histriónicas para encantar a los crédulos, carentes de una auténtica fe.

No lo son quienes convierten en lucro su satanismo.

¡Malditos sean todos ellos! ¡Y que lo sean cada vez más! Son besados por Dios los que viven la vida casta, de mortificaciones, de amor del siervo de Dios; los que rehuyen las alabanzas y odian la popularidad; los que, perdidos en el torbellino de luz que es Dios, con el corazón pletórico de fe y el espíritu de caridad, se apoyan en Mí como místicas bocas y de Mí absorben la Verdad y el Conocimiento.

Como no son violentos ni prepotentes ni comercian con el misterio, acogen lo que les doy con simplicidad, con amor, con honradez. Como no son profanadores, no tendrían nunca la osadía de suscitar de modo alguno las circunstancias aptas para crear la atmósfera que Yo no necesito - pues, os lo repito, no me precisan climas ni atmósferas - pero que es menester a su satanismo para recibir las exhalaciones del Maligno.

Los que imitan a Dios y a sus santos o, peor aún, los que parodian a Dios y a sus santos - pues de ellos ofrecen una representación sacrílega - son hijos, súbditos, ministros de Satanás, son sus títeres. Sus labios no pronuncian una sola verdad, su corazón no alberga una sola luz.

La Mentira les arrastra - y arrastra también a los que creen en ellos - al fondo del abismo que han pretendido.

Y no puede ser de otra manera porque ni siquiera el Astuto puede conocer totalmente el pensamiento de Dios y porque él tampoco expresa la parte que conoce, ya que es la Serpiente que canta canciones engañadoras para destruir lo que sus celos consideran aún como una posible morada para el Señor.

¿Por qué creer en esas larvas, vaho de la satánica boca, que se os muestran para simular lo que sólo Dios puede enviaros para constituir vuestra guía espiritual?

¿No pensáis que, si es verdad que Dios puede acoger vuestro deseo de sentirle como Padre amoroso, aún más de lo que la mayor parte de los hombres desea, es también verdad que nadie - e insisto: nadie - ni siquiera un santo, puede imponérsele a Dios y decirle: "Ven. Te lo ordeno"? Yo vengo cuando y donde y como quiero, en el tiempo y el lugar que quiero.

Os hablo cuanto lo deseo. Y entre la sincera simplicidad, que es mi signo, y la sencilla humildad, que es el signo de mis siervos, por una parte y la engañosa coreografía y la ávida soberbia de los falsos poseedores de la verdad por la otra, hay una diferencia mayor que entre el sol y la noche sin estrellas y un abismo más vasto que entre una orilla y la otra de los océanos que, en ciertas zonas, tienen una magnitud que os es imposible concebir.

De esta parte está Dios y su Verdad. De aquélla, Satanás y su Error.

De esta parte está mi mano tendida para bendecir a las humildes flores que acogen mi luz bendiciéndome y juzgándose indignas de merecerla.

De aquélla, está mi mano tendida para maldecir, porque se trata de las venenosas flores de un pútrido estanque, ceñidas por serpientes que emanan su ponzoña eternamente mortal." […]

 

 

 

Maria Valtorta:
Los cuadernos. 1943; 1944; 1945

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