La misión del Ángel de la Guarda

La gente cree que la misión del Ángel de la Guarda termina cuando muere el que dicho ángel custodia. No siempre es así. La misión cesa, y es lógica consecuencia, cuando muere el pecador impenitente

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(CEV) "Los Quadernos 1945-1950", p. 375

Dice El Ángel Azarías: "La gente cree que la misión del Ángel de la Guarda termina cuando muere el que dicho ángel custodia.

No siempre es así.

La misión cesa, y es lógica consecuencia, cuando muere el pecador impenitente y esto es un supremo dolor para el ángel custodio del que no se arrepintió.

En cambio, muda en jubilosa y eterna gloria cuando muere un santo, que pasa de la Tierra al Paraíso sin pausas purgativas.

Y para los que pasan de la Tierra al Purgatorio para expiar y purificarse, la misión continúa tal cual, como protección que intercede por quien le ha sido confiado y al que ama.

Entonces nosotros, los ángeles custodios, rezamos con caridad por vosotros ante el trono de Dios y, junto con nuestras oraciones de amor, presentamos los sufragios que os dedican parientes y amigos en la Tierra.

¡Oh!, no puedo decir totalmente todo lo vivo, activo, dulce, que es el vínculo que aún nos une a vosotros, los purgantes.

Como madres que atisban el regreso de la salud en un hijo que estuvo enfermo y ahora está convaleciente, como esposas que van contando los días que las separan de la reunión con el esposo prisionero, así estamos -nosotros.

Ni siquiera por un instante dejamos de observar la amorosa Justicia divina y vuestras almas que se purifican entre las llamas del amor. Y nos colmamos de júbilo al ver al Amor cada vez más apaciguado con ellas y a ellas cada vez más dignas de su Reino.

Y cuando la Luz nos ordena: "Quítale fuera de allí para traerle aquí", más veloces que una flecha nos precipitamos para llevar un trocito de Paraíso, que quiere decir fe, esperanza, consuelo para los que aún permanecen expiando, allí en el Purgatorio, y estrechamos a nosotros el alma amada por la que hemos obrado y sufrido, y subimos con ella mientras vamos enseñándole el hosanna paradisiaco.

Los dos instantes dulces en la misión de los Custodios, o mejor, los más dulces, son: cuando la Caridad nos dice: "Desciende porque ha sido engendrado un nuevo hombre y debes velar por él como sobre una gema que me pertenece", y cuando podemos subir con vosotros al Cielo. Mas el primero es menos dulce que el segundo.

Los demás instantes de júbilo son vuestras victorias sobre el mundo, sobre la carne y el demonio.

Y así como temblamos por vuestra fragilidad desde el momento en que os tomamos bajo nuestra custodia, del mismo modo siempre palpitamos tras una victoria vuestra, porque el Enemigo del Bien vigila siempre para abatir lo que construye el espíritu.

Por eso, el instante en que entramos con vosotros en el Cielo es jubiloso y perfecto en ese júbilo, pues nada puede destruir lo que ya se ha cumplido. […] "

 

 

 

Maria Valtorta:
Los cuadernos. 1943; 1944; 1945

Maria Valtorta: Los Quadernos 1943

Maria Valtorta: Los Quadernos 1944

Maria Valtorta: Los Quadernos 1945

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