La falta de la Caridad como un obstáculo para la conversión

Yo aborrezco los corazones y las bocas que odian

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(CEV) "Los Quadernos 1944", p. 73

 La Pasión de CristoJesus dice: "[...]¡Cuánto mejor sería si, en lugar de empeñarse sólo en imprecar contra todos los inconvenientes, las penas, las desventuras de la vida, todos supieran venir a Mí cuando el prójimo ofende, muerde, daña, cuando calumnia, cuando decepciona, cuando abate, cuando hiere con su indiferencia, con su falta de caridad, con su incomprensión, como si blandiera una espada! .

Sufrirían menos y obtendrían bendiciones divinas. Mas, en lugar de ello, de estos labios humanos que están cansados de rezar pero no de insultar, brota siempre la imprecación contra todo y contra todos, incluso contra Mí.

¿Cómo puedo ir a quien alberga en sí odio que fermenta? ¿Acaso no es la imprecación odio que fermenta?

Es odio contra Mí, contra el prójimo, contra la voluntad de Dios, contra vosotros mismos.

Y debéis saber que, aun cuando es contra vosotros mismos, la desapruebo porque Yo aborrezco los corazones y las bocas que odian y no importa que me odien a Mí, o a Dios, o a los hermanos, criaturas de Dios, o a sí mismos, obra de Dios.

Para Mí, odiar es no amar; no amar no significa necesariamente matar; para no amar basta carecer de ese sentimiento de paciente compasión que hasta los animales domésticos experimentan por el amo que sufre.

El que, además, odia a un infeliz y le hace notar duramente su condición y así agudiza las heridas que Yo mediqué con mi amor para que sufriera menos, me ofende a Mí, que he dicho: "¡Bienaventurados los misericordiosos! Hasta el que dé un vaso de agua tendrá su recompensa"'.

Y una palabra buena se recompensa mucho más que un vaso de agua.

Y en fin cuando, con intención ultrajosa, se juzga mal a un siervo mío y se le turba hasta el punto de hacerle incapaz físicamente de transcribir mi Palabra, entonces se comete una doble ofensa contra mi Persona.

Porque sólo Yo puedo quitarle a un siervo mío la facultad de recibir, si dicho siervo no sigue esa forma de vida que Yo le exijo.

Y el que, en cambio, le fustiga con medios humanos y le convierte en un mísero herido incapaz de moverse, sobre quien Yo, el Samaritano divino', debo curvarme para medicar las heridas y reanimar las fuerzas con mi piadoso amor, ése se arroga un derecho que no tiene y priva a Dios de un derecho y de un instrumento que le pertenecen.

En verdad te digo que, aun conociendo ese corazón, le dicté una palabra importante para estimularlo, para obligarlo al bien; lo hice por ti, y también por ella, para que el recuerdo de su madre, que era una verdadera cristiana, le sirviera de acicate para imitar sus virtudes.

Pero, a veces, de un manzano dulcísimo nacen frutos agrios y así se quedan porque no acogen con fe la palabra de Dios.

Yo soy El que injerta el Bien en vosotros. Pero quien no me acoge, queda agrio y silvestre como el fruto de una planta silvestre.

En verdad, no es éste el modo en que se practica "la caridad hacia el prójimo".

La Marta del Evangelio era mucho mejor. Se afligía por demasiadas cosas', mas no se burlaba del amor de su hermana; por el contrario, la alegraba que ésta se hubiera entregado a él, y dicho amor no la turbaba hasta el punto de extender entre su hermana y Yo el velo amargo de una incomprensión que, aun siendo fraternal, turba siempre.

Yo le dije a la mujer de Samaria: "Quien beba de esta agua, no apagará su sed, mas quien beba del agua que Yo doy no tendrá más 'sed; más aún: el agua por Mí dada se convertirá en él en una fuente de agua vital, que manará por la eternidad"'.

Mas, ¿cómo puedo convertirme en fuente de agua vital que mane en él por la eternidad, si ése en el que Yo vengo y ofrezco, bajo el ropaje eucarístico, la divina fuente que guarda en sí todas las virtudes y las gracias aptas para hacer de un hombre un santo, permanece como mármol que no absorbe y, con su falta de fe y de caridad, sigue siendo no sólo jofaina de impenetrable mármol sino, además, jofaina perforada por su ausencia de genuina fe y de caridad?

Por eso, en verdad Yo huiré de él después de haber venido a él - pues no amo a los incrédulos y a los faltos de caridad - y cada vez le dejaré árido y vacío como antes.

Éste es el destino del que pretende que Dios cumpla el milagro y no hace por su parte ningún esfuerzo para mejorarse a sí mismo.

¡Cómo se afana Satanás en torno de estos corazones! Si ellos se vieran, se estremecerían.

Como avecillas distraídas, no escuchan el reclamo paterno, que les llama y les advierte del peligro; no ven, no quieren ver que el pajarero maléfico ya empuña la red para capturarles y hacerles infelices.

Y acaban siendo su presa e instrumento de aflicción para mis dilectos.

El mundo está lleno de estos seres distraídos. Son los más difíciles de convertir porque les posee la soberbia y no hay en ellos caridad alguna que les purifique.

Me causan piedad. También tú ten piedad por ellos y reza. Si tu rezo, a igual que mi gracia, no es provechoso, volverá a ti, así como la gracia vuelve a Mí, y tu mérito será reconocido como si con él hubieras obtenido la conversión de ese corazón. [...]».

 

 

 

Maria Valtorta:
Los cuadernos. 1943; 1944; 1945

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