Eventos en los últimos tiempos

La carestía y la mortandad de las epidemias serán uno de los signos precursores de mi segunda venida

By

(CEV) "Los Quadernos 1943", p. 412

 La Pasión de CristoJesus dice: ""Cuando hago decir a Sofonías que me llevaré cuanto hay en la tierra, le hago profetizar lo que sucederá en la antevigilia de los últimos tiempos, lo que Yo mismo anuncié después hablando, encubierto bajo la descripción de la ruina del Templo y de Jerusalén, de la destrucción del mundo, y cuanto profetizó el Predilecto en su Apocalipsis.

Las voces se suceden. Más aún, puedo decir que, como en un edificio sagrado elevado para dar testimonio de la gloria del Señor, las voces suben de pináculo en pináculo, de profeta a profeta antecediendo a Cristo, hasta la culminación mayor en la que habla el Verbo durante su vivir de hombre, y después, bajando de pináculo a pináculo a través de los siglos, por boca de los profetas que siguieron a Cristo.

Es como un concierto que canta las alabanzas, los deseos, las glorias del Señor, y que durará hasta el momento en que las trombas angélicas reunirán a los muertos de los sepulcros y a los muertos del espíritu, a los vivientes de la tierra y a los vivientes del Cielo para que se postren ante la gloria visible del Señor y oigan la palabra de la Palabra de Dios, esa Palabra que muchísimos han rechazado o descuidado, desobedecido, escarnecido, despreciado, esa Palabra que vino: Luz en el mundo, y que el mundo no quiso acoger prefiriendo las tinieblas. Yo soy la cúspide del edificio de Dios.

No puede existir palabra más alta y verdadera que la mía. Pero mi Espíritu está en la boca de las "palabras" menores, porque todo cuanto habla de lo que es de Dios es palabra inspirada por Dios.

La carestía y la mortandad de las epidemias serán uno de los signos precursores de mi segunda venida.

Los castigos creados para corregiros y volver a llamaros a Dios obrarán, con dolorosa potencia, una de las selecciones entre los hijos de Dios y de Satanás.

El hambre producido por los robos y las malditas guerras, queridas sin justificación de independencias nacionales sino sólo por la ambición del poder y la soberbia de los demonios con apariencia de hombres, producido por el detenerse de las leyes cósmicas, por voluntad de Dios, por lo que el hielo será áspero y prolongado, por lo que el calor quemará y no será mitigado por las lluvias, por lo que las estaciones serán invertidas y tendréis sequedad en las estaciones de las lluvias y lluvias en el tiempo de la maduración de las mieses, así que engañadas por la templanza repentina o por el frescor insólito, las plantas florecerán fuera de estación y los árboles se recubrirán, después de haber generado, de nuevas flores inútiles, que aprisionan sin fruto la planta -porque todo desorden es nocivo y conduce a la muerte, recordadlo, hombres- el hambre atormentará cruelmente esta raza perversa y enemiga de Dios.

Los animales, privados de forraje y pienso, de grano y semilla, morirán de hambre y, por el hambre del hombre, serán destruidos sin darles tiempo de procrear.

Los pájaros del cielo y los peces de las aguas, piaras y rebaños, serán asaltados por todas partes para dar a vuestros vientres el alimento que la tierra sólo producirá escasamente. La mortandad, creada por las guerras y las pestes, los terremotos y los naufragios, precipitará en el más allá a los buenos y a los malos.

Los primeros para vuestro castigo -porque privados de los mejores empeoraréis cada vez más- los segundos para su castigo, porque tendrán el infierno por morada antes de la hora prevista.

Vosotros seréis la víctima preparada por el Señor para purificar el altar de la Tierra, profanado por lo pecados de idolatría, de lujuria, de odio, de soberbia, hombres que perecéis a miles y a decenas de miles bajo la aguda guadaña de los fulgores divinos. Caeréis unos sobre otros como la hierba segada sobre un prado en abril: las flores santas mezcladas con las venenosas, los delicados tallos con los punzantes espinos.

La mano de mis ángeles escogerá y separará a los benditos de los malditos, llevando a los primeros al Cielo y dejando a los segundos a los tridentes de los demonios para pasto del Infierno. Ser reyes o mendigos, sabios o ignorantes, jóvenes o viejos, guerreros o sacerdotes no constituirá diferencia ni baluarte contra la muerte. Habrá un castigo y será tremendo. El ojo de Dios escogerá a los destinados quitando las "luces" para que no tengan que sufrir más la neblina creada por los hombres unidos a Satanás, quitando las "tinieblas" generadoras de tinieblas porque están poseídas por el padre de las tinieblas: Satanás.

El ojo de Dios, que penetra en los palacios, en las iglesias, en las conciencias -y no hay barreras ni hipocresía que le impida verescudriñará en el seno de la Iglesia: la Jerusalén de ahora, escudriñará en el seno de las almas y escribirá el decreto personal para los dolientes, los indiferente, los tibios, los rebeldes, los traidores, los homicidas del espíritu, los deicidas.

No, no creáis que Dios no os hará ni bien ni mal por vuestras obras.

Yo os lo juro, lo juro a Mí mismo, lo juro por mi Justicia, lo juro con triple juramento, os haré bien por el bien que hagáis y mal por el mal que hayáis realizado. Si las impurezas de la carne y de vuestra vida de animales ponen una costra en vuestros ojos para impediros ver a Dios, a Dios nada le empaña. Dejaré caer mi mano sobre los que se complacen de estar en el barro y allí quieren quedarse a pesar de las invitaciones y los medios que les doy para salir. Serán barro en el barro, porque hacen del barro del pecado el alimento preferido para su hambre impura.

El día se acerca, hijos que habéis renegado del Padre. El tiempo de la Tierra es largo y breve al mismo tiempo. ¿Acaso no era ayer cuando gozabais de un honesto bienestar fruto de la paz y de las obras pacíficas que dan el pan y el trabajo?

¿Acaso no era ayer, vosotros que vivís en esta hora tremenda, cuando gozabais de la alegría de la familia no desmembrada ni destruída, la alegría de los hijos alrededor de la mesa del padre, del tálamo: el esposo junto a la esposa, del padre inclinado sobre la cabeza de los niños como maestro y amigo?

¿Y ahora? ¿Dónde está todo eso? Ese tiempo pasó veloz como el pájaro que vuela a playas lejanas.

Era ayer... ahora os volvéis y veis que un número de días, que el horror multiplica con su sangrienta intensidad, os separa de ellos. Os refugiáis en el recuerdo, pero el cúmulo de escombros y la extensión de tumbas os destruyen la dulzura del recuerdo con la realidad del presente.

¡Oh! hombres, hombres que insultáis a Dios con las voces de la boca y del corazón creyendo que os sea lícito hacerlo, oíd, hombres, la voz de Dios, desgarrada y desgarrante, que ya retumba en el mundo porque no le sirve hablaros por la boca de sus siervos y amigos, que os anuncia su ira, y que todavía os llama porque sufre al castigaros. Antes de que la ceguera de vuestros espíritus sea total, venid al Médico y a la Luz.

Antes de que la sangre sea tanta de constituir un lago de muerte, venid a la fuente de la Vida. Reunid vuestras miserables capacidades de amor y volvedlas a Dios. El amor os perdonará por esas migajas de amor que le ofreceréis, resto de las rapiñas de la carne y de Satanás.

Deben ofrecerse a Dios las primicias y la totalidad de los bienes. Pero dado que no habéis sabido hacer esto, hijos que me habéis costado la vida, dad al Señor grande, piadoso, poderoso, lo que aún os queda. En vuestra pobreza de espíritu, pobreza no evangélica sino humana, arrancaos del corazón la última punta, negad a la carne ese resto y dádmelo a Mí. Sé que a uno de mis dilectos le cuesta menos el sacrificio de la vida, porque el amor le embarga, de lo que a vosotros os cuesta el sacrificio de un beso. Y por vuestro esfuerzo, desproporcionado con la oferta, os daré un premio desproporcionado con el don. Os lo daré, con tal de que vengáis.

Quien trabajó bien en la última hora será admitido en el Reino como quien rigió el arado, hasta caer sobre él, desde la aurora hasta su tarde anticipada. No os lamentaréis de tener una morada distinta en el Cielo; allí no existen las mezquindades de las envidias humanas.

Pero conquistad este Cielo que he creado para vosotros y que os he abierto con mi muerte de Cruz. Venid al Señor antes de que el Señor venga sobre vosotros con su majestad de Juez.

Respecto a vosotros, mis dilectos, permaneced en el camino que habéis escogido. Los vendavales y las tempestades no lograrán haceros perder la meta que soy Yo, que tengo el Corazón abierto para recibiros con el más vivo beso de amor.

Dejad que caigan los reinos y los pueblos, y que lo que ahora se cree potente se convierta en cenizas y escombros, y que lo que ahora se cree con el derecho de dictar deseos y doctrinas se convierta en polvo triturado por la Voluntad y la Ley de Dios. En mi breve reinado sobre el mundo seré Yo quien reine, Yo y el resto de mi pueblo, esto es, los fieles verdaderos, los que no han renegado de Cristo y recubierto el signo de Cristo con la tiara de Satanás.

Entonces caerán las falsas deidades de los superpoderes, las doctrinas obscenas que reniegan de Dios, Señor omnipotente. Mi Iglesia, antes de que se acabe la hora del mundo, tendrá su triunfo resplandeciente. No hay nada distinto en la vida del Cuerpo Místico de cuanto hubo en la vida de Cristo. Se dará el hosanna de la vigilia de la Pasión, el hosanna cuando los pueblos, fascinados por la Divinidad, plegarán sus rodillas ante el Señor.

Después vendrá la Pasión de mi Iglesia militante, y al final la gloria de la Resurrección eterna en el Cielo. ¡Oh bienaventuranza la de aquel día en el que habrán acabado para siempre las insidias, las venganzas, las luchas de esta tierra, de Satanás, de la carne!

Mi Iglesia estará compuesta entonces por los verdaderos cristianos. Entonces, en el penúltimo día. Pocos como al inicio, pero santos como al inicio. Acabará en santidad como en santidad comenzó. Se quedarán fuera los mentirosos, los traidores, los idólatras. Los que en el último día imitarán a Judas y venderán su alma a Satanás dañando al Cuerpo místico de Cristo.

La Bestia tendrá en ellos sus lugartenientes para su última guerra. Y ¡ay de quien en Jerusalén, en los últimos tiempos, se haga culpable de tal pecado! ¡Ay de quienes en ella se aprovechen de su apariencia para provecho humano! ¡Ay de quienes dejen perecer a los hermanos y dejen de hacer de la Palabra que les he confiado el pan de las almas hambrientas de Dios! ¡Ay! No haré diferencia entre quien reniegue abiertamente a Dios y quien le reniegue con las obras.

Y en verdad os digo, con el dolor del Fundador por excelencia, que tres cuartos de mi Iglesia me renegará en la última hora, y tendré que amputarles del tronco como ramas muertas y corrompidas por una lepra inmunda. Pero vosotros que permanecéis en Mí, oíd la promesa de Cristo. Esperadme con fidelidad y amor y Yo vendré a vosotros con todos mis dones.

Con el don de los dones: Yo mismo. Vendré para redimir y curar.

Vendré para iluminar las tinieblas, vencerlas y hacerlas huir. Vendré para enseñar a los hombres a amar y adorar al Dios eterno, el Señor altísimo, el Cristo santo, el Padre, el Hijo, el Espíritu Santo. Vendré para traeros, no la paz de este mundo, eterno destructor de la Paz, sino la Paz del Reino que no muere.

Regocijaos, mis siervos fieles. Os dice esto la boca que no miente. Ya no tendréis que temer ningún mal porque pondré fin al tiempo del mal, anticiparé este final por piedad hacia mis benditos. Regocijaos sobre todo vosotros, mis amados de entonces.

Para vosotros será todavía más solícito el adviento de Cristo y su abrazo de gloria. Ya se abren para vosotros las puertas de la Ciudad de Dios y sale vuestro Salvador para venir a vuestro encuentro a daros la Vida verdadera. Todavía un poco y después vendré. Como para Lázaro, mi amigo, os llamaré uno a uno: "¡Sal fuera!".

Fuera de esta tierra que es tumba para el espíritu encarcelado en la carne. Fuera. En la Vida y en la libertad del Cielo. Llamadme con vuestro amor fiel.

Que él sea la llama que funde las cadenas de la carne y da al espíritu la libertad de venir pronto a Mí. Pronunciad el grito más bello escrito por hombre: "Ven, Señor Jesús"».