El Señor habla en los que aman a El

¿Has meditado alguna vez acerca de lo que quiere decir la expresión: "Dice la Sabiduría, dice el Señor", que está en los labios de los teólogos cuando hablan de todos los escritos del Antiguo y del Nuevo Testamento?

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(CEV) "Los Quadernos 1945-1950", p. 387

 La Pasión de CristoJesus dice: "¿Has meditado alguna vez acerca de lo que quiere decir la expresión: "Dice la Sabiduría, dice el Señor", que está en los labios de los teólogos cuando hablan de todos los escritos del Antiguo y del Nuevo Testamento? Hace poco le oíste decir a un predicador: "Dice el Señor: 'Aunque Yo hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles...'".

No dijo: "Dice Pablo`, sino: "Dice el Señor".

¿Por qué dice así?, ¿por respeto, pensando que Dios está presente en todas las acciones del hombre?

Lo dice también por eso pero, sobre todo, porque hay que decir la verdad.

Y la verdad es que Dios está tan presente en los que le aman que la personalidad y, especialmente, el pensamiento de los mismos se anula en el de Dios y ya no es Pablo, Pedro, Juan, Santiago o Judas.

Pedro, Pablo, Juan, Santiago, Judas, portavoces de Dios, dicen lo que Dios dice en ellos; sus palabras son la voz de Dios.

Y así fue también, en tiempos más lejanos, con Isaías, Jeremías, Iesaí bar Sirac, Sofonías, Miqueas, Zacarías... y en tiempos más cercanos con todas las voces del Señor diseminadas en los siglos para decirles a los hombres las palabras de Dios, esas palabras que son otras tantas luces, otras tantas medicinas, otras tantas gracias. ¿Ves qué bueno es el Señor con quienes le pertenecen totalmente?

Les convierte de tal modo en una sola cosa con Él, que ya no son ellos los que hablan y obran sino Él, hasta el punto que, refiriéndose a lo que la mano de dichos hombres escribe, se puede decir sin mentir: "Dice el Señor". Y nota aún que, por verdadera justicia, no pueden vanagloriarse de las palabras que escriben, porque no son suyas sino del Señor.

Por eso te he dicho siempre: sé humilde siempre porque, si una pizca de soberbia naciera en ti [...], Yo te abandonaría hasta que un arrepentimiento, prolongado y sincero, te hiciera aceptable para mi corazón.

Quédate en paz, [...]. Tras haber sido considerada un objeto de horror, la cruz fue exaltada porque me llevó y, entonces, fue considerada un instrumento de redención.

Tras haber sido puestos a prueba en el dolor, los crucificados serán exaltados por haber cumplido en ellos lo que le faltaba a mi Pasión».

 

 

 

Maria Valtorta:
Los cuadernos. 1943; 1944; 1945

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