¿Cree usted que estos huesos volverán a vivir?

Ahora la humanidad es sólo huesos, restos calcinados, densos, muertos, hundidos en los fétidos surcos de los vicios y las herejías

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(CEV) "Los Quadernos 1945-1950", p. 50

 La Pasión de CristoJesus dice: (Ezequiel 37, 1-14.) "A igual que el Señor le preguntó a Ezequiel, Yo te pregunto: "¿Crees que estos huesos revivirán?". Yo, como Ezequiel, te respondo: «Tú lo sabes, Señor Dios», dado que entiendo el significado de la palabra "huesos", que en este caso está usada en lugar de "hombres".

Es decir, entiendo que Jesús no me pregunta si resucitarán los muertos en el último Día.

Eso pertenece a la fe, y sobre eso no hay ninguna duda. Pero Él llama "huesos" a la pobre humanidad actual, que es sólo materia sin espíritu. Llego a entender esto porque, como ya le he explicado muchas veces, cuando Dios se apodera de mí para convertirme en su portavoz, mi inteligencia se dilata y se eleva a una potencia que es muy superior a la que le es consentida a los seres humanos. Y por eso, "veo", "oigo', "comprendo", según el espíritu.

Jesús sonríe porque ve que he comprendido su pregunta y explica: «Así es. Ahora la humanidad es sólo huesos, restos calcinados, densos, muertos, hundidos en los fétidos surcos de los vicios y las herejías.

Ya no existe el espíritu, el espíritu que es vida en la carne y en la eternidad, el espíritu que es lo que diferencia al hombre del animal.

El hombre se ha matado a sí mismo al matar la parte mejor de sí. ¿Es una máquina? ¿Es un bruto? ¿Es un cadáver? Sí, es todo esto.

Es una máquina porque cumple su jornada mecánicamente, como un dispositivo que se mueve porque debe hacerlo, visto que sus partes han sido puestas en movimiento.

Pero lo hace sin comprender la belleza de lo que hace.

Del mismo modo, el hombre se levanta, se acuesta, tras haber comido, trabajado, paseado, hablado, sin comprender nunca la belleza, o la fealdad, de lo que hace.

Y no lo comprende, simplemente porque, al estar privado del espíritu, ya no distingue lo bello de lo feo, el bien del mal.

Es un bruto porque está satisfecho con dormir, comer, acumular grasa en su cuerpo y provisiones en su cueva, ni más ni menos que como hace el animal, cuyo único fin en la vida y cuya única alegría en la existencia son estas operaciones y que, por esta ley baja y brutal que establece la necesidad de saquear para quedar saciado, lo justifica todo: los egoísmos y los actos feroces.

Es un cadáver porque lo que permite decir que un hombre está vivo es la presencia del espíritu en su carne.

El hombre se convierte en un cadáver cuando exhala su alma.

En verdad, el hombre actual es un cadáver que está en pie y se mueve por un sortilegio de la mecánica o del demonio.

Pero no es más que un cadáver. Pues bien, Yo digo: "¡Oh, áridos huesos!, infundiré en vosotros el espíritu y reviviréis.

Haré que en vosotros vuelva a haber nervios y crezca la carne y otra vez os cubriré de piel y os daré el espíritu y reviviréis y sabréis que Yo soy el Señor".

Sí, lo haré. Vendrá el tiempo en que volveré a tener un pueblo de seres "vivos" y no de cadáveres.

Mientras tanto, a los mejores, a los que no están muertos mas sólo están reducidos a esqueletos por la falta del alimento espiritual, les doy el sustento de mi palabra. No quiero que muráis de consunción.

Ésta es la suculenta ambrosía que, dulcemente, os da vigor. ¡Oh, nutríos con ella, hijos de mi amor y de mi sacrificio!

¿Por qué debo ver que muchos tienen hambre y que, habiendo preparado el Salvador abundante alimento para ellos, no ha sido alcanzado por los que tienen hambre?

Nutríos, poneos de pie, salid de los sepulcros. Sacudíos la inercia, apartaos de los vicios del siglo, venid al conocimiento, venid a "reconocer" al Señor vuestro Dios.

Os lo he dicho al comienzo de esta obra y a mediados de esta trágica guerra' y os lo repito: "Ésta es una de las guerras preparatorias de la época del Anticristo".

Luego vendrá la era del espíritu vivo. ¡Bienaventurados los que se preparen a recibirla! No digáis: "Nosotros no estaremos allí".

No estaréis todos vosotros. Mas pensar solamente en sí mismos significa estupidez y anticaridad.

De padres ateos nacen hijos ateos. De padres inertes nacen hijos inertes.

¡Y todos ellos, vuestros hijos y los hijos de vuestros hijos, tendrán una enorme necesidad de fuerza espiritual en esa hora! En el fondo, es una ley del amor humano proveer al bien de los hijos y de los nietos.

No os mostréis en lo que atañe al espíritu inferiores a lo que atañe a las cosas terrenas y, del mismo modo en que dais a vuestros hijos riquezas o consideráis cómo poder dárselas para que vivan días más felices que los que vosotros habéis vivido, dedicaos a prepararles una herencia de fuerza espiritual que ellos puedan modelar y multiplicar, para tener una gran cantidad de ella cuando los embates de las últimas batallas del mundo y de Lucifer flagelen de modo tan feroz la Humanidad que los hombres se preguntarán si no sería mejor el Infierno.

¡Oh, el Infierno!: la Humanidad deberá vivirlo.

Luego, para los que permanecieron fieles al espíritu, vendrá el Paraíso, vendrá la Tierra que no es tierra: el Reino de los Cielos».

 

 

 

 

Maria Valtorta:
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