Ciencia según Dios: Una, sólo una ciencia es necesaria

la Ciencia, cuando es únicamente humana, corrompe sin producir rebelión y arrastra a la perdición a un número infinito de adeptos.

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(CEV) "Los Quadernos 1943", p. 244

 La Pasión de CristoJesus dice: "Te dije un día' que el eterno envidioso trata de copiar a Dios en todas las manifestaciones de Dios. Dios tiene sus arcángeles fieles. Satanás tiene los suyos. Miguel: testigo de Dios, tiene un rival infernal; y también lo tiene Gabriel: fuerza de Dios.

La primera bestia, que sale del mar, que con voz de blasfemia hace proclamar a los engañados: "¿Quién hay semejante a la bestia?", corresponde a Miguel.

Vencida y herida por éste en la batalla entre las tropas de Dios y las de Lucifer, al principio del tiempo, curada por Satanás, odia a muerte a Miguel, y ama, si de amor puede hablarse entre los demonios -es mejor decir: sumisión absoluta- a Satanás.

Ministro fiel de su rey maldito, usa la inteligencia para dañar a la estirpe del hombre, criatura de Dios, y para servir a su amo.

Usa fuerza sin Fin y sin medida para persuadir al hombre a borrar, por sí mismo, mi signo que horroriza a los espíritus de las tinieblas.

Quitado aquél, con el pecado que quita la gracia, crisma luminoso sobre vuestro ser, la Bestia puede acercarse e inducir al hombre a adorarle como si fuera un Dios y a servirle en el delito.

Si el hombre pensase a qué sujeción se dona desposándose con la culpa, no pecaría.

Pero el hombre no piensa. Mira el momento y la alegría del momento, y peor aún que Esaú cambia la divina progenitura por un plato de lentejas.

Pero Satanás no utiliza sólo a este violento seductor del hombre.

Por cuanto el hombre reflexione poco, en general, todavía hay demasiados hombres que, no por amor, sino por temor del castigo, no quieren pecar gravemente-Por eso he aquí el otro ministro satánico, la segunda bestia. Bajo aspecto de cordero tiene espíritu de dragón. Es la segunda manifestación de Satanás y corresponde a Gabriel, porque anuncia a la Bestia y es su fuerza más fuerte: la que demole sin consultar y persuade con dulzura fingida de que es justo seguir las huellas de la Bestia.

Es inútil hablar de potencia política y de tierra. No. Si acaso podéis referir a la primera el nombre de Potencia humana y a la segunda el de Ciencia humana.

Y si la Potencia por sí misma produce rebeldes, la Ciencia, cuando es únicamente humana, corrompe sin producir rebelión y arrastra a la perdición a un número infinito de adeptos.

¡Cuántos se pierden por la soberbia de la mente que les hace despreciar la Fe y matar el alma con el orgullo que separa de Dios!

Que si bien Yo segaré en el último día la mies de la tierra, ya hay un segador entre vosotros. Y es este espíritu de Mal quien os siega y no hace de vosotros espigas de grano eterno, sino paja para la morada de Satanás.

Una, sólo una ciencia es necesaria.

Lo repetiré mil veces: conocer a Dios y servirle, conocerle en las cosas, verle en los acontecimientos y saber distinguirle a Él de su antagonista para no caer en perdición.

En cambio os preocupáis de aumentar el saber humano en detrimento del saber sobrehumano.

Yo no condeno la Ciencia. Al contrario me gusta que el hombre profundice con el saber los conocimientos que ha ido acumulando, para poder comprender cada vez más y admirarme en mis obras.

Os he dado la inteligencia para esto. Pero debéis usarla para ver a Dios en la ley del astro, en la formación de la flor, en la concepción del ser, y no usar la inteligencia para violar la vida o negar al Creador.

Racionalismo, Humanismo, Filosofismo, Teosofismo, Naturismo, Clasicismo, Darvinismo, tenéis escuelas y doctrinas de todos los géneros y os preocupáis de todas, por cuanto la Verdad esté muy pervertida o abolida en ellas.

Sólo no queréis seguir y profundizar la escuela del Cristianismo. Resistencia natural, por lo demás.

Profundizando en la cultura religiosa estaríais obligados o a seguir la Ley -y no lo queréis hacer- o a confesar abiertamente que queréis pisotear la Ley.

Y tampoco queréis hacer esto. Por ello no queréis haceros doctos en la Ciencia sobrenatural.

Pero ¡pobres necios! Y ¿qué haréis con vuestras escuelitas y de vuestras palabritas cuando tengáis que hacer mi examen? Habéis apagado en vosotros la luz infinita de la Ciencia verdadera y habéis creído iluminar vuestras almas con substitutivos de luz, así como pobres locos que pretendieran apagar el sol haciendo con muchos farolillos un nuevo sol.

Pero aunque las nieblas escondan el sol, el sol está siempre en mi firmamento.

Pero aunque con vuestras doctrinas creéis nieblas que ocultan el Saber y la Verdad, la Verdad y el Saber existen siempre porque vienen de Mí que soy eterno.

Buscad la verdadera Sabiduría y comprenderéis cómo debe comprenderse la Ciencia.

Liberad vuestras almas de todas las superestructuras artificiales y alzad en ellas la verdadera Fe.

Como agujas de una catedral espiritual florecerán sobre ellas Ciencia, Sabiduría, Inteligencia y Fortaleza y Humildad y Continencia, porque el verdadero sabio sabe no sólo lo cognoscible humano, sino que sabe la cosa más difícil: dominarse a sí mismo en las pasiones de la carne y hacer de su parte inferior el pedestal para alzar su alma y lanzar el espíritu hacia los Cielos, al encuentro conmigo que vengo y estoy en cada cosa y que deseo ser el verdadero y santo Maestro de mis hermanos».

 

 

 

Maria Valtorta:
Los cuadernos. 1943; 1944; 1945

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