Ciencia según Dios: Hombres y monos

No entienden los sabios ni tampoco los científicos, no entienden los creyentes ni tampoco los ateos.

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(CEV) "Los Quadernos 1943", p. 377

Maria ValtortaMaria Valtorta: "Oigo la noticia que en una caverna han encontrado esqueletos de hombre-mono. Me quedo pensativa y me digo: "¿Cómo pueden afirmar eso? Se habrá tratado de hombres feos. También ahora hay caras y cuerpos simiescos. Puede que los hombres primitivos hayan tenido un esqueleto diferente del nuestro". Me asalta otro pensamiento: "Habrán sido diferentes en la belleza. No puedo pensar que los primeros hombres hayan sido más feos que nosotros, dado que estaban más cerca del ejemplar perfecto que Dios había creado y que, seguramente, además de ser muy fuerte, era bellísimo". Pienso en el modo en que la belleza de la obra creativa más perfecta ha podido envilecerse tanto que les ha permitido a los científicos negar que el hombre ha sido creado por Dios y afirmar que es la evolución del mono.

 

 La Pasión de CristoJesús me habla y dice: "Busca la clave en el capítulo 6° de la Génesis. Léelo». Lo leo. Jesús me pregunta: «¿Entiendes?».

 

Maria ValtortaMaria Valtorta:«No, Señor. Entiendo que los hombres se corrompieron enseguida y nada más. No comprendo qué tiene que ver el capítulo con el hombre-mono».

 

 La Pasión de CristoJesús sonríe y responde: «No eres la única que no entiende. No entienden los sabios ni tampoco los científicos, no entienden los creyentes ni tampoco los ateos. Pon atención.

Y empieza a recitar': "Y habiendo empezado los hombres a multiplicarse en la Tierra y habiendo tenido hijas, los hijos de Dios, o hijos de Set, vieron que las hijas de los hombres (hijas de Caín) eran bellas y tomaron por esposas a las que les gustaron más entre todas...

Ahora bien, después que los hijos de Dios se unieron con las hijas de los hombres y éstas dieron a luz, nacieron esos hombres poderosos, famosos en los siglos". Son los hombres que, por la potencia de su esqueleto, sorprenden a vuestros científicos que, por eso, deducen que en los primeros tiempos el hombre era mucho más alto y fuerte que hoy y, por la estructura del cráneo, deducen que deriva del mono. Son los consabidos errores de los hombres ante los misterios de la creación.

Aún no has entendido. Te explico mejor. Si la desobediencia a la orden de Dios y las consecuencias de la misma habían podido inocular el Mal en los inocentes con todas sus diversas manifestaciones: lujuria, gula, ira, envidia, soberbia y avaricia (y muy pronto dicha inoculación maduró en el fratricidio provocado por soberbia, envidia, ira y avaricia), ¿qué decadencia aún más profunda y qué dominio de Satanás aún más profundo habrá causado este segundo pecado?

Adán y Eva habían faltado a la primera de las órdenes que Dios dio al hombre, una orden comprendida en la otra, la orden de obediencia, que les había dado a los dos: 'Comed de todo, mas no de este árbol"'.

La obediencia es amor. Si hubieran obedecido sin ceder a ninguna de las presiones que el Mal hacía a su espíritu, a su inteligencia, a su corazón, a su carne, habrían amado a Dios "con todo su corazón, con toda su alma, con todas sus fuerzas", como mucho tiempo después el Señor ordenó explícitamente'. No lo hicieron y fueron castigados. Mas no pecaron en la otra derivación del amor: la del propio prójimo.

No maldijeron ni siquiera a Caín; por el contrario, lloraron en la misma medida sobre el muerto en la carne y sobre el muerto en el espíritu, reconociendo que era justo el dolor que Dios había permitido, porque ellos habían creado el Dolor con su pecado y, por lo tanto, debían ser los primeros en experimentarlo en todos sus aspectos. Por eso siguieron siendo hijos de Dios y con ellos lo fueron los descendientes que vinieron después de este dolor.

Caín pecó contra el amor de Dios y contra el amor del prójimo. Quebrantó por completo el amor y Dios le maldijo, pero Caín no se arrepintió. Por eso, tanto él como sus propios hijos fueron hijos sólo del animal llamado hombre. Si el primer pecado de Adán hizo decaer tanto al hombre, ¿cuál habrá sido la decadencia del segundo, al que se unía la maldición de Dios?

¿Cuál habrá sido el acicate del pecado en el corazón del hombre-animal (ya que estaba privado de Dios), y qué potencia habrá alcanzado después que Caín no sólo escuchó el consejo del Maldito, sino que le abrazó considerándole su dilecto dueño y mató por su orden? El descenso de una rama, la rama envenenada por la posesión de Satanás, no se detuvo y presentó mil aspectos. Cuando Satanás se adueña, corrompe todas las ramas.

Cuando Satanás es rey, su súbdito se convierte en un poseído, un endemoniado con todos los desenfrenos de Satanás, un endemoniado que va contra la ley divina y humana, un endemoniado que viola hasta las más elementares e instintivas normas de vida de los hombres dotados de alma y que se embrutece con los pecados más repugnantes del hombre bruto.

Donde no está Dios está Satanás. Donde el hombre ya no tiene un alma viva, está el hombre-bruto. El bruto ama a los brutos. La lujuria carnal, más que carnal porque está aferrada y exasperada por Satanás, genera en él la avidez de todos los connubios.

Lo horrendo y sobrecogedor como una pesadilla le parece bello y cautivante. Lo lícito no le sacia. Es demasiado poco y demasiado honesto. Y, por eso, enloquecido por la lujuria, va en busca de lo ilícito, de lo bestial, de lo que degrada. Los que ya no eran hijos de Dios, porque junto con el padre y como el padre habían huido de Dios para acoger a Satanás, llegaron a lo ilícito, a lo bestial, a lo que degrada. Y por hijos e hijas tuvieron monstruos. Esos monstruos que ahora asombran a vuestros científi­cos y les llevan al error.

Esos monstruos que, por la potencia de las formas, por la belleza salvaje y por el ardor bestial (frutos del connubio entre Caín y los brutos, entre los muy brutos hijos de Caín y las fieras), sedujeron a los hijos de Dios, o sea, a los descendientes de Set a través de Enós, Quenán, Mahalalel, Yéred, Henoc de Yéred - no se confunda con Henoc de Caín' - Matusalén, Lámec y Noé, padre de Sem, Cam y Jafet.

Entonces Dios, para impedir que la rama de los hijos de Dios se corrompiera completamente a causa de la rama de los hijos de los hombres, mandó el diluvio universal a fin de que apagara bajo el peso de las aguas la libido de los hombres y que destruyera los monstruos generados por la libido de los que no tenían a Dios y cuyos apetitos eran insaciables porque ardían en el fuego de Satanás. ¡Y el hombre, el hombre actual, desvaría pensando en los rasgos somáticos y en los ángulos de los pómulos y, como no quiere admitir un Creador, porque es demasiado soberbio para poder reconocer que ha sido hecho, admite, en cambio, su descendencia de los brutos! Así puede decir: "Nosotros, sin ayuda, hemos logrado evolucionarnos de animales a hombres". Por no querer humillarse ante Dios, se degrada, se autodegrada. Y desciende.

¡Oh, sí que desciende! En la época de la primera corrupción, adquirió el aspecto animal. Ahora ' también tiene el pensamiento y el corazón de animal y su alma, debido al connubio cada vez más profundo con el mal, en demasiados hombres ha tomado el rostro de Satanás. Escribe este dictado en el libro.

Como ya te había dicho en el lugar de tu exilio', habría tratado más ampliamente el tema para refutar las teorías culpables de demasiados pseudo-sabios. Mas tendrá que haber un castigo para quienes no quieren sentirme a través de las palabras que escribes bajo dictado mío. Habría revelado grandes misterios para que el hombre supiera, ahora que los tiempos ya están maduros para ello.

Ya no estamos en la época en que se contentan las multitudes con fabulillas. Bajo la metáfora de las antiguas narraciones están las verdades clave de todos los misterios del universo y Yo los habría explicado a través de mi pequeño y paciente Juan, para que el hombre, al saber la verdad, adquiriera fuerzas para remontar el abismo y quedar en el mismo plano que el enemigo en la última lucha, que anticipará el final de un mundo que, a pesar de todas las ayudas de Dios, no quiso convertirse en un pre-paraíso y prefirió transformarse en un pre-infierno.[...]

 

 

 

Maria Valtorta:
Los cuadernos. 1943; 1944; 1945

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